3 de febrero de 2006

Testigos silenciosos

Aunque al hablar del Prerrománico Asturiano hable de casa, no hablo de un origen sino de un viaje. (Lo reconozco, no me fijé en la belleza e importancia de los monumentos prerrománicos hasta que no los tuve lejos, fuera de la vista. Hay quien sólo ve lo que tiene ante sus narices y quién sólo mira en lontananza. Yo fui, a todas luces, de los segundos. Pero arrepentidos quiere Dios). Cierto día volví a mis orígenes con el único propósito de visitar todos y cada uno de los vestigios de aquello que Gaspar Melchor de Jovellanos llamara arte asturiano, lo que me obligó a, partiendo de Oviedo, trazar una serie de rutas inolvidables que volveré a recorrer con vosotros la próxima semana. Antes, situémonos...

La historia

El Prerrománico Asturiano, también llamado por algunos neovisigodo, simboliza el nacimiento y desarrollo del asturorum regnum, el que fuera primer reino cristiano de la Península Ibérica y primer núcleo de resistencia frente a la dominación musulmana; aquel reino que nació de la mano de Pelayo en Covadonga en el año 722 y agonizó con Alfonso III en el 910, cuando su sucesor desplazó la corte a León.

Los monarcas asturianos fueron los impulsores de un arte propio, fruto de la voluntad política y de la necesidad de autoafirmación, cuyo estilo peculiar, enmarcado en el prerrománico de la Alta Edad Media pero dotado de características propias, permitió al político y escritor gijonés Gaspar Melchor de Jovellanos acuñar el término de "arte asturiano".

El arte de la construcción

Las construcciones del Arte Asturiano "ofrecen a los amantes y profesores de arquitectura -en palabras de Jovellanos- una curiosa colección de monumentos, por la mayor parte de entera y perfecta conservación, que no se hallarán en otro país alguno, y que señalan exactamente el estado del arte de edificar en este largo período", el del reino astur. Son, amén de algunas piezas notabilísimas de orfebrería, un conjunto de edificaciones civiles (en su mayoría cortesanas) y religiosas sobrias, muy compactas, que armonizan perfectamente con su entorno rural.

Para el Profesor Pita Andrade, "la asimilación de influjos muy diversos constituye la mayor gloria del arte asturiano y también su vitalidad para renovarse, sin perder carácter, a lo largo de varias etapas. El interés que tiene como crisol donde se fundieron vastas experiencias, queda enriquecido por el que adquiere como precursor del arte románico". Y es que, aun influido por las tradiciones visigodas, romanas, bizantinas, carolingias, mozárabes e incluso, según algunos expertos, vikingas, el asturiano es un arte innovador, variado y en constante evolución, que reaprovecha piezas de etapas anteriores al tiempo que incorpora soluciones arquitectónicas pioneras que serán a su vez utilizadas en los siglos venideros.

Los arquitectos asturianos emplearon con cierta frecuencia:

  • el sillarejo, la mampostería y el ladrillo en los muros, reservando los sillares para las esquinas y los elementos de refuerzo.
  • el arco de medio punto, peraltado o no, y la bóveda de cañón, reforzada mediante arcos fajones o totalmente despejada.
  • el muro compuesto (arquerías ciegas en el interior y estribos o contrafuertes en el exterior).
  • la decoración interior con pinturas al fresco de temática diversa.
  • las basas decoradas, los fustes sogueados y los capiteles enriquecidos, todo ello para realzar las columnas.
  • en los edificios religiosos y de manera predominante, la planta basilical de tres naves (separadas por arquerías sobre pilares) y cabecera tripartita, con ábsides de trazado rectangular, siendo el central el más amplio.
  • en la parte superior del ábside central, una cámara abierta al exterior por una ventana ajimezada, pero sin comunicación interna, y cuya función no se ha podido precisar, aunque podría ser un mero recurso plástico para mantener la armonía de los volúmenes exteriores del templo.

    Y otro detalle: en muchos casos, la altura máxima del edificio es dos veces superior a la anchura de la nave central.

    Los períodos

    Podemos distinguir un prólogo, tres períodos bien diferenciados, y un epílogo. Períodos que, como es lógico al tratarse de un arte áulico, coinciden en el tiempo y en el espacio con los distintos reinados, alcanzando su cenit en los más florecientes.

  • Prólogo (737-791). Los edificios de los primeros monarcas presentan ya peculiaridades diferenciales que dan fe del nacimiento de un nuevo estilo, tal y como se puede comprobar en la reconstruida iglesia de Santa Cruz, en Cangas de Onís, y sobre todo en la de San Juan Evangelista, en Santianes (concejo de Pravia).

  • Período de Alfonso II (791-842). Con este monarca, el arte prerrománico asturiano alcanza la madurez. Es una etapa en gran medida evocadora de las tradiciones arquitectónicas romanas. De las muchas construcciones tanto civiles como religiosas que el rey Casto llevó a cabo en Oviedo y sus alrededores para tejer una sólida red institucional al servicio de la corte, sólo han llegado a nuestros días las iglesias de San Tirso, San Julián de los Prados, Santa María de Bendones y San Pedro de Nora, así como la actual Cámara Santa de la Catedral. A esta época pertenece también una joya de gran valor artístico y simbólico: la Cruz de los Ángeles.

  • Período de Ramiro I (842-860). Es la etapa más esplendorosa del arte asturiano y, aunque se alude a ella con el nombre del rey que la inició, abarca también el reino de su sucesor, Ordoño I. En esos años se configura un estilo, llamado ramirense, que, en opinión de algunos expertos, se adelanta en dos siglos a las técnicas arquitectónicas del románico. Destacan las construcciones sine ligno y abovedadas. A este período breve pero intenso se adscriben el Palacio de Santa María del Naranco y las iglesias de San Miguel de Lillo (también llamada San Miguel de Liño) y de Santa Cristina de Lena.

  • Período de Alfonso III (866-910). El rey Magno consolidó el programa de construcciones iniciado por Alfonso II en la capital asturiana, aunque Oviedo sólo conserva un monumento de esta época final: la fuente de la Foncalada. Las campañas militares de expansión, así como la llegada de inmigrantes procedentes de al-Andalus, trajeron consigo influencias hispano-visigodas y cordobesas que son visibles en las iglesias de San Salvador de Valdediós y Santo Adriano de Tuñón. A esta etapa pertenecen también dos obras maestras de la orfebrería asturiana, la Cruz de la Victoria y la Caja de las Ágatas, esta última donada ya por Fruela, hijo de Alfonso III, a la catedral ovetense.

  • Epílogo. Aunque fueron construidas después del 910, tanto la Iglesia de San Salvador de Priesca, edificada en el 921, como la de Santiago de Gobiendes, geográfica y arquitectónicamente muy próxima a la anterior, pertenecen plenamente al prerrománico asturiano.

    Esta semana destacamos...

    SMIT: Sistema Móvil de Información Turística

    Interesante dispositivo de información práctica para viajeros presentado por su creador, Javier Cuesta, en la Feria Internacional de Turismo (FITUR) celebrada la semana pasada en Madrid. Nos gustó porque, por fin, el saber no ocupa lugar. Los usuarios, valiéndose únicamente de un teléfono móvil, acceden a una completísima información práctica justo en el momento y lugar en el que la necesitan: callejero enriquecido con la localización y detalles de diferentes categorías de establecimientos, guía audiovisual de monumentos y puntos de interés, etc. Responsables de turismo en Santiago de Compostela ya están trabajando para integrarlo en su cartera de servicios, confiamos en que cunda el ejemplo.





    sgutierrez@divertinajes.com
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