2 de noviembre de 2007

Camino a Hue

A primera hora de la mañana, emprendimos viaje por carretera hacia Hue. No insistiré en el desastroso servicio ofrecido por los guías locales que Politours nos había puesto para este tramo, pero al recordar el viajecito ganas no me faltan. Una semana más, seguimos esperando respuesta a nuestra documentada queja (y van más de dos meses).

Montañas de mármol

Montañas de Mármol
No habíamos recorrido una veintena de kilómetros cuando cinco montañas calizas, como los cinco dedos de una mano, nos hicieron señas para que paráramos. Eran las llamadas montañas de mármol, tradicionalmente relacionadas con los cinco elementos básicos de la filosofía china: Thao Son (tierra), Thuy Son (agua), Hoa Son (fuego), Moc Son (madera) y Kim Son (metal).

Las numerosas cuevas de Thuy Son han sido sede de templos y santuarios desde hace siglos, primero hindúes y más tarde budistas.

Subir hasta la pagoda de Linh Ong no es tarea sencilla, menos en una calurosa mañana como la que nosotras la visitamos, pero merece la pena, especialmente por el curioso paisaje que desde allí se observa, tanto desde los miradores como desde los recodos de los numerosos senderos que surcan la escueta montaña.

Montañas de Mármol

Nadie supo explicarme por qué las llaman de mármol si son calizas ni de dónde sale el mármol que da vida a la industria de la zona: el pueblo está lleno de talleres en los que se tallan esculturas y se componen fuentes que adornan jardines en medio mundo.

Montañas de Mármol

Danang

En la ciudad de Danang, a cuyo aeropuerto habíamos llegado días atrás, hicimos un par de paradas: en el museo y en una de las numerosísimas bodas que ese día se celebraban en la localidad (algo que identificamos por la profusa decoración de los locales que acogían los festejos).

«Danang se convirtió en un importante puerto a finales del siglo XIX, cuando los sedimentos del río Tu Bon cerraron el acceso al mar de la cercana localidad de Hoy An —leo en mi guía de papel—. Los franceses tomaron el control de Danang (que ellos llamaban Tourane) en 1888, arrebatándosela por la fuerza al emperador Gia Long. En su apogeo, durante la primera mitad del siglo XX, era la segunda urbe más cosmopolita de Vietnam, después de Saigón.» Primer lugar donde aterrizaron los marines americanos, en 1965, se convirtió en una importante base de las Fuerzas Aéreas, y se vio sumida en el caos cuando en marzo de 1975 sus ciudadanos trataban de huir del avance de las tropas norvietnamitas.

Hoy, su principal atractivo turístico —alrededores aparte (las montañas de Mármol, la playa de china, la vecina Hoi An, etc.)—, es el Museo Cham. Por su reducido tamaño y la importancia de su patrimonio podría ser una joyita cultural, pero es un despropósito. Si aquellos franceses que lo fundaron en 1915 volvieran hoy por allí seguramente caerían enfermos. Los visitantes, pero también los cuidadores, fuman, se apoyan en las tallas de piedra, rascan en ellas con la uña... ¡insoportable! Se me olvidaba lo que allí se expone son piezas arqueológicas pertenecientes al reino de Champa de los siglos VII, VIII y IX, entre otros.

Museo Champ

Paso de las nubes

Podríamos haberlo evitado, pero ir por el túnel que acorta el camino entre Danang y Lang Co y perdernos las maravillosas vistas que ofrece el puerto de Hai Van, lógicamente no entraba en nuestros planes. La carretera es ciertamente sinuosa pero también tranquila y solitaria. Se circula bien. En la cima, las vendedoras de baratijas hacen imposible el descanso, y la vista es similar a la que puede contemplarse desde cualquier otro punto elevado de la carretera. Dicen que en los días despejados (y con prismáticos, me imagino) pueden divisarse incluso las montañas de mármol, al otro lado de la bahía formada en estas latitudes por el mar del Sur de China.

Paso de las nubes

Lang Co

La pequeña aldea de Lang Co disfruta de una envidiable playa que pocos disfrutan como lugar de reposo y muchos explotan como puerto pesquero. La mejor forma de recorrer la aldea es saltar a la arena y adentrarse en los caminos que de ella parten al cementerio, a la escuela, a la iglesia (católica, por cierto), al hotel... Tranquila, vital, ajena al turismo, Lang Co es parada obligada.

Lang Co

 

 

Pequeña anotación: las casitas de colores que hay en las delanteras de prácticamente todos los hogares son las casas de las almas, las moradas de los antepasados.

Fotos de Eva Orúe y Sara Gutiérrez.





sgutierrez@divertinajes.com
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