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10 de junio de 2005
En pos de un mito
La tortuosa carretera nos lo pone difícil, pero al fin divisamos el emblemático enclave pesquero que íbamos buscando: el color del Mediterráneo se hace pueblo sobre la Península del Cabo de Creus, eso tiene que ser Cadaqués. Y es. Dejamos el coche en el aparcamiento que nos recibe a la entrada de la villa y nos encaminamos al frente de mar. Allí están todos: bares y turistas, chicos y grandes. Nos sentamos a comer frente al mar. No hay mucho más que hacer. El pescado delicioso. La playa pedregosa. La genialidad que nuestros héroes hubieran podido dejar en el aire debió ser arrastrada por la tramontana porque, aunque inspiramos hondo, seguimos dibujando igual de mal que antes; nos conformaremos con contemplar vestigios de la disfrutada por Salvador Dalí en la casa que habitó, y lleva su nombre, en Port Lligat... para ir abriendo boca, os invito a visitarla virtualmente. Un consejo: no abandonéis la zona sin pasearos por el Parque
natural del Cap de Creus.
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