15 de septiembre de 2007

En pos de Deneuve

Pasan los años y siguen haciéndolo volando, sin darme tregua a preparar mis viajes, y no sólo, como debiera. No obstante, trataré de contaros cómo me puse en marcha hacia Vietnam, y cómo podría haberlo hecho, para que no os pase como a mí y organicéis vuestra escapada al país de las leyendas de la manera más provechosa posible.

Itinerario y demás infraestructura local

Guía de Vietnam y Camboya
Cuando me desperté, el precio de los billetes de avión Madrid-Hanoi estaba ya por las nubes, y la presión de las agujas del reloj apenas me permitía concentrarme para diseñar un itinerario honroso y escoger los medios de transporte, interpretación y alojamientos adecuados, así que decidí ponerme en manos de una agencia. Creo que fue un acierto, máxime si tenemos en cuenta que Vietnam es un territorio estrecho y alargado, lo que multiplica las distancias y obliga a hacer muchos desplazamientos internos en avión.

Accedí al viaje organizado, pero individual. Sigo sin quitarme de encima la penosa impresión de pérdida y vacío que me causó el grupo, carente de puntualidad y ansioso de tiendas, con el que recorrí Sri Lanka. Por otra parte, ir con chófer y guía particular permite sacar mucho más partido al recorrido —diseñado para un grupo (no conseguimos que nos hicieran un viaje a medida, como tantos mayoristas anuncian que pueden hacer)—, y sobre el terreno sumamos extensiones adaptadas a nuestros intereses.

En cualquier caso, Vietnam es uno de esos países que se pueden visitar cómodamente por libre. El ambiente ciudadano es amigable y hay agencias de viajes en todas las esquinas de las calles principales de las grandes ciudades dispuestas a facilitar al viajero
Saigón siete de la mañana
cualquier cosa que pueda necesitar (billetes, hoteles, excursiones, guías...). Aunque comunista, Vietnam es un país con libertad de movimiento y perfectamente estructurado; un país en vías de desarrollo, en el que hay absolutamente de todo, y para nosotr@s, todo muy accesible. Sólo hay una cosa que, al parecer, un turista no puede conseguir en Vietnam: un coche de alquiler, y no me extraña. El caos circulatorio alcanza tales dimensiones que las compañías de seguros se niegan a cubrir las aventuras de foráneos al volante.

Papeleos y prevenciones

Para entrar en Vietnam es necesario un visado que se completa en el aeropuerto de entrada al país en unos pocos minutos: basta presentar el pasaporte (con validez mínima de seis meses), rellenar el formulario de rigor, aportar un par de fotos de carné, pagar 25 dólares en efectivo y entregar la carta de invitación (se gestiona en la embajada de Vietnam en el país de origen).

Una vez decidido el destino y las fechas del viajes, busqué el consejo de profesionales en el cento de vacunación internacional de mi comunidad. Por teléfono no informan absolutamente de nada y la cita se retrasaba tanto que, consciente de que para cuando pudieran atenderme ya no me daría tiempo a ponerme las vacunas que pudiera necesitar, me busqué la vida. Aunque no renuncié a visitar el famoso consultorio. Quería saber qué y cómo lo hacen. Aseguran que están desbordados por la demanda, y que por eso las listas de espera son tan largas; sin embargo, el día que fui yo, a mediados de julio, el personal vagaba por los pasillos un tanto ocioso; y la información que recibí fue similar a la que un colega me había dado semanas antes por teléfono desde León.

Vietnam no requiere ninguna vacuna obligatoria pero... nos vacunamos de hepatitis A y B, nos pusimos el recordatorio del tétanos e incluimos en nuestro botiquín Malarone (profilaxis de la malaria, más que nada porque de Vietnam pasaríamos a Camboya, y ahí sí, la OMS recomienda tomar precauciones contra esta enfermedad).

La maleta

En el botiquín, además del Malarone (es carillo pero tiene sus ventajas: se empieza a tomar sólo un día antes de visitar la zona de riesgo y apenas tiene efectos secundarios) incluimos repelente de mosquitos Relec extra fuerte, aspirinas masticables y Gelocatil, Betadine, gasas, tiritas, antihistamínicos, Trombocid, una jeringuilla, antibiótico, suero fisiológico, Fenergan, Synnalar gamma y fotoprotector. Como suele suceder, no utilizamos ni la mitad de las cosas pero algunas se revelaron imprescindibles:

  • el fotoprotector;
  • el Betadine;
  • la aspirina y el Trombocid (para soportar las 12 horas de viaje en avión);
  • el repelente de mosquitos (más para Camboya que para Vietnam);
  • el Fenergan (siempre hay algún mosquito que encuentra el milímetro de piel que quedó sin repelente).

    Para la adaptación al cambio de husos horarios (5 horas separan Vietnam de la España peninsular) nos vino estupendamente la sala de descanso (decenas de cómodos sofás) del aeropuerto de Bangkok donde hicimos una escala de 11 horas.

    No voy a contaros la ropa que llevaba en la maleta porque ni las botas de monte, ni los jerseys, ni tantas otras cosas deberían haberse colado en ella. Puedo deciros que, al menos en julio-agosto, basta con:

  • chanclas (calzado nacional) o sandalias cómodas;
  • camisas frescas-fresquísimas de manga larga (para protegerse del sol abrasador y los mosquitos que apenas vi);
  • pantalones desmontables;
  • traje de baño (por las piscinas de los hoteles, las playas y la Bahía de Halong);
  • visera (ir con la cabeza descubierta es un suicidio);
  • gafas de sol;
  • chubasquero (cuando llueve lo hace a cántaros).

    Bahía de Halong

    En cuanto al dinero, las tarjetas siempre pueden sacar de un apuro y son útiles para hoteles y restaurantes, pero es fundamental llevar dinero en efectivo, especialmente dólares en billetes pequeños. El precio de miles de cosas y servicios es un dólar. No es buen negocio llevar euros ni cambiar a la moneda local. Tampoco lo es llevar el teléfono móvil, sobran cibercafés desde los que pueden enviarse correos electrónicos e incluso llamar a teléfonos fijos por poco dinero.

    Deneuve en el cartel de Indochina
    Además de la inevitable guía, siempre utilísima aunque la mía estuviera un poco obsoleta (era del 2004 y en esta zona del mundo las cosas cambian de un día para otro) y contaramos con expertos guías locales, quise llevarme alguna obra vietnamita para leerla durante mi estancia allí, pero lo más próximo que encontré (y no resultó fácil) fue Despachos de guerra de Michael Herr un libro prieto de faltas de concordancia y repeticiones que supongo pecados de la traducción.

    Una película para ver antes y después de ir a Vietnam: Indochina.

    Es de esperar que si algo sucede que obligue a cambiar la preparación (documentación, vacunaciones, itinerarios, etc.) del viaje, ese algo será recogido por el Ministerio de Asuntos Exteriores en la web creada para tal fin. Por eso, nunca sobra echarle un vistazo:

  • Para Vietnam
  • Para Camboya

    Fotos de Eva Orúe y Sara Gutiérrez.





    sgutierrez@divertinajes.com
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