27 de abril de 2007

Oro rojo

Hoy, por fin, saldremos de San Francisco. Y lo haremos atravesando uno de los puentes más atractivos y famosos del mundo, el Golden Gate. Eso sí, antes remolonearemos por un par de escenarios más. ¡Dejamos tanto terreno sin explorar! Y en cuanto al colorado puente de oro, sabemos que cruzarlo no será suficiente, lo contemplaremos, lo fotografiaremos, lo tocaremos, lo pisaremos... Y no somos las únicas, ni muchísimo menos.

Golden Gate Park

Inmenso. Menos mal que nuestra anfitriona estrenaba coche y decidió bautizarlo con nosotras a bordo. Aún así, poco vimos del sinfín de senderos, instalaciones deportivas (golf, tiro con arco, tenis, fútbol, etc.), jardines (Shakespeare Garden —donde se cultivan todas las plantas citadas por el británico en sus obras—, Tulip Garden —donde crecen cada año los bulbos regalados por la Asociación Holandesa
Jardín japonés
de Cultivos de Bulbos—, Japanese Tea Garden —donde pasear y tomar el té en un remanso de paz—, Strybing Arboretum —donde más de 7.500 especies conforman un jardín botánico en toda regla—, etc.), museos (de arte americano, africano y de Oceanía de todos los tiempos, el de Young; con arte europeo de los últimos ocho siglos, Legion de Honor; dedicado a la antropología y la historia natural, la California Academy of Sciences reabrirá de nuevo sus puertas en este parque en 2008) y un larguísimo etcétera de propuestas y ocurrencias.

Cliff House
Dejamos a un lado la playa apta para poco más que pasear y surfear, y entramos en Cliff House. De las instalaciones de la enorme piscina que fueron los baños Sutro a finales del XIX, sólo quedan imágenes reales e imaginarias que decoran el moderno complejo hostelero levantado hace ya casi un siglo sobre sus ruinas. En un puzle de grandes espacios, articulado por escaleras y transparentes ventanales, se alojan una tienda de recuerdos, un café, un bistro, un restaurante, un bar de copas... Los baños (servicios, retretes, excusados, WC, como se les quiera llamar) son de visita obligada.    

Antes de salir del parque, quiero aclarar el significado de una expresión que reza a cada paso sobre el asfalto: «PED XING». No tiene nada que ver con la influencia china, es una gracieta norteamericana más, uno de esos jeroglíficos del lenguaje que tanto disfrutan. Significa «cruce de peatones» y viene de mezclar la expresión «pedestrian crossing» con la imagen del cruce «x».

Golden Gate

Golden Gate
Enganchado a San Francisco en otro gran parque, Presidio, un reciclado recinto militar que alberga no pocos vestigios de su reciente historia y un divertidísimo museo de ciencias, Exploratorium, sito en el único recuerdo en pie de la Exposición Panamá-Pacífico, Palace of Fine Arts.

Golden Gate-niebla
Al principio de la mañana, el puente, como tantísimas veces, nos dicen, estaba oculto por la niebla; cuando lo visitamos de nuevo, rozando el mediodía, luce en todo su esplendor. Nos acercamos a pie a su inicio y vemos que hay un gran tumulto de gente que no avanza. Nos abrimos hueco y comprobamos que la policía está impidiendo el paso a un pequeño grupo de mujeres que pretende atravesarlo a pie (hay una acera perfectamente separada de la calzada) en protesta por la Guerra de Irak.
Golden Gate - Code Pink
Nos acercamos a solidarizarnos y, casualidad de las casualidades, conocemos a algunas de ellas. Pertenecen a Pink Code, y habíamos coincidido en Irak, tratando de abortar la invasión norteamericana. Cuando su líder, Medea Benjamin, explicó a las demás de qué nos conocía y, sobre todo, de dónde éramos, la gente rompió a aplaudir y a corear ¡Gracias, España, gracias! Por la retirada de las tropas, claro.
Golden Gate

Pelín emocionadillas, volvimos al coche, y cruzamos el puente, como tantos otros, despacio y haciendo sonar el claxon en señal de apoyo. Al otro lado de la bahía, abandonamos la autovía para pasar hacia la izquierda y contemplar el puente con San Francisco de fondo.

Aquello parecía una romería. Por la sonrisa, rasgos y vestimenta de muchos de los allí congregados, dedujimos que nos encontrábamos en el santuario fotográfico de los sufridos recién llegados, de los ya instalados.

Golden Gate

Sausalito

Sausalito - hamburgueseria
Nos lo habían prometido, y no fue en vano. Las hamburguesas del 737 de Bridge Way en Sausalito son sensacionales. Doy fe. Yo y las decenas de personas (de toda condición y edad) que alimentan la cola de espera de un local de merecida fama y espacio mínimo. Si vendieran por una ventana a la calle sería casi lo mismo. Menos mal que al dueño del pub colindante (oscuro, de madera, con chimenea y cerveza de barril) no le importa que entren los clientes hamburguesa y patatas en mano.

Sausalito, un pequeño pueblo costero de casas victorianas colgadas en laderas imposibles y comercio desproporcionado para el lugar, es, con San Francisco frente por frente, el paseo propicio para las tardes de domingo o el último respiro a la vuelta de la playa antes de entrar en la ciudad. Por ejemplo.

Sausalito

Curiosidad morbosa: a las afueras de Sausalito, camino de San Rafael, un caótico grupo de barcos anclados en secano forman una peculiar y aparentemente poco salubre urbanización que se puede mirar pero no tocar.  

Sausalito

Volvemos a San Francisco, para irnos al amanecer.

San Francisco - Amanecer

Y algún día, tal vez, regresar. Ojalá.

Restaurante japones - fin de año
Fotos de Eva Orúe y Sara Gutiérrez.





sgutierrez@divertinajes.com
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