3 de diciembre de 2004

Volcanes y artistas


Estos días, una plaga de langostas ha convertido Lanzarote en noticia; sobre todo para los que no han visto de la isla más que lo que se ha mostrado por televisión, contaré estas semanas qué hay debajo de esa nube roja que ahora todo lo cubre.

Lanzarote es la primera de las Islas Canarias que visité, hace algo así como ocho años; en aquella ocasión, buscaba un lugar tranquilo donde descansar quince días. El hotel, uno de esos complejos que invaden las costas de medio mundo, era el recinto ideal para recluirse; no obstante, alquilamos un coche y nos lanzamos a recorrer la isla, pensando que en un par de días el aburrimiento nos tiraría en la piscina o en la playa que se veían desde nuestra habitación... ¡la primera semana no paramos! Y la segunda...

El Parque Nacional de Timanfaya — Montañas de fuego

Primer objetivo: El Parque Nacional de Timanfaya. Ya habíamos apreciado desde el avión el paisaje lunar que caracteriza a la más antigua de las islas del archipiélago, pero queríamos pisarlo, apreciar de cerca los cráteres de sus volcanes.

Todo está organizado en las Montañas de fuego, no podría ser de otra manera, aún así estoy segura de que habrá inconscientes que en un descuido de los vigilantes metan a sus bolsillos piedras volcánicas para sacarlas de la isla.

A pie, en autobús, en dromedario... os recomiendo hacer todos los recorridos ofrecidos (especialmente la Ruta de los volcanes, en guagua —autobús—), y visitar todos los rincones señalados, y escuchar todas las historias narradas, y observar todas las curiosidades practicadas (por ejemplo, cómo el guía convierte un poco de agua en un géiser de hirviente vapor) y, por supuesto, degustar las especialidades canarias (no os perdáis, aquí o en cualquier otro sitio, las papas arrugas con mojo) aunque sólo sea porque están cocinadas en el horno natural del promontorio Islote de Hilario que aprovecha el Restaurante Mirador El Diablo, obra del arquitecto de la isla: César Manrique.

César Manrique

Tiene que ser un placer que te den una isla para desarrollar tus proyectos creativos, tiene que ser un placer contar con un creativo que vista tu isla...

Durante las décadas de los sesenta y setenta, en colaboración con el Cabildo de Lanzarote, promueve la creación de distintas obras de arte público (Jameos del Agua, Jardín de Cactus, Mirador del Río...) un conjunto de intervenciones que operan a modo de itinerario simbólico por el espacio insular, cabe señalar como rasgo característico de sus intervenciones la mimetización o adaptación de las formas arquitectónicas al medio, con la combinación de elementos, soluciones y materiales de la tradición local con los de la cultura moderna.

César Manrique recicló su propia casa (construida a finales de los años sesenta) para convertirla en un espacio museístico, sede de la Fundación que lleva su nombre, realmente original.

El edificio, levantado en una finca de 30.000 m², sobre cinco burbujas volcánicas naturales de gran tamaño, tiene, en sus dos niveles, 1.800 m² de superficie habitable, a los que hay que añadir 1.200 m² de terrazas y jardines, y 2.900 m² de aparcamientos.

En la planta superior (en realidad la planta calle): el salón (en el se expone la "Colección particular" de Manrique, en la que están representados artistas de su generación y una pequeña muestra del arte canario contemporáneo), la cocina (Obra gráfica), el cuarto de estar, la habitación de invitados, su dormitorio (Bocetos) y un cuarto de baño en el que se integra abundante vegetación.

El nivel subterráneo aprovecha cinco burbujas volcánicas, que fueron comunicadas por César Manrique a través de pequeños pasillos horadados en el basalto de la colada lávica y acondicionadas para ser habitadas. Además, en el jameo central puede visitarse una amplia zona de descanso (piscina, comedor, horno, barbacoa...), con abundante vegetación. El último espacio, ya a la salida, está constituido por el antiguo estudio del pintor, ahí se expone la pintura de César Manrique.

Jameos del agua

Jameo es la palabra que designa a la parte de un tubo volcánico de la que se ha derrumbado el techo por el peso o a causa de la acumulación de gases y tras lo que suele quedar una oquedad circular y abierta a la luz. Dos de estos orificios y el tramo de canal lávico existente entre ellos fue la base para la construcción de Jameos del Agua.

Se trata de un asombroso complejo turístico donde la naturaleza y la arquitectura se funden para ofrecernos un restaurante, un bar, una pista de baile y un auditorio, frente a una piscina de aguas color esmeralda; y, para los más curiosos, un centro de interpretación: la casa de los volcanes.

Una curiosidad: el símbolo de Los Jameos del Agua es un jameito, uno de los cangrejos minúsculos, albinos y ciegos, de origen desconocido que viven un lago natural de aguas trasparentes, regulado por el mar cercano el interior de los Jameos.

La cueva de los Verdes

Es un canal abierto en el subsuelo por una colada de lava procedente de las erupciones del Volcán de la Corona hace más de cuatro mil años que nos ofrece un inquietante paseo por grutas en las que la calma del agua hace que pequeños charcos simulen espejos misteriosos que podrían cubrir profundos pozos. También cuenta con un auditorio en su interior.

Mirador del Río

Edificio de cristal y roca (aunque lo parece, no está excavado en la roca, sino que está ha sido colocada para cubrirlo) perfectamente integrado en la falda de un volcán, desde el que se contempla el mar y algunas de las islas, entre ellas la octava de las Islas Afortunadas: Río.

Monumento al campesino y Casa museo

Con materiales reciclados, tanques de agua de barcos pesqueros, César Manrique elevó una especie de torre vigía en homenaje al trabajo de aquellos que de una tierra árida han sabido extraer no pocos productos agrícolas (son muy llamativos, por ejemplo, los cultivos de vid). Allí mismo, en el museo, que fue caserío, os recomiendo visitar los talleres que dan idea de la artesanía local. Confesión: si hubiera podido, me abría traído para el salón una silla de montar dromedarios/alforjas de madera; tan tentada estuve de traerme una que incluso visité un taller de rehabilitación de drogodependientes para encargarlo, al final desistí porque la lista de espera era realmente larga.

Jardín del Cáctus

Fue la última obra de Manrique y, en principio, el último lugar que yo visitaría en un recorrido turístico... Después de estar allí, tengo que decirlo: uno no puede irse de Lanzarote sin visitar el Jardín del Cáctus. Es inimaginable la variedad y la belleza, hasta la simpatía, de estos supervivientes. Por supuesto, me compré media docena, y alguno todavía reside conmigo.

Castillo de San José – Museo de arte Contemporáneo

Es, posiblemente, la única razón para acercarse a Arrecife, pero una razón poderosa; y con razón o sin ella: no dejéis de visitar los excusados del edificio...

La próxima semana recorreremos playas y viñedos...

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sgutierrez@divertinajes.com
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