23 de febrero de 2007

Volando

Guía San Francisco
Este viaje, como tantos, comenzó un mes antes del embarque. Cuando ya no quedaban billetes para volar a San José de Costa Rica que se ajustaran a nuestros días libres, ni a nuestro presupuesto. San Francisco llevaba años en la reserva. Una tarifa aérea apropiada y una amiga con las puertas de su casa abiertas convirtieron a Frisco en destino titular.

No pude comprar los billetes por internet porque no disponía del número de mi nuevo pasaporte ni conocía la dirección exacta de nuestra anfitriona, datos ambos imprescindibles para entrar en EEUU. Así que volvimos a los orígenes, a la agencia de viajes.

Con todo preparado (billetes Madrid-Chicago-San Francisco confirmados, seguro médico, alquiler de coche, candados especiales obligatorios para mover el equipaje por el interior de EEUU y sacarlo de allí —la policía puede abrirlos y cerrarlos sin necesidad de forzarlos—...) sólo nos quedaba adaptarnos al cambio horario (al clima no hacía falta, me habían dicho que se parece al de Asturias) y a las casi trece horas de avión que teníamos por delante.

Algunos consejos para adaptarse al cambio horario

  • Adoptar progresivamente los horarios que nos esperan en destino.
  • Poner el reloj en la hora de destino nada más subirse al avión e intentar hacer el horario de comidas y sueño-vigilia que nos espera.
  • Ingerir alimentos ligeros y abundantes líquidos. Evitar el alcohol, la cafeína y la teína.
  • Forzar el sueño en el momento adecuado, para lo cual pueden resultar útiles los antifaces, los tapones, las almohadillas, etc.
  • Acatar cuanto antes los nuevos horarios vigilia-sueño.

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  • Mucho aeropuerto (me refiero a la T4 de Barajas), gran seguridad (pasamos hasta cuatro controles de pasaportes, cosa que no ocurrió al salir de EEUU donde no nos recogieron ni el cupón de inmigración), pero una vez pasado el control ni una sola farmacia, ni un expendedor de aspirinas que te ayuden a prevenir el síndrome de la clase turista) si, como fue nuestro caso, te olvidas el blister correspondiente en casa. ¡Qué cabezas!

    Algunos consejos para prevenir el síndrome de la clase turista

  • Vestirse con prendas confortables y holgadas, preferentemente de tejidos naturales. Las personas con alto riesgo de trombosis deben utilizar medias o calcetines de compresión durante el viaje.
  • Evitar el consumo de alcohol, té y café.
  • Beber bastante agua.
  • Tomar un comprimido de aspirina antes del vuelo, siempre que no existan contraindicaciones.
  • Pedir asiento de pasillo.
  • Sentarse con las piernas estiradas, relajadas, nunca cruzadas.
  • Soltar los cordones del calzado o incluso descalzarse.
  • Abrocharse el cinturón pero sin ahogarse.
  • No tomar fármacos hipnóticos ni pastillas para dormir, nos impedirían movernos con la regularidad necesaria.
  • Beberr mucha agua.
  • Levantarse regularmente, cada hora, estirarse y caminar
  • Al llegar al aeropuerto de destino, caminar y, si no hay contraindicaciones, tomar una aspirina.

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  • Entre comidas (ligeras, está bien), películas (ligeras, no está mal), paseos (cortos, suficiente), un novela (La historia del amor, de Nicole Krauss) y mi preciada guía (motivo de estudio) el vuelo Madrid-Chicago, de algo de más de nueve horas, pasó volando (nunca mejor dicho).

    Pero la llegada resultó ser un caos. En Madrid nos dijeron que el equipaje quedaba facturado hasta San Francisco. En el avión, que en Chicago (escala obligada en nuestra ruta) debíamos recogerlo, que de ninguna de las maneras alcanzaríamos a coger la conexión. Y así fue. Quiero creer que en Iberia saben perfectamente cómo funcionan los aeropuertos en los que sus pasajeros han de hacer las conexiones que ellos proponen. Puede parecer absurdo y misterioso que establezcan rutas imposibles, una de esas incógnitas que los humanos de a pie aceptamos sin más por considerarlas irresolubles. Bueno, pues creo que de ésta yo tengo una pista. Si hubiera sabido que volar con Iberia me iba a obligar a hacer dos escalas y un par de horas de vuelo más que lo que me ofrecían otras compañías no habría comprado sus billetes, habría volado con Lufthansa, por ejemplo, que además salía más barato.

    Algunos itinerarios posibles

    Madrid – París – San Francisco con Air France
    Madrid – Frankfurt – San Francisco con Lufthansa
    Madrid – Londres – San Francisco con British Airways

    Una recomendación: no importa cuántas ni dónde se hagan las escalas, el caso es volar directamente al destino estadounidense, las escalas interiores son realmente tediosas.

    Os cuento la nuestra. Hicimos una cola interminable con nuestros compañeros de vuelo atacados porque todos veíamos que las agujas del reloj corrían y que a ese ritmo era imposible que llegáramos a nuestras conexiones. La lentitud tiene explicación: nos escanean las yemas de los dedos, nos preguntan que a qué nos dedicamos en Madrid y nos inmortalizan con su webcam, mientras analizan el pasaporte. El equipaje salió rápido, es cierto, pero de nada valía correr: las conexiones, la nuestra y la de la mayoría de los pasajeros, estaban ya perdidas. Sin explicaciones de ningún tipo nos asignaron un itinerario en otra compañía aérea: Chicago-Cincinnati-San Francisco con Delta. Y maletas en mano tuvimos que ir a otra terminal, facturar de nuevo, coger nuestras tarjetas de embarque y pasar el control de seguridad. ¡Como si no acabáramos de pasarlo! Nos descalzaron, nos cachearon, hicieron pruebas de detección de sustancias explosivas a nuestros zapatos y abrigos, y nos dejaron pasar. Estábamos limpias. Esa fue su expresión. En vista de que la cosa iba para largo, llenamos los estómagos con un par de hot dogs, uno estilo Chicago y otro con chili, al estilo de los camareros, todos mejicanos y un par de yogures (con mermelada y cereales, muy americanos). No éramos las únicas que forrábamos, allí todo el mundo (o una enorme parte de él) se pasa el día moviendo la mandíbula y con una mano ocupada en sujetar comida o bebida, a cual menos saludable.

    Hot dog estilo Chicago: grande, a la plancha, con cebolla, mostaza, pepino, tomate y pimiento.
    Hot dog con chili: hervido, con chili, cebolla y queso cheddar.

    Por supuesto, antes que nada (después del cacheo y de conseguir monedas), avisamos a nuestra anfitriona de que podía ahorrase el viajecito al aeropuerto. Nos recomendó olvidarnos de los taxis y coger un shuttle. ¡Si le hubiéramos consultado sobre el itinerario aéreo!

    El consejo está claro: no se pueden comprar billetes con escala interna en EEUU que no den un margen mínimo de tres horas entre avión y avión. Y nos estamos olvidando de los retrasos, porque la verdad no los sufrimos.





    sgutierrez@divertinajes.com
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