10 de marzo de 2006

En el Centro: prerrománico de todas las épocas

Esta ruta nos llevará a Santa María de Bendones (período de Alfonso II), Santa Cristina de Lena (período ramirense) y Santo Adriano de Tuñón (período de Alfonso III).

Bendones está a sólo 5 kilómetros de Oviedo. Hay que salir de la ciudad en dirección a Tudela Veguín; en Las Cruces, tomar la comarcal AS-243, hacia Langreo; y tener cuidado porque el desvío a la iglesia (a la derecha) es muy cerrado.

Santa María de Bendones

Templo que formó parte de uno de esos pequeños núcleos de población surgidos en las proximidades de la urbis regia, Oviedo. Cuando se restauró, en 1958, los elementos originales eran muy escasos, y la reconstrucción se realizó basándose, entre otras fuentes documentales, en los testimonios orales de los propios vecinos, y reutilizando abundantemente las piezas encontradas en las inmediaciones de la iglesia.

En el exterior, lo más llamativo es la presencia de una torre cuadrangular exenta en el flanco sur; no es ni mucho menos seguro que el plan original de la obra incluyera este elemento. El otro punto de interés es la ventana trífora abierta en la parte superior del testero (fachada oriental, opuesta a la puerta principal). Es una reconstrucción que reaprovecha dos columnillas encontradas entre los escombros y completa el alfiz a partir de un fragmento original (extremo superior izquierdo).

El pequeño vestíbulo a través del cual se accede al templo está flanqueado por dos estancias cuya utilidad se desconoce. La iglesia tiene una única nave, más ancha que larga, como si el crucero se hubiera apoderado del edificio. Al fondo existe una cabecera rectangular con tres capillas, a las que se pasa por arcos de medio punto realizados con ladrillo; sólo es original el de la Epístola (derecha). Los ábsides se corresponden exactamente con los tres ámbitos de los pies del templo, conformando dos zonas simétricas. Todas las cubiertas eran de madera, excepción hecha de la techumbre de la capilla mayor, cubierta por una bóveda de cañón de ladrillo y toba que se apoya sobre una línea de imposta marmórea.

De las pinturas que debieron cubrir las paredes de la iglesia, poco queda. Lo más destacado es un vaso con guirnaldas que aún se puede adivinar en el intradós del arco de acceso a la capilla meridional (mirando al altar, a la derecha).

Otra vez en la carretera, hay que torcer a la derecha y continuar por ella, dar media vuelta para regresar al cruce de Las Cruces es un calvario. En Tudela Veguín, se gira a la derecha (dirección Olloniego) para coger la AS-242. Salimos a la autopista A-66 (Oviedo-León) en dirección a León, la abandonamos en la salida a Pola de Lena y nos dejamos guiar por los indicadores que, a lo largo de 5 kilómetros, nos conducen hasta la iglesia de Santa Cristina de Lena. Una vez allí, lo mejor es dejar el coche en el aparcamiento situado en la carretera, unos 300 metros más allá del desvío que lleva al templo.

Santa Cristina de Lena

Se alza sobre un montículo próximo al lugar conocido como Los Palacios, a unos 45 kilómetros de Oviedo; aunque no existen referencias documentales sobre su fundación, se acepta que fue construida por Ordoño I y que pudo ser la iglesia palatina del complejo residencial levantado por él fuera de la capital.

Se restauró antes de la guerra civil y desde entonces sólo se han efectuado pequeñas intervenciones encaminadas a su conservación.

Si sobrevoláramos la iglesia apreciaríamos más fácilmente la extraña estructura de Santa Cristina. Adosados a la nave, y confiriendo así forma de cruz a la fábrica, hay cuatro cuerpos salientes: el occidental abriga el pórtico; el oriental, el ábside; y los orientados hacia el norte y el sur, dos habitaciones cuya función se desconoce.

Dando una vuelta alrededor del edificio comprobamos que hay una gran profusión de contrafuertes emparejados, meramente decorativos unos y otros imprescindibles para soportar las bóvedas, que descansan sobre un zócalo corrido. De entre sus vanos, cabe destacar la ventana trífora del ábside y la igualmente trífora pero con arquillos, de la estancia adosada a la fachada sur.

A la iglesia se entra a través del pórtico abovedado que se abre a los pies de una nave rectangular claramente dividida en tres zonas:
- El presbiterio. Situado al fondo, tras el iconostasio. Al que se accede por dos pequeñas escaleras laterales y simétricas, lo cual le da un aspecto teatral y único en la arquitectura asturiana.
- La nave propiamente dicha, en el centro.
- El vestíbulo y la tribuna real. Parece ser que, en sus orígenes, tenía dos escaleras simétricas de acceso y dos niveles, el central más elevado; en la actualidad sólo queda una escalera, a la izquierda.

A ambos lados se abren minúsculas y misteriosas cámaras laterales.

Si nos situamos en el centro de la nave podemos observar:
- La nave cubierta por una bóveda de cañón surcada por arcos fajones que gravitan sobre ménsulas corridas por encima de las enjutas de los arcos ciegos. También el techo de las habitaciones laterales es abovedado, pero sólo la norte presenta arco fajón.
- En los muros laterales, enlazando las ménsulas de la imposta con las enjutas de la arquería ciega, bandas y clípeos. En las fajas, limitadas por sogueado, aparece un guerrero a caballo empuñando su lanza; en los discos, perfilados a su vez por un sogueado doble, se nos muestra la imagen de un felino.
- Las arquerías adosadas apoyadas sobre columnas de fuste liso y capiteles compartimentados en triángulos, delimitados una vez más por sogueado, en cuyo interior se disponen relieves de cuadrúpedos con la cabeza vuelta hacia sus cuartos traseros y los típicos pastores astures.

Santa Cristina incorpora una novedad radical que la distingue de todas las construcciones del arte asturiano: un presbiterio elevado separado de la nave por un rico iconostasio. El iconostasio está constituido por una arquería triple de dos niveles unidos por un muro calado que integra cinco celosías reaprovechadas de diversos orígenes (visigodo, asturiano y mozárabe). Los arcos del iconostasio son peraltados de medio punto, siendo el central más alto que los laterales. Descansan sobre columnas con fustes lisos de mármol, reaprovechados de una villa romana próxima, y capiteles ornamentados de dos maneras: los laterales, adosados a los muros, ofrecen un detalle de flor de cuatro pétalos, en tanto que los dos del medio sitúan entre las hojas de acanto una concha. Ocupando el intercolumnio central del iconostasio, se encuentra un cancel de mármol también reaprovechado, de origen hispano-visigodo compuesto de tres piezas. Bajo cada arco ciego se cobija un segundo arco que, en el caso del central, sirve de paso al ábside, mientras que, en los laterales, se limita a insinuar la entrada a dos capillas inexistentes.

El ábside (una de las cuatro estancias adosadas al templo, concretamente la oriental) está ligeramente más elevado que el presbiterio y presenta sobre sus muros arquerías ciegas.

Su aspecto majestuoso se ve reforzado por una iluminación muy teatral, lograda a base de “focos” naturales: los haces de luz que entran a través de las pequeñas ventanas abiertas en los distintos muros del edificio.

Antes o después de la visita a Santa Cristina, está al lado, es recomendable para en el Aula Didáctica del Prerrománico de Asturias, ubicada en la antigua estación de ferrocarriles de La Cobertoria.

Volvemos a Pola de Lena, al centro urbano, y tomamos la desviación hacia Quirós (AS-230). Es una carretera estrecha, con poco tráfico y firme en mal estado, pero que ofrece estupendas vistas, especialmente desde Armada o desde La Collada de La Cobertoria (1.117 metros). En el alto, cojemos la comarcal AS-228, dirección a Proaza, y después rumbo a Bárzana. Se pasa por un interesante pueblo convertido en núcleo de turismo rural, Llanuces, desde donde es posible contemplar Peña Rueda, en el Macizo de las Ubiñas. Puede ser el momento de abrir un paréntesis gastronómico... Hay en Bárzana un restaurante más que recomendable; se llama Casa Jamallo y cierra de 5 a 8 de la tarde “para cuidar les fabes”. Dos kilómetros más allá, pasamos al lado (queda a la derecha) de la iglesia románica de San Pedro de Arrojo; y más adelante (esta vez a la izquierda), el Embalse de Valdemurio, un buen lugar para pescar truchas Fario (trucha asalmonada autóctona de Asturias). Una vez en Proaza, nos dirigimos hacia Trubia.

Después de este recorrido, trufado de rutas de senderismo, que (si disponéis de tiempo y la meteorología lo permite) os recomiendo patear, habremos llegado a Tuñón, nuestro destino. La llave de la iglesia la custodian en el estanco situado frente al templo.

Santo Adriano de Tuñón

Esta iglesia es fruto del celo arquitectónico del rey Alfonso III, quien, además de su labor constructora en Oviedo y en el Valle de Boides (San Salvador de Valdediós), desarrolló una gran actividad edificadora por otras tierras del reino asturiano.

Formó parte en sus orígenes de un monasterio benedictino levantado a 26 kilómetros de la capital, a orillas del río Trubia. Las sucesivas remodelaciones y restauraciones nos han dejado una iglesia extraña, con una silueta muy alargada en la que se aprecian claramente dos tramos: la entrada, que es el añadido moderno; y la cabecera, que encierra el núcleo prerrománico. Las celosías de las ventanas son obra del siglo pasado.

Es de planta basilical de tres naves separadas por arquería de medio punto y cabecera rectangular tripartita; los ábsides tienen bóveda de cañón en tanto que la techumbre de las naves es de madera.

La decoración escultórica de Santo Adriano es muy pobre, tan sólo son destacables los capiteles de las columnas situadas a la entrada al ábside central; estos capiteles, severos y de aire clásico, son evidentemente piezas reaprovechadas. Pero, en su momento, los muros de esta iglesia estuvieron cubiertos por ricas pinturas murales. De ellas subsisten algunas muestras, fundamentalmente en la capilla mayor:
- Sobre la ventana, representaciones del sol y de la luna.
- Un poco más abajo, formando un friso que recorre las tres paredes, una especie de merlones escalonados (amarillos perfilados de rojo) de tipo cordobés.
- En las paredes meridional y septentrional, entre los merlones próximos a la entrada, se intercala una pequeña cruz latina patada roja y con astil del mismo color.
- Delimitando por la parte inferior el friso que acabamos de comentar, una cenefa de tallos ondulantes que encierran hojas rojas.
- Enmarcando la ventana (en la pared oriental) y las hornacinas (en las laterales), una banda lisa bicolor, roja la parte externa y amarilla la interna, que limita una sucesión de círculos concéntricos también de dos colores, amarillos perfilados de rojo.

Para salir de nuevo a la carretera general, continuamos camino, dejando el estanco a la izquierda, y una vez en Trubia, atravesamos el pueblo para torcer a la derecha en dirección a Oviedo.





sgutierrez@divertinajes.com
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