2 de febrero de 2007

De compras por Moscú

Lo prometido es deuda. Y la mía no será una de esas que se perpetúan en el libro de los impagos. Dije que os llevaría de tiendas por Moscú, y os llevo. Qué lejos quedan aquellos tiempos en los que pararse ante una tienda a charlar con amigos suponía acabar en la cabecera de una larga cola de gentes que preguntaban “¿qué venden?”, “¿por qué no avanza?”, “¿ya no queda mercancía?”... Ahora, en Moscú ya no hay colas, se vende de todo, y lo que sobra es mercancía. Otra cosa es el poder adquisitivo de los ciudadanos... Algunos de mis colegas, médicos en ejercicio en la sanidad pública, aseguran que el sueldo no les da ni para un café.

Las grandes superficies

Su proliferación es obvia en cuanto sales del aeropuerto (lo único que se mantiene casi inmutable), pero no podía imaginar que las grandes superficies atraerían a tantísima gente. El día de nuestro regreso, un domingo por la tarde, por culpa del atasco formado por quienes entraban y salían de unos y otros centros comerciales, tardamos casi tres veces más de lo habitual en cubrir el recorrido que separa el centro de la capital de su aeropuerto internacional Sheremetevo II

En las afueras de Moscú hay miles de metros cuadrados de superficie comercial repletos de ofertas y demandas. Es realmente abrumador. Están Alcampo e IKEA, pero también colosales mueblerías  autóctonas, descomunales concentraciones de concesionarios de automóviles e inmensos almacenes de ropa, por ejemplo.

Pequeño detalle: muchísimos comercios, grandes y pequeños, están abiertos 24 horas los 7 días de la semana.

Las tiendas de siempre

Una es, al fin y al cabo, turista, o al menos eso pretendía ser esta vez. Así que lo de ir de tiendas me parece bien pero para comprar esas cosillas que sólo tienen allí, o que sale mejor traerse de allá. Por eso confieso que no pisé una gran superficie pero sí me pasé media tarde en Yeliseyevsky. Este antiguo comercio de ultramarinos de la Tverskaya sigue siendo espectacular. Antes lo era por la forma, ahora lo es también por el contenido. ¡Hay absolutamente de todo y todo excelentemente presentado! Inevitablemente, preguntamos por dos clásicos: el caviar y el vodka. No hay prisa, también está abierto 24 horas, 7 días a la semana.

caviar
Empecemos por el caviar. Ya no es tirado de precio, pero tampoco hay trampa ni cartón (me han contado de alguien que, tiempo ha, se llevó a casa latas de arena creyendo que había comprado caviar). Una lata azul, la de color más preciado, la que conserva las huevas de beluga, cuesta unos 200 euros, y contiene 113 gramos; una lata amarilla, con la misma cantidad pero de osetra, pasa de los 150 euros; y la roja, la de sevruga, algo más de 130. El caviar rojo, el que no procede de la familia de los esturiones sino de los salmones, es más barato y, para muchos, igual o más sabroso. Es otra cosa.

vodka
Sigamos por el vodka. Ya no hay que estar pendiente de cuándo llega el camión para acercarse a la puerta trasera del almacén, ni tampoco hay por qué jugar a la ruleta de la intoxicación bebiendo vodka de origen impreciso. La oferta de Yeliseyevsky supera todas las espectativas, y a la gran variedad de marcas y especialidades de sus estanterías suma llamativas piezas de vitrina. Recipientes del mejor vodka de la otrora todopoderosa fábrica Kristall toman forma de kalashnikov o shapka real (no por auténtica, sino por pretender cubrir la cabeza de un zar) o se esconden en originales huevos Fabergé.

No ha pasado desapercibida a los responsables de Yeliseyevsky la continua afluencia de turistas que, tras contemplar aparadores y estucados, techo y paredes, cenefas y cariátides, se iban de manos vacías. Por eso, han abierto un espacio para vender objetos de recuerdo. Ofrecen una variada muestra de la artesanía local (matriushkas, fuentes, vajillas de jajlomá, mantelerías de hilo, etc.) e insisten en que compran directamente a los talleres, lo que les permite asegurar que todas las piezas son auténticas (la picaresca no es patrimonio exclusivamente español).
 
Fui de los que se van sin gastar un duro. Lo reconozco. El caviar... tendré que hacer memoria y revivir el recuerdo de los años de escasez, cuando lo comíamos a cucharadas, y circulaba en tarros de cristal de medio litro (¿va a ser verdad que cualquier tiempo pasado fue mejor?). El vodka... ¡los años no pasan en balde! Eso es cierto. Y en cuanto a los souvenirs... tengo mi casa y la de todos mis allegados a rebosar de cosas rusas. Conseguidas un poco a cuentagotas, un capricho en un lugar, otro en otro, pero conseguidas. Ahora están apiladas por doquier a disposición de los clientes, es la única diferencia.

Puestos en Stari Arbat
De todas formas, no quiero quedarme con la duda de si los souvenirs de hoy difieren o no de los de antaño. Me voy a Stari Arbat, la coqueta calle peatonal en la que, cuando no había nada, ya había casi de todo. Especialmente recuerdos, de calidad dudosa, eso sí. Y parece que en eso sigue igual. Ahora, los puestos de la calle ya no son fruto del arrojo individual, están situados bajo marquesinas municipales y los vendedores portan chalecos que les dotan de oficialidad. Uno tras otro, apenas se diferencian entre sí. En sus repisas plegables lo de siempre: matriushkas que pretenden ser originales sustituyendo a las típicas féminas por futbolistas, políticos o superhéroes; shapkas; pines y medallas militares; relojes de bolsillo; cajas lacadas; toquillas...

Tampoco las tiendas ofrecen nada nuevo, aunque, cierto es, tienen mucho de todo: samovares, vajillas, mantelerías... Y el ejemplo más claro de la nueva opulencia es Arbatskaya labitsa, en el número 27, la tienda de souvenirs por excelencia. Al menos para mí. Mis mejores piezas de madera, en su día, las conseguí allí. No son muy amables, pero tienen todo lo que tienen los demás, y más. Sobre todo para la casa y los niños. 

¡Niños! ¡Juguetes! ¿Dónde mejor que en el Dietsky Mir (El mundo de los niños)? Antes, en ninguna parte, ahora... ¡tampoco! La oferta de este viejo gran almacén de cuatro plantas próximo a las antiguas oficinas centrales del KGB, en pleno centro de la capital, es impresionante. Eso sí, apenas queda rastro de aquellas máquinas de hojalata que hacían las delicias de grandes y pequeños. Sobre todo extranjeros. Ahora los extranjeros son los juguetes, como en cualquier otro país occidental. Una curiosidad que seguramente dice algo: la sección más amplia de esta tienda, con mucho, es la de modelismo. Y sí hay juegos Made in Rusia, pero modernos.

Dietsky Mir

TsUM
Hablando de adaptación a los nuevos tiempos, la revelación es el TsUM: antes conocido por todos como Tsentralny Universalny Magazine, ahora llamado por los más avispados Tsentralny Universalny Modny. Y es que pasó de ser una tienda de esas en las que había de todo (de todo lo que había), baratillo, a ser una concentración de módulos comerciales de ropa y complementos de marca (modelo Corte Inglés) con apuestos dependientes que enseguida se percatan de que no vale la pena que te pruebes nada porque no podrás pagarlo. No les debe ir mal porque están ampliando el edificio y ahí donde están, al lado del teatro Bolshoi, el terreno no debe ser precisamente barato.

GUM
Más señorial era y más popular sigue siendo el GUM, al que yo tenía por Gosudarstvennoy (Del gobierno) y es Glavny (Principal), no sé si de siempre o fruto del cambio reciente. La presencia de marcas tampoco es moco de pavo, pero se alternan con tiendas asequibles y espacios comunes con cafeterías y pseudoterrazas en las que además de tomar un piscolabis se puede disfrutar, a media tarde, de música en directo. Las tres galerías de las que se compone el edificio sin duda ayudan a crear ambiente de calle peatonal cubierta, y por tanto de paseo y distracción. GUM ha conservado con orgullo su nombre y lo comparte incluso con la flota de taxis (rara avis en Moscú) que gestiona. Su proximidad a la Plaza Roja, de la que forma parte delimitándola por un lateral, ayuda a conservar su empaque.

De otros centros comerciales sólo me quedo con que existen. Punto. Tenía muchas ganas de ver el construido a los pies del Museo Histórico, de la Plaza Roja, del Kremlin, en Manezhnaya Ploshad... No aporta nada. Más tiendas, más comercio. Nada más.

El lujo... la semana que viene.





sgutierrez@divertinajes.com
Otros destinos
Volver
Imprimir