16 de diciembre de 2005

Alimento para el espíritu


El primer objetivo museístico de mi último viaje a Londres fue la Tate Moderm, el más importante museo de arte moderno del Reino Unido, según dicen. Sorprendentemente, la entrada a la colección permanente es gratuita. No voy a entrar en detalles ni valoraciones de las obras que alberga (ya me gustaría tener los conocimientos suficientes como para poder hacerlo) pero sí me detendré unos segundos en el exterior. Os recomiendo llegar a esta antigua central eléctrica desde la Catedral de San Paul, así no tendréis más remedio que cruzar el Támesis haciendo equilibrios sobre la fina línea trazada por Norman Foster para tal fin, ésa que han dado en llamar el Puente del Milenio.

La verdad es que la visita a la Tate no resulta agotadora, y por si para alguien lo fuera está trufada de rincones en los que sentarse a leer y reposar, pero si el tiempo lo permite (el cronológico y el metereológico), cualquier disculpa es buena (por ejemplo, la sed) para tomar una cerveza en la terraza del pub que hay justo al lado. Ése puede ser el punto de partida de un agradable paseo por el margen restaurado del río, llevando las aguas a la derecha.

Para volver a los orígenes, y hacer honor al país en el que nos encontramos, nos espera la Tate Britain, casa madre de la Tate Modern, y de las colecciones de arte británico: la suya es la mayor del mundo.

Pero si lo que queréis es contemplar el mundo como una colección, no podéis perderos el British Museum. Dos encarecidas recomendaciones: la Sala de lectura de la Biblioteca Británica y la Colección egipcia, esta última, para los apasionados egiptólogos, es imprescindible, prácticamente una obligación. Un advertencia para todos: no vayáis con prisas, ¡es un mundo!

Otro museo muy british, y a mi parecer muy entretenido, desengrasante del posible empacho cultural ocasionado por el consumo reconcentrado de exposiciones varias, es la National Portrait Gallery. Están todos, o al menos estaban cuando estuve yo, desde David Beckham durmiendo hasta William Shakespeare pensando, pensando que sea realmente él.

Seáis como seáis vosotros seguro que encontráis en Londres el museo de vuestros sueños, aficiones o profesión, los hay por ejemplo de:

Artes decorativas
Ciencia
Diseño
Fotografía, cine y televisión
Historia Natural
Juguetes
Londres
Teatro
Transportes
Y cien mil más

Capítulo aparte merecen, aunque en cierta medida museos son también, las iglesias londinenses:

Catedral de San Paul, ya mencionada, y majestuosa.

Abadía de Westminster (panteón de los monarcas británicos y sede de sus coronaciones).

Catedral de de Westminster, que nada tiene que ver el esplendor, estilo, emplazamiento, ni tan siquiera Confesión con la Abadía de igual nombre.

St. Martin in the Fields, escenario habitual de conciertos y, como tantas otras iglesias londinenses, asiento de mercadillo.

St. Pancras Parish, capricho arquitectónico (capricho, que no maravilla) de inspiración ateniense.

Pensaba irme ya de Londres pero hay demasiadas cosas que ver, si no os importa, me quedo una semana más para hablaros de palacios, ceremonias, barrios y culturas (gastronómicas sobre todo).



sgutierrez@divertinajes.com
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