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10 de diciembre de 2004
Playas y vides En la tranquila y hermosa isla de Lanzarote, también florecen, aunque sean escasos, los bulliciosos centros turísticos del más puro estilo “estamos aquí pero podríamos estar destrozando cualquier otro punto del planeta, de hecho, allí están mis clones”... ¿Un ejemplo? Puerto del Carmen. Prefiero el extraordinario paisaje creado por los viñedos y las playas salvajes, que aún las hay en la isla.
Los labriegos han sabido sacar buen provecho de sus tierras secas,
Y de las playas, me quedo, de sur a norte, con las de sotavento. En el extremo sur: la de Papagayo, cerca de Playa Blanca (un apacible pueblo de ¿ex-? pescadores), no tiene, o la menos no tenía, un acceso fácil, pero merece la pena cubrirse de polvo para luego tumbarse al sol sobre su arena dorada y sumergirse bajo sus aguas. Se convirtió en mi favorita y fue en la que más horas pasé.
En el extremo norte: el Charco de la Pared y la Playa de la Cantería, aguas tranquilas y olas salvajes, respectivamente, en una zona de contrastes animados por la lava y las dunas de arena blanca. Muy cerca, el pueblo de Orzola, escenario de una de las comidas marinas más placenteras de mi existencia.
Si la isla os sabe a poco (cosa que dudo), un par de excursiones:
Información actualizada: Lanzarote en la red
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