30 de junio de 2006

En el Paraíso (2)

Hace ya más de un mes, os contaba las peripecias del primer día de marcha, La Franca-Llanes, camino de Ribadesella. Cuál sería el cansancio, para precisar tal descanso. En fin, a lo que vamos, que es a desayunar.

Segundo día: Llanes—Garaña

Nos levantamos lo suficientemente tarde como para cruzarnos con los últimos noctámbulos, ya de retirada, y lo suficientemente temprano como para conformarnos con el primer bar abierto. Una suerte que convertimos en acierto. Los más avispados se armaron de tenedor y cuchillo, los menos trallados se lanzaron sobre la bollería industrial. Si váis a caminar, como nosotros lo hicimos, meteros un buen bocata entre pecho y espalda, y no os privéis de terminar con dulce. Toda energía es poca.

Los otros, los que venían de domingo, llamaron (vicio de móviles) para decir que se retrasaban. Ellos, que venían en coche del cómodo colchón, llegaban tarde. No los esperamos. Y, a pie, cómo sino, salimos a su encuentro. No fue para tanto.

Cuando llegamos a Po, a apenas 3 kilómetros de Llanes, una madre reciente, una pareja en capilla y una incauta ayunadora completaron nuestra serpiente, más bien cola de lagartija (por lo que se rompía y la rapidez con que de nuevo crecía).

Buscamos de nuevo la senda más próxima al mar, para seguirla, y entre verdes y azules alcanzamos uno de los caprichos de los surfistas: la playa de San Martín. Pregunta: ¿qué tipo de gente hay que ser para abandonar a su suerte latas y botellas en plena naturaleza? Yo vi unas cuantas, y hasta allí no llegaron solas, ni se cayeron de ningún vehículo en marcha... Por favor, usen las papeleras y los cbos de basura que para eso están, para que los objetos fuera de lugar tengan el suyo propio.

En cuatro pasos, y alguno más, llegamos a Celorio. Al Celorio fantasmal de las segundas residencias, del silencio, del vacío. Al Celorio hermoso de la playa, el mirador, los acantilados. Con arena en las suelas y salitre en los pulmones, avanzamos convencidos –al menos yo- de tener por delante un día único.

Embrujados por la magia del camino, que sin hacerse notar nos acerca al mar, nos enfrenta a la motaña, nos introduce en las aldeas, alcanzamos uno de los pueblos más enigmáticos de la zona: Niembro. Ese en el que la Iglesia impone su presencia al mar, ajena al hacer de las mareas, como si fuera la avanzadilla de recepción de algo o alguién que el resto espera agazapado entre los árboles.

Seguimos, que la travesía es larga, y canto queremos decirle adiós a Niembro ya estamos en un alto. Las playas de Toranda y Torimbia son una tentación, pero pasamos de largo. Aún debemos subir más. Nos cruzamos con cuerpos ya morenos y apenas cubiertos que vienen de solejarse en la nudista Torimbia. Hacemos un alto para reponer fuerzas con plátanos, galletas y frutos secos, mientras tratamos de identificar los picos que, alguno aún nevado, nos vigilan cada vez más de cerca (Víctor y Juan conocen a cada uno por su nombre, asombroso).

Avistamos San ntolín para tomar conciencia del desnivel que nos separa. Poco sabíamos algun@s que estábamos a punto de poner el pie en el tramo más difícil y doloroso.

La bajada en picado por semejante camino de grava se cobró la primera baja y nos destrozó las rodillas, al menos a un par que a mi me duelan. Era dolor de llorar. Era dolor de no saber.

A media bajada, un alto para disfrutar del horizonte y establecer estrategias de abordaje. Hay que bajar corriendo, decía Bea, experta en estas lides. Hay que llamar a la hermana de M. José para que venga a recogerla. Bajando de espaldas duele menos, constataba yo...

Abajo, no había más remedio que llegar. El viejo Monasterio abandonado invadió nuestras conversaciones y con ellas asomó la política y el buen y mal hacer de quienes creen que todo lo saben y todo lo pueden, como si de un fantasma se tratara nos deshicimos de él inmediatamente, y nos centramos en la despedida de la primera lesionada. Much@s nos habríamos quedado allí pero la ambición de seguir llenándonos de belleza sirvió de acicate para seguir.




sgutierrez@divertinajes.com
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