27 de mayo 2005

En el coche de San Fernando

Si yo pude hacerlo, puede hacerlo cualquiera, y merece la pena (que es, en realidad, una alegría): ir andando de Gijón a Covadonga (72 kilómetros subiendo, bajando y llaneando, poco).

Preparativos

Cuando lo planeamos, dada la preparación física de quien ahora os lo cuenta, decidimos hacerlo en tres días (hay gente que lo hace en una jornada y la mayoría de mis amigos ya lo habían hecho -varias veces- en dos).

Con seis meses por delante, todos me recomendaron que me entrenara, que caminara, aunque fuera por ciudad, y que lo hiciera con el calzado que habría de utilizar después, a ser posible zapatillas de deporte. Quise pero no pude, así que entrené poco. Aproveché las vacaciones en La Palma para probar el calzado y decidí que prefería las botas de treeking que me habían acompañado a La Patagonía. Por si acaso, me llevé los dos pares (zapatillas y botas), y los dos usé.

Lo que parecía sencillo, comprar un montón de pares de calcetines, resultó de lo más complicado, me perdí en un mar de fibras de cuyas características y porcentajes de combinación acabé pasando, para fijarme en el color.

Fascinante resultó el paso por la sección dedicada al cuidado de los pies en la parafarmacia: ¡hay de todo! Un gel para refrescar las piernas, ese lo iba buscando; una especie de barra de labios aplastada con una sustancia similar a la vaselina (era lo que me habían recomendado) para evitar las ampollas; una especie de tiritas, de distintos tamaños, para curar las ampollas (resultaron poco útiles); etc.

En cuanto a los víveres, para ir picando: nada como las mandarinas, los plátanos y los frutos secos, bueno el agua.

Pero lo fundamental, lo que hizo que todos llegaramos a Covadonga casi más frescos de lo que habíamos salido de Gijón, fue la precisión con la que Cova y Víctor lo organizaron todo:
- documentación y consejos,
- tamaño de las etapas,
- comidas, cenas y tentempiés,
- lugares para dormir,
- coche de apoyo, esperándonos en cada esquina,
- ...

 

La próxima semana os detallaré el recorrido, hoy me conformo con dejar constancia de que, siendo éste como es año de manzanas, el espectáculo de los árboles cargados de flor blanca punteada de rosas, sobre el verde de los praos, con el fondo de los picos nevados sobre el cielo azul, observado en compañía —amigos aparte— de vacas y caballos, y con el rumor del río como único sonido de fondo... es de los que uno no debe perderse.








sgutierrez@divertinajes.com
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