3 de marzo de 2006

Hacia oriente: prerrománico final

Esta ruta nos llevará a San Salvador de Valdediós (período de Alfonso III), San Salvador de Priesca y Santiago de Gobiendes (epílogo del arte asturiano), a la ermita de la Santa Cruz (obra primera del prerrománico asturiano) e incluso a Covadonga.

San Salvador de Valdediós

Conocida popularmente como El Conventín, es una de las iglesias mejor documentadas del arte prerrománico asturiano. Formaba parte del conjunto palaciego edificado en las postrimerías del siglo IX por Alfonso III El Magno y fue allí donde este monarca se retiró cuando fue depuesto por sus hijos, allá por el año 910.

Se trata de un templo de planta basilical con ábside tripartito y pórtico a los pies, flanqueado por dos pequeñas cámaras. En recuerdo de su fastuosa consagración, el 16 de septiembre del año 893, sigue celebrándose cada 16 de septiembre una Misa según el rito mozárabe propio de la época; ceremonias similares tienen lugar el último sábado de cada mes y el 6 de agosto, en honor del santo patrón.

Al lado del templo palatino se erige el Monasterio Cisterciense de Santa María de Valdediós, cuyos frailes se encargan, entre otras labores tales como encuadernar o atender la hospedería abierta en el propio monasterio, de la conservación del monumento prerrománico.

El edificio primitivo de San Salvador de Valdediós ha sufrido, como casi todos, numerosas transformaciones, las primeras a los pocos años de su fundación, cuando le añadieron el pórtico meridional y la capilla que alberga la lápida fundacional, conocida como Capilla de los Obispos. Posteriormente habrían sido construidos un pasadizo al Monasterio y un pequeño pórtico ante la entrada principal. Algunas de estas estructuras fueron derribadas en la restauración llevada a cabo entre los años 1856 y 1861. En el siglo XX, se limpiaron las pinturas barrocas que tapaban las originales prerrománicas, excepción hecha de un ángel que fue dejado como muestra en la bóveda de la capilla mayor.

Vista desde afuera, San Salvador de Valdediós es una edificación estrecha y alargada, escalonada en tres niveles y con dos estancias laterales que reflejan tanto la distribución espacial del edificio como la distribución de cargas del sistema de bóvedas. Sus muros externos presentan una serie armónica de contrafuertes que no se corresponden con soportes internos.

La entrada principal, abierta en la fachada occidental, es un arco adovelado de medio punto —que insinúa la forma del de herradura— apoyado en columnas adosadas. Sobre ella, podemos observar un interesante vano bíforo de arcos ultrasemicirculares sobre columnillas y rematado por alfiz ornado con roleos; esa es la ventana que ilumina la tribuna. Por encima, encontramos una vez más la Cruz de la Victoria con el alfa y la omega, emblema del Rey Magno.

Adosado a la cara sur, hay un pórtico lateral corrido que, como decía, probablemente fue añadido pocos años después de la fundación del templo. Se trata de una estructura con bóveda de cañón de ladrillo reforzada mediante arcos fajones que se apoyan sobre capiteles-ménsulas (pared sur) y semicolumnas adosadas (pared norte, la del templo). En esta última, aparecen columnas unidas por arquería ciega que se corresponderían con los contrafuertes del exterior.

En este pórtico se conserva una celosía original compuesta de tallos ondulantes asociados a motivos de inspiración cordobesa. Es la que cierra el vano occidental; obsérvala como un pequeño adelanto de la serie de motivos ornamentales de inocultable aire mozárabe que podrás admirar en esta iglesia y que son fruto de las corrientes artísticas llegadas al reino asturiano como consecuencia tanto de la política expansionista de Alfonso III como de su labor repobladora. La celosía de la ventana central del muro sur es una réplica de la original, conservada en el Museo Arqueológico de Asturias.

Seguimos rodeando la iglesia. En el ángulo que forma la sacristía sur (a continuación del pórtico) con la cabecera, existe un pequeño recinto abovedado, adosado al templo y abierto al exterior, conocido como la Capilla de los Obispos, en el que se conservan algunos enterramientos y en uno de cuyos muros está empotrada la lápida fundacional.

Situados frente a la cabecera de la iglesia, observamos que hay dos ventanas, una trífora y otra bífora. La inferior se abre directamente al ábside central, constituyendo una fuente directa de luz para el santuario. Está compuesta por tres arquillos de herradura que se apoyan sobre columnas con capiteles troncopiramidales tallados y que presentan hojas nervadas en las esquinas; está además rematada por un alfiz que, al igual que las roscas de los arcos, se decora con un doble sogueado. La superior es la apertura de la misteriosa cámara que los templos asturianos sitúan sobre su ábside central; sus arcos, de herradura, y su alfiz son similares a los de la ventana anteriormente descrita.

En esta fachada de San Salvador, las cabeceras de las naves laterales tienen un aspecto más pobre que la de la central debido a su mampostería de sillarejo, ya que el artista reservó los sillares para las esquinas. Son paredes sin ornamentación cuya extrema simplicidad sólo aparece perturbada por un vano de arco semicircular sobre jambas lisas. La gran altura de las naves laterales, dada para armonizar el conjunto, se ha logrado mediante la construcción sobre los ábsides correspondientes de habitaciones equivalentes a las situadas habitualmente sobre la capilla mayor, pero son cámaras totalmente ciegas.

Antes de completar la vuelta alrededor del templo para acceder a su interior, merece la pena pararse a contemplar los remates del tejado. Destacan sobre todos los merlones escalonados situados en los dos hastiales de la nave central, semejantes a los que componen las almenas de la mezquita de Córdoba; el merlón de la fachada principal se encuentra desplazado y corona la espadaña. Y finalmente, los aleros volados de ladrillos colocados en dientes de sierra, otra aportación andalusí incorporada al mundo cristiano durante el reino de Alfonso III.

Para entrar en el templo hay que atravesar un pequeño pórtico a cuyos lados se abren dos habitáculos de utilidad desconocida. En el dintel de la puerta, una inscripción advierte que quien se atreva a romper los votos, será tragado por la tierra, y que su descendencia se verá obligada a mendigar y padecerá lepra.

Las tres naves están cubiertas por bóvedas de cañón y separadas por arquerías de medio punto apoyadas sobre pilares de sección cuadrangular. La nave central, de altura desmedida, tiene un claristorio con tres amplias ventanas a cada lado que hacen posible la iluminación directa; a los pies, encima del pórtico, se encuentra la tribuna real, flanqueada por dos estancias, a ella se accede desde la nave sur (mirando a la entrada, a la izquierda) por una escalera que desemboca en el habitáculo de ese lado. Por motivos de seguridad no se permite el acceso del público a la tribuna real, pero yo tuve la suerte de poder subir y esto es lo que hay: la estancia a la que llega la escalera (al salir, a la izquierda) conserva, en los muros, restos de una decoración pictórica a base de semicírculos ordenados en líneas horizontales, y, sobre el dintel, tallos ondulantes asociados a hojas lobuladas y acorazonadas; en la propia tribuna, además de las tres cruces del Gólgota, dos pies con calzado verde.

Aunque sólo se conservan algunos retazos, la iglesia de Valdediós estaba totalmente cubierta por frescos. Lo más llamativo de las pinturas restauradas es la decoración del ábside central, sobre la ventana, se pueden contemplar tres cruces patadas. A la izquierda de la ventana de la capilla mayor, se puede observar claramente un crismón (doble círculo en cuyo interior aparece la representación de Cristo) y sobre él las letras alfa y omega.

Después de haber visitado El Conventín, verdadera joya de esta ruta, seguimos camino para encontrarnos con otras manifestaciones, más humildes pero también interesantes, del arte prerrománico asturiano.

San Salvador de Priesca

Este templo, lugar de paso de los peregrinos que hacen el Camino de Santiago, fue consagrado en el año 921. Su configuración escalonada nos habla de una planta basilical de tres naves -con claristorio en la central que permite la iluminación directa-, nártex y cabecera, cuyo ábside central se eleva para albergar la tradicional cámara ciega, abierta al exterior por una pequeña ventana bífora de dos arquillos de herradura apoyados sobre un pilar labrado.

En el muro septentrional aún queda la cicatriz que recuerda una de las dos estancias laterales próximas a la cabecera, hoy desaparecida; la que queda en pie, la del muro meridional, se utiliza como sacristía.

A lo largo de la pared sur, hay adosado un pórtico corrido en el que se abre una puerta de acceso al templo que es la que parroquianos y visitantes utilizan habitualmente. La entrada principal es la occidental, pero en la actualidad, esa puerta sólo se abre en las grandes ocasiones como fiestas patronales y celebración de bodas o comuniones.

La ornamentación escultórica, como el resto de la obra, es una amalgama de influencias. Así, los capiteles de las columnas situadas en los accesos a las capillas son de tipo troncopiramidal con hojas nervadas, mientras que los que sustentan las arquerías de la capilla mayor presentan hojas de acanto, sogueado y ábaco con motivos geométricos. Todavía se pueden apreciar vestigios de las pinturas murales.

San Salvador de Priesca es, al igual que la de Santiago de Gobiendes (la veremos a continuación), una de esas iglesias erigidas no por iniciativa real sino por necesidades pastorales, y si bien es cierto que ambas presentan un menor atractivo que el resto de los edificios adscritos al prerrománico asturiano, también lo es que constituyen un buen testimonio de la actividad arquitectónica desarrollada en el mundo rural a finales del siglo IX y principios del X, cuando los descendientes de Pelayo estaban ya trasladándose a León.

Santiago de Gobiendes

Situada en un alto entre el mar y la montaña, la iglesia continúa utilizándose para el culto, como iglesia parroquial. Existe un documento (hay quien asegura que es falso) del año 921 en el que consta que este templo fue donado por Ordoño II a la iglesia de Oviedo. Santiago de Gobiendes ha sufrido tantas modificaciones en su fábrica que es difícil reconocer la construcción primitiva.

La mejor forma de terminar el recorrido es sin duda volver a los orígenes de la monarquía asturiana, acercarse hasta Covadonga pasando por Cangas de Onís donde se encuentra la réplica de la ermita de la </font>, la primera iglesia prerrománica asturiana de la que se tienen noticias.

Para animaros a hacer estos kilómetros, os indicaré un camino realmente pintoresco. Salid a la carretera comarcal, por la que ha llegado (AS-260), hacia la derecha, en dirección a Arriondas. Después de 6 kilómetros de subida con estupendas vistas sobre el litoral, llegará al, lugar de parada obligada en la Sierra del Sueve (última reserva del asturcón, el caballo de raza autóctona) desde donde podrá admirar una de las panorámicas más impresionantes de la geografía asturiana: la costa, el valle del Sella y los Picos de Europa. Continúe hacia Arriondas, de donde parte la N-625, la carretera que le conducirá a Cangas de Onís.

Actual ermita de la Santa Cruz

No es más que una réplica, por añadidura muy discutida, de la erigida por orden del rey Favila, alzada en el año 737, sobre un dolmen al parecer romano. El templo fue reconstruido en su totalidad por primera vez en 1632, y por segunda, tras la guerra civil, en 1950.

Además de las comprensibles prevenciones suscitadas por el hecho de tratarse de una construcción reciente, la visita debe realizarse bajo una premisa: nos encontramos ante una manifestación artística que bien podríamos calificar de pre-prerrománica, lejos (es lógico) de la perfección que el arte asturiano alcanzaría en las décadas venideras. Todo parece indicar que se trataba de un edificio pequeño, quizá de planta cuadrada con un sólo ábside; es más que probable que tuviera una cripta que hacía las veces de panteón.

Abandonamos Cangas de Onís por la carretera regional AS-114 hasta Soto, donde tomamos, a la derecha, la comarcal AS-262 que nos conducirá a Covadonga. Una vez allí, en la plaza de la basílica, afronta por fin al caudillo Pelayo (¡su estatua, claro está!) en el alto del monte. Y frente a Pelayo, la Cueva donde se venera a la Santina. Para llegar hasta la Virgen de Covadonga, hay que recorrer un moderno y largo túnel peatonal al que se entra desde las inmediaciones de la carretera.

Y hablando del Oriente de Asturias...

Esta semana se presentó en Madrid, en un concurrido acto en la Casa de América, la obra de Gonzalo Suárez (libro y dos DVD) Dos Pasos en el tiempo, de Aoom a El genio tranquilo (Asturias 1969-2006). Un bucle temporal rodado en un mismo espacio: el Oriente de Asturias. Este insólito proyecto, que rescata Aoom para el público (en su día no fue exhibida en salas comerciales), ha contado con la colaboración del Gobierno del Principado de Asturias y el Consorcio del Oriente de Asturias.



sgutierrez@divertinajes.com
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