19 de enero de 2007

Moscú tropical

Lo del calentamiento global no es ninguna tontería. Ya, ya sé que semejante desgracia es de todos conocida, pero insisto porque todavía no hace mucho oí a una eminencia dudar. Tal vez le interese conocer el indiscutible dato de confirmación del que dispongo: acabo de estar en Moscú, en pleno diciembre, y no hice más que sudar. Fui para cuatro días y me llevé mi vieja (soviética) indumentaria invernal para los muchos grados bajo cero que debían estar esperándome (en fechas semejantes llegué a ver el mercurio marcando –27 ºC), y me encontré con siete sobre cero (ni que fuera Asturias, paraíso natural).

Antes del viaje

  • Hay que pasar por el consulado para sacar el visado.
  • Desde Madrid, el vuelo de Aeroflot tiene un horario apropiado para quienes deseen aprovechar el día en España antes de volar a Moscú y ahorrarse una noche de hotel, nada más.
  • San Basilio
    Tras diez años sin pisar territorio ruso, me llevaron a Moscú, entre otras cosas, la curiosidad obligada de comprobar el cambio y, sobre todo, el deseo de volver a contemplar los vivos colores de San Basilio y el Kremlin triunfando sobre la blanca nieve bajo un límpido cielo azul. Del cambio ya hablaremos, de la nieve ya callamos, del cielo azul... Pero, no importa: en las mejores y las peores las condiciones, pocos lugares resultan tan espectaculares como la Plaza Roja y aledaños. Así que encantada de volver a estar allí.

    Quienes viajen mucho, seguro que ya han visitado o planean visitar Moscú; quienes viajen poco, no pueden perderse este destino; quienes no viajen nada, agradeceran haber salido de casa cuando pisen el centro monumental de Moscú.

    Almacenes GUM
    Ya no hacen guardia los soldados ante el Mausoleo de Lenin. El otrora vacío GUM se ha convertido en un cosmopolita centro comercial que durante el día atrae al público con las más variadas y exclusivas mercancías, y durante la noche ilumina la plaza con su perfilado de bombillas blancas. El Museo Histórico ha sido integrado en una especie de muro-capilla-pasadizo con dos arcos de paso que cierra un acceso a la Plaza, dejando claro que los grandes desfiles militares se han acabado para ella. San Basilio sigue como siempre: generando turbulencias en quienes se dejan atrapar por su cúpulas.

    Sólo por pasear la Plaza Roja, especialmente al abrigo de la noche, merece la pena acercarse a Moscú. ¿Ya lo había dicho? Mil perdones. Pero cuidado, porque hay costumbres arraigadas poco comprensibles para los turistas: las autoridades tienen cierta tendencia a, sin aviso ni razón aparente, poner vallas grises en sus accesos y cerrar el paso a quienes a ella se acercan.

    Museo Histórico. Conserva miles de objetos y documentos relacionados con la historia de Moscú en concreto y de Rusia en general. Según nos contó su subdirector, Vadim Egorov, es más que probable que, en breve, una exposición recuerde uno de los vínculos más estrechos entre España y Rusia: los niños de la guerra.
    Catedral de San Basilio. Dice la leyenda que cuando Iván el  Terrible contempló la belleza de la construcción que había encargado, ordenó arrancarle los ojos al arquitecto artífice de semejante maravilla, para asegurarse de que nunca cumpliría otro encargo.

    Hoy vamos a ir sólo de monumentos, que de tiendas ya iremos (ahora hay muchas, muchísimas, y con horarios tan amplios que se puede comprar cualquier cosa a cualquier hora), por eso me olvido del GUM y os llevo al Kremlin.

    Plaza de las Catedrales

    Entrar requiere su tiempo: después de la cola para sacar la entrada y el paseíllo a la consigna para dejar la mochila, hay que pasar un tedioso control de seguridad... ¡No importa! Más allá de esos muros están los amarillos edificios del Presidente y el —en su día moderno— Palacio de Congresos (preciado escenario de bailarines y cantantes), los batallones de cadetes, la campana, el cañón y otra plaza, ¡la de las catedrales! Tres catedrales, tres, conviven con iglesias, torres y palacios en esta pequeña plaza del poderoso fuerte moscovita. Y cada edificio es un tesoro.

    Lo que ofrece la visita al Kremlin:

  • Catedral de la Asunción (1474-79). Escenario de coronación para zares y emperadores. Los frescos de la portada son un pequeño anuncio de lo que espera en el interior.
  • Catedral de la Anunciación (1484-89).
  • Catedral de San Miguel Arcángel (1505-08). Panteón de los Príncipes de Moscú y Zares de Rusia, las tumbas elevadas en el centro de la sala apenas dejan lugar para los visitantes que admiran los frescos que cubren sus muros. Puede ocurrir, ocurrió cuando yo la visité esta última vez, que un grupo de música coral esté allí vendiendo sus discos y cante de manera periódica algunas de sus canciones.
  • La Armería (1844-51). Un museo en toda regla.
  • El Palacio del Patriarca y la Iglesia de los Doce Apóstoles.
  • La Iglesia del Manto de la Virgen (1484-85).
  • Cañón del Zar
    El campanario de Iván El Terrible. Alberga una sala de exposiciones.
  • El cañón del Zar (1586). De 5,34 metros de largo y 40 toneladas de peso, cuentan que nunca fue disparado.
  • La campana del Zar (1733-35). De 6,14 metros de alta, 6,6 metros de diámetro y 200 toneladas de peso, nunca fue colgada de ningún sitio, ni sonó.
  • Los que deseen enterarse absolutamente de todo, deben saber que al lado de las taquillas siempre hay experimentados guías esperando clientela.

    Visita virtual.

    Catedral del Salvador
    A poco más de 20 minutos andando se levanta la Catedral del Salvador. Nadie diría que hace apenas 14 años lo que atraía de ese solar era una enorme piscina climatizada. Visitar la Catedral, cuyo armazón apenas empezaba a ser recubierto cuando hace 10 años me fui de la ciudad, me produce una sensación especial: yo nadé ahí. Llegar abrigada hasta las cejas, bucear desde el vestuario hasta la piscina, tomar aire entre el vapor, nadar bajo el cielo azul sintiendo en los brazos el contraste del frío al salir del agua y calor al entrar... Yo prefería la piscina, ellos dicen que necesitan más la Catedral. Es demasiado igual a las antiguas para ser tan nueva. Es grandiosa, es monumental. Es distante. Pero no está vacía, y quizá sean más los fieles que los turistas, los unos buscan refugio en las capillas de la planta sótano, los otros tal vez lo encuentren en el museo, también en el subterráneo.

    El señor Tretiakov, ante la galería que lleva su nombre

    Es un buen momento para acudir a otro museo: la Galería Tretiakov. El entorno, el edificio, la colección... todo merece el paseo. No hay que dejarse intimidar por las esculturas que adornan la calle de entrada, ajenas a esta institución, en las salas nos esperan Rublev, Repin, Serov, Guerasimov, Kuntsov, Romadin, Malevich, Kandinsky, Goncharova y un enorme etcétera de posibilidades de acercamiento al excelente arte ruso de todos los tiempos.

    La mejor vista de la Plaza Roja, San Basilio, el Kremlin y hasta la Catedral del Salvador la ofrece un puente: el Bolshoy Moskovoretsky Most, y está en el camino entre la Tretiakov y la Plaza. Si el recorrido se hace a la inversa, éste es el puente que arranca detrás de San Basilio y cruza el río Moskvá. El mismo punto desde el que parte una pequeña e intensa calle que os recomiendo pasear como colofón de estas idas y venidas monumentales (por lo que permite contemplar, no por las distancias): la Ulitsa Varvarka. En ella, una al lado de otra, sobreviven cinco pequeñas y antiguas iglesias dignas de medalla.

    Cúpulas en el Kremlin





    sgutierrez@divertinajes.com
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