26 de octubre de 2007

Hoi An, para nosotr@s Hoian

Hoian
Llegamos a Hoian la noche del mágico día 14 del correspondiente mes lunar, el momento en el que las familias colocan a las puertas de sus hogares los olorosos y humeantes altares de sus antepasados, y en el casco antiguo la iluminación se confía a los farolillos de papel.

Antes de salir a cenar, nos dimos un agradable chapuzón en la piscina del hotel y nos untamos con el repelente de mosquitos como si de crema hidratante se tratara, avisadas por la construcción del hotel: nuestra habitación, de categoría superior a la que habíamos reservado, carecía de ventanas y contaba con un amplio y tupidísimo mosquitero para proteger la cama. Por algo sería.

El centro histórico de Hoi An, fruto de la convivencia más o menos amigable de chinos, japoneses y vietnamitas, es a un tiempo el núcleo comercial de la ciudad, y el polo de atracción turística. Sus calles, perfectamente urbanizadas, están trufadas de casas antiguas, templos, museos, talleres artesanales, cafés, tiendas de antigüedades y restaurantes.

Hoian
A este recinto que en su día comprendía los bien diferenciados barrios chino y japonés debe llegarse con una entrada en la mano, incluso con tres. Me explico. La circulación por sus calles (peatonal o en cyclo-pousse) es libre, pero para acceder a los templos y demás hay que presentar una entrada que no venden en el lugar de interés sino en las taquillas de turismo (situadas al inicio de la calle principal y en pleno cogollo) o, cuenta mi guía, en los hoteles. Bien, pues esa entrada permite el acceso a una casa histórica, un templo, un museo y un espectáculo. Por eso, si se quieren visitar, por ejemplo, las cuatro casas históricas hay que contar con cuatro entradas, aunque se pase de entrar en templos y museos.

Hoian
Nosotras iniciamos el recorrido por el puente japonés (para cuando llegamos a él, ya habíamos hecho un montón de compras, a pesar de la escasa potencia de nuestro impulso consumista, con eso os lo digo todo). Una construcción iniciada en el año del mono y terminada en el del perro (3 años) como recuerdan los cuatros guardianes de piedra que lo custodian. Según cuenta la leyenda, los japoneses construyeron este puente para sujetar a un monstruo cuya cabeza suponían en la India, el cuerpo en Vietnam (concretamente en Hoi An) y la cola, causante con sus movimientos de terremotos, en Japón. Precisamente por miedo a los terremotos (tan frecuentes en Japón como escasos en Vietnam) afianzaron el diminuto puente sobre 12 robustas pilastras; y no contentos con ello, cincuenta años más tarde levantaron sobre él un templo en el que un dios, en señal de fuerza, pisa a una tortuga.

Puente japonés - Hoian

Al lado, la casa Phung-Hung, que da cobijo a una misma familia —ocho son las generaciones que hasta el momento se han criado en ella— desde 1780, abre sus puertas a los curiosos para mostrarnos la ingeniosa trampilla abierta para subir las mercancías cuando se vieron obligados a alzar una segunda planta para protegerse de las inundaciones. En esta construcción de balcón chino, techos japoneses y paredes vietnamitas, altares y figuras de la suerte se mezclan con pipas chinas, mantelerías de seda y recuerdos de todo tipo que intentan vendernos al calor de un té, gentileza de la casa.

Los lugares considerados oficialmente de interés turístico están perfectamente señalizados, pero eso no quiere decir que sean los únicos que merezcan nuestra atención. Adentrarse en los patios y acercarse a las ventanas abiertas depara agradables sorpresas como las que a nosotras nos proporcionaron la fábrica de farolillos, y farolazos, la tienda de ofrendas e incienso y, entre otros, los talleres de bordados de seda y talla de madera a los que asomamos la nariz por azar.

Hoian

Más que los templos y los museos, a los que haré referencia a continuación, a mí me gustaron las casas, y por supuesto el mercado, y por supuestísimo el ambiente de la calle, y de los bares mejor ni hablo... o sí.

Tran Phu - Hoian
En el número 77 de Tran Phu, siete generaciones procedentes de la tierra del sol naciente han mantenido vivas sus tradiciones en un habitáculo «caliente en invierno y frío en verano» preñado de originales tallas de madera y altares. En la cocina, ajena a los flashes de los turistas (que se cuentan por miles en esta ciudad), una joven prepara rosas blancas (pasteles típicos de Hoi An) para la comida.

Tan ky - Hoian
Otra casa interesante es la de Tan Ky. De estilo vietnamita, luce en sus paredes versos chinos grabados en nácar y mira al río por su puerta trasera. En ella conviven tres de las siete generaciones que la han ido manteniendo desde hace algo más de un par de siglos; y, por decirlo todo, a la mayor de la saga no parece hacerle mucha gracia ver su hogar invadido por foráneos.

No voy a aburriros con el detalle de cada uno de los templos y salas de las diferentes asambleas vecinales, mucho menos con el de los forzados museos. Valga a modo de muestra mi recuerdo del templo consagrado a Thien Hau, Diosa del Mar, en la que fuera la sala de asambleas de la Congregación China de Fujian: todo color, humo y olor. De su techo cuelgan rojas espirales cónicas de incienso que pueden durar hasta un año, no pocas exhiben los nombres de turistas tal vez candidatos a volver en las próximas vacaciones y llegar a tiempo para hacer el cambio de ofrenda antes de que se la presente se consuma completamente.  

Imágenes en el templo

La victoria de la carpa en la competición montada por el Rey de Jade para determinar que animales eran dignos de convertirse en dragones.

La Diosa del Mar con dos súper ayudantes: son capaces de percibir a larga distancia (uno ve y otro oye) si alguien está en peligro, en cuyo caso avisan inmediatamente a su señora para que corra en auxilio de quien lo necesita.

La Diosa del Mar con las doce mujeres que enseñan a los recién nacidos los hábitos de la vida (mamar, llorar, reír, etc.).

La Diosa del Mar con los 6 mandarines que abandonaron China tras el derrocamiento de la dinastía Ming.

Templo de la Diosa del Mar

Ya he dicho que hay tiendas por todas partes. Cumplido mi periplo, puedo deciros que lo que no encontréis en Hoian no lo hay en Vietnam. ¿Lo más típico? En todas partes confeccionan ropa a medida y velocidad (la cosen en veinticuatro horas y la llevan al hotel), sacos de seda para dormir, cuadros tanto pintados como bordados en seda, farolillos de papel o seda, cafeteras de aluminio... Pero yo prefiero pasearme por el mercado. Abarrotado de puestos, sobrado de todo tipo de productos, lo que más me llamó la atención, frutas y falsificaciones de todo tipo aparte, fue la zona de los fideos (sobre los mostradores reposan enormes madejas deshechas de fideos de variados colores y grosores) y la del pescado. Los puestos de pescado lindan con el río, donde continuamente están llegando barcos que liquidan su carga a los minoristas en un pis pas desde cubierta. La imagen: la señora sentada en una silla dentro del contenedor de hielo que ella misma va despachando en cubos a l@s pescader@s.

Mercado - Hoian

Con la que estaba cayendo, un bochorno agotador, creo que ésta también puede considerarse la imagen del día:

Hoian
 

Y ya que estamos a la orilla del río, merece la pena sentarse a tomar una cerveza (la local se llama Larue, también hay San Miguel) y contemplar el ir y venir de barcos-bus rebosantes de gentes, bicis y motos; y, por qué no, subirse al atardecer o al amanecer a una pequeña embarcación y pasear por su amplio cauce, sembrado de curiosas artes de pesca.

Hoian

Por la noche, la ribera se mantiene viva con la animación de las terrazas de cafés y restaurantes, los cisnes a pedales de ojos azules fluorescentes y las actuaciones teatrales, además de las tiendas que permanecen abiertas hasta las diez. A cualquier hora del día se pueden degustar maravillas gastronómicas como las crujientes crepes de arroz rellenas de carne y camarones con salsa de cacahuete que, junto a  las rosas blancas, pasan por se las especialidades locales.

Fuimos a la playa, a escasos cinco kilómetros del centro, temprano por la mañana, a eso de la siete, y ya había familias acomodándose a la sombra de los árboles (a las cinco la actividad en la ciudad es casi normal). Hay muchos hoteles en Hoian, pero en poco, seguro, habrá muchos más, en cuanto su enorme playa de arena blanca adquiera el valor turístico que sin duda tiene.

Hoian - Playa

Si me preguntaran qué es Hoian, siendo como soy de un país salvado por el turismo, diría: un perfecto lugar de veraneo.

 

Fotos de Eva Orúe y Sara Gutiérrez.





sgutierrez@divertinajes.com
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