31 de marzo de 2006

¿Faire shopping o magasiner?

De París salto a América, pero para quedarme realmente en Francia: me voy a Quebec, al corazón francés de Canadá, allí donde se desayunan croissants y a «ir de compras» se le dice «magasiner» (y no faire shopping como escucho en el París de la Francia).

Tengo un recuerdo de Quebec tan limitado, por mi falta de memoria, como agudo, por su vitalidad. Quebec es en mi cabeza una pendiente cubierta de estrechas y coloreadas calles que me atrapan entre el principesco castillo de Frontenanc y las amplias aguas de la desembocadura del río San Carlos en el San Lorenzo.

Empezamos la visita fuera de los muros históricos (es la única ciudad americana fortificada al norte de Méjico) y dentro de su espíritu (es el núcleo de la resistencia independentista francófona): en la Asamblea Nacional. Compartimos concierto de mediodía con los trabajadores que, recostados sobre el césped de un parque, reponían fuerzas comiendo un sandwich, atentos a una ejecución virtuosa de música clásica. Y cerramos el día, a las afueras del centro urbano, en una cabaña de azúcar, donde nos explicaron todo el proceso de extración y transformación de la resina de arce en productos de jarabe de ídem, nos hicieron el numerito de tirar el jarabe líquido sobre el hielo para obtener caramelo y nos agasajaron con una copiosísima cena de leñador.

Entretanto, vigiladas por la Citadela, que todo lo ve, caminamos sobre las murallas del alto y viejo Quebec; nos dejamos convencer por un vendedor de souvenirs, en el bajo y aún más viejo Quebec, para hacernos con los recuerdos de los indios iroqueses que no habíamos localizado antes (cazasueños, espantamales del hechicero, marcas de dominio, etc.); admiramos la trabajada caracterización de los mimos que animaban las calles; adquirimos dos de las muchas y preciosas láminas ofertadas por los artistas a cada paso; paseamos el viejo puerto... No nos subimos en calesa ni utilizamos el funicular, pero allí estaban dispuestos a borrar el cansancio provocado por las cuestas que hacen uno el alto y el bajo viejo Quebec, reconocido en su conjunto Patrimonio de la Humanidad.

Por lo que leí en las guías y pude observar, los amantes de los museos, especialmente de los historico-militares, no se aburrirán en Quebec; y el resto, los amantes del jolgorio callejero, del color y la sonrisa, del vino y la buena mesa, tampoco. Lo certitifico.

Os recomiendo que cogáis la agenda y toméis nota: En 2008 se celebrará el 400 aniversario de la fundación de la ciudad. ¡Menudo fiestorro!

Oficina de turismo de Quebec





sgutierrez@divertinajes.com
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