10 de febrero de 2006

Capital del reino

Alfonso II el Casto (791-842) convirtió Oviedo en sede regia construyendo un gran Palacio Real (la Cámara Santa era la capilla palatina), un conjunto catedralicio (Catedral del Salvador, conserva vestigios prerrománicos en la Capilla del Rey Casto, e Iglesia de San Tirso, en parte enterrada) y el primer conjunto residencial regio suburbano del reino asturiano (San Julián de los Prados, o Santullano, que constaba de iglesia, residencia y edificaciones de servicio).

Iniciamos nuestro recorrido en pos del prerrománico asturiano en Oviedo, en la Plaza de Alfonso II El Casto, más conocida como Plaza de la Catedral.

Iglesia de San Tirso el Real

Lo que ha llegado hasta nosotros, de la iglesia prerrománica, construida por Alfonso II, fundada hacia el año 812, es la parte superior del testero del ábside central; el resto, aproximadamente un metro, ha quedado enterrado por la sobreelevación de la calle. En la fachada que da a la calle Santa Ana, destaca una ventana ciega y ennegrecida, de tres arcos de medio punto con dovelas de ladrillo enmarcados por un alfiz, en un muro de sillarejo rematado por sillares en las esquinas, con cubierta a dos aguas y apoyada sobre modillones; sobre sus ángulos superiores, sobresalen dos bloques de piedra perforados, son las quicialeras que, en su día, se debieron corresponder con otras dos inferiores y que funcionarían como quicios de las contraventanas de madera que cerrarían el vano.

En el reformadísimo interior de la iglesia, a la que se accede desde la plaza, han sobrevivido al paso del tiempo otras notables piezas prerrománicas: el ajimez del ábside y el arco de dovelas de ladrillo que, detrás del Crucifijo, se corresponde con él; algunos restos en el muro absidal de un posible paso de comunicación con el desaparecido Palacio de Alfonso II; la lápida con inscripción que hace de solera a la entrada de la Capilla de Santa Ana (para verla hay que levantar el felpudo).

Catedral de San Salvador

La actual catedral gótica de Oviedo tiene sus orígenes en la iglesia levantada por el rey Fruela en el 765 y destruida por los musulmanes en la incursión dirigida por Abd el Meliq en el año 794. Sobre esas ruinas, el rey Casto ordenó construir una basílica que puso bajo la advocación de San Salvador y los Doce Apóstoles. El templo fue consagrado en el año 812 y es, desde entonces, sede del obispado.

De la importancia de este da fe un conocido estribillo:

“Quien va a Santiago
y no al Salvador
visita al criado
y deja al Señor”.


Durante el siglo XIV, comenzó la construcción de la catedral gótica, para lo cual se demolió la anterior basílica prerrománica, que ya había sufrido algunas modificaciones. No obstante, en el interior de la catedral existen aún algunos detalles prerrománicos: en la portada de acceso a la Capilla del Rey Casto (también llamada del Santísimo, situada en el extremo izquierdo del crucero), está empotrada una inscripción de la época de Alfonso III procedente del castillo que el rey Magno construyó en Oviedo para proteger de las incursiones normandas este templo catedralicio y el tesoro que en él se guardaba; en el interior de la Capilla del Santísimo, en el panteón real ubicado a los pies, el sepulcro del cónsul romano Ithacio.

Cámara Santa

Construcción alfonsina de dos plantas colindante absorbida por las sucesivas ampliaciones de San Salvador. A ella se accede desde el interior de la Catedral, a través de una escalera que se abre en el muro occidental del extremo derecho del crucero. Al fondo de la capilla de una nave dedicada a San Miguel, tras unos recios barrotes de hierro, es donde permanecen vestigios de la edificación primitiva y se exhibe el Tesoro Catedralicio, valiosísimo tanto desde el punto de vista artístico como simbólico. En él destacan las tres obras maestras de la orfebrería prerrománica asturiana:

La Cruz de los Ángeles, que aparece en el escudo de Oviedo, tiene forma de cruz griega ligeramente patada y es la pieza de orfebrería más antigua del reino asturiano, donada por Alfonso II en el año 808. Su alma es de madera de cerezo (de cedro, dicen otros) y está revestida de láminas de oro con engastes de piedras preciosas. La excelencia del trabajo permitió tejer innumerables leyendas en torno a la concepción de la pieza.

La Cruz de la Victoria, también llamada Cruz de Pelayo, tiene forma de cruz latina. Fue realizada por orden de Alfonso III el Magno en el año 908. Y también tiene su leyenda: “al Rey Don Pelayo se le apareció el día de la batalla [de Covadonga] una Cruz en el Cielo; y así con el esfuerzo de tal empresa, tomando una cruz no pequeña de roble por estandarte, siguió la victoria que del cielo se le mostraba; y de la misma cruz usó después por bandera en toda guerra con los Moros”. El arma divina del caudillo astur sería el alma de la Cruz de la Victoria, lo cual explica tanto el valor simbólico de la joya como su presencia en la bandera del Principado. Sea cual fuere su procedencia, el alma de madera está cubierta de láminas de oro; el anverso, excepcional por su riqueza, aparece tachonado de piedras preciosas que forman en cada brazo tres hileras, separadas por cordones de oro.

La tercera gran joya de la orfebrería asturiana, la Caja de las Ágatas, es una arqueta-relicario de madera (ciprés para unos, peral para otros), recubierta de oro excepto en su base, que lo está de plata. Encargada y donada a la Catedral de Oviedo por Fruela II el mismo año de la muerte de su padre Alfonso III.

Para visitar el piso inferior de la Cámara Santa, Cripta de Santa Leocadia, hay que atravesar el Museo de la Iglesia, donde se exponen dos piezas prerrománicas (dos capiteles del siglo IX, de la catedral); salir al Claustro; atravesar la puerta que da al cementerio de los peregrinos (donde se hallan esparcidas diversas piezas prerrománicas sin catalogar); y entrar en la Cripta.

Abandonamos la Catedral en la plazoleta llamada La Corrada del Obispo y de allí, torciendo a la izquierda, nos vamos al número 5 de la calle San Vicente, para llegar a:

Museo Arqueológico de Asturias

Instalado en el antiguo monasterio benedictino de San Vicente (siglo XVI), se levanta sobre el primer enclave ovetense. Hay dos salas dedicadas al Prerrománico Asturiano, y a ellas se accede desde el claustro, atravesando una puerta cuyas jambas son una reproducción de las de la entrada de San Miguel de Lillo; no es casualidad: la mayoría de las piezas expuestas pertenecen a los monumentos del Naranco, destacando sobre todoas el ara original de Santa María del Naranco.

Al salir del museo, seguimos a mano izquierda por la calle San Vicente hasta la calle Jovellanos; allí torcemos de nuevo a la izquierda y cojemos luego la primera bocacalle a la derecha, la calle Gascona, al final de la cual, en la esquina con la calle Foncalada, encontramos la única construcción civil de uso público que se conserva no sólo del arte Prerrománico Asturiano, sino de toda la Alta Edad Media Europea:

Fuente de la Foncalada

Las excavaciones realizadas al principio de los años noventa (1991-1994) dejaron al descubierto una instalación compleja integrada por tres elementos: un canal, cuya función era guiar el agua del manantial sobre el que está instalada la fuente; un estanque; y un templete con bóveda de cañón proyectada al exterior mediante un arco de medio punto peraltado, cubierto por un tejadillo de doble vertiente. Podría ser de la época de Alfonso III. A principios del siglo XX, la Fuente de la Foncalada todavía se utilizaba como lavadero público.

Seguimos la calle Foncalada hacia abajo y torcemos a la derecha para ir hasta el final de la calle General Elorza; allí, giramos a la izquierda para coger la calle Teniente Alonso Martínez y continuamos por ella hasta encontrar, a la derecha, la plaza Santullano. A la izquierda se alza:

Iglesia de San Julián de los Prados

También conocida como Santullano, San Julián de los Prados es el más grande, más antiguo y mejor conservado de los edificios prerrománicos de Asturias. Es lo único que queda del palacio de recreo que Alfonso II el Casto ordenó construir extramuros, en lo que fuera un paraje boscoso, aunque viéndolo hoy fagocitado por el desarrollo urbano cuesta trabajo imaginar que un día, éste fue un rincón de descanso.

Lo que queda es un esplendoroso templo ricamente decorado y compuesto por tres naves desiguales, un amplio crucero y una cabecera rectangular tripartita. La mera concepción arquitectónica de San Julián de los Prados le hace merecedor de un lugar destacado en la historia del arte; pero, sin duda, lo más relevante de este templo es su extraordinaria decoración pictórica, que le ha hecho acreedor al sobrenombre de “Capilla Sixtina del Prerrománico Asturiano”. Los restos originales de pintura recuerdan, tanto por su técnica como por los motivos, la pintura al fresco romana.

Mapa de Europa

Mi buena amiga Anabel me ha enviado un divertimento de esos que circulan por Internet especialmente interesante: un generador de mapas de países europeos que deben ser colocados sobre la plantilla de Europa. El invento recoloca los descolocados pero los mantiene en rojo, y al final contabiliza los aciertos: en mi primer intento, la cifra (vergonzante) fue 70%; en el segundo (un día después) 82%. Espero, en breve, llegar al 100%.
Os animo a probarlo.



sgutierrez@divertinajes.com
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