23 de julio de 2004

La procesión va por dentro

El plano de Dubrovnik, marcado con los impactos producidos por los bombardeos, fue la primera referencia, al recientísimo conflicto bélico en el que había estado inmersa Croacia, con la que nos encontramos, y ya habíamos recorrido toda la costa.

A partir de ese momento, coincidiendo con nuestro regreso a Zagreb por el interior del país, el recuerdo de la guerra se convirtió en una constante. Tejados perforados, casas calcinadas, pueblos vacíos, campos abandonados, carreteras destrozadas, carteles avisando del peligro de minas... sólo en Sinj la vida invadía las calles con la misma alegría, característicamente mediterránea, que había ilustrado nuestras anteriores etapas. Fue también en Sinj donde tuve la oportunidad de horrorizarme con uno de los despropósitos decorativos más considerables de cuantos han sufrido mis neuronas: la iglesia de los franciscanos, por otra parte, lugar de peregrinaje de los fieles croatas.

Si me paro a pensar, tengo que reconocer que no recuerdo con claridad si el mal gusto ornamentaba esta iglesia o la Iglesia de San Juan Bautista de Varazdin, franciscana también, ¡quién lo diría!. Hablando de Varazdin, pasar a ese lado del país, es adentrarse en la exuberancia de los maizales y el sosiego de los pueblos barrocos.

Aunque la memoria me traicione en los detalles, al escribir estas últimas líneas sobre Croacia, quiero creer que a lo largo de estas semanas he conseguido transmitir, aunque sólo sea en parte, la transparencia de sus aguas, la tranquilidad de sus calles, la estrechez de sus carreteras, la cordialidad de sus gentes, el júbilo de su cocina (en gran parte, italiana), la riqueza desbordante de su historia, el atractivo de sus paisajes...

Espacios protegidos

Croacia cuida especialmente siete territorios en los que la naturaleza es lo más importante; perfectamente estructurados, pueden visitarse previo pago. Nosotras estuvimos en dos: Nacionalni Park KRKA y Nacionalni Park Plitvicka Jezera. Los dos extraordinarios.

KRKA

El barco que sale Skradin, remonta el río KRKA por un pronunciado cañón hasta llegar a un espacio de ocio en el que caben el reposo, el baño, el paseo y el deporte de riesgo practicado por los más osados lugareños: seguir la corriente sin reparar en saltos, sin amedrentarse por las cataratas, vamos.

Plitvicka Jezera



No me extraña que sea Patrimonio de la Humanidad, el placer visual ofrecido por el encadenamiento escalonado de sus dieciséis lagos cársticos justifica un viaje. Hay que subir y bajar, ir con cuidado, mantener el equilibrio... ¡y disfrutar! Se merece, como mínimo, una jornada completa.



¿Os dije que por todas partes hay asadores de cerdos y corderos? Yo me quedo con el cordero, pero hay que probarlo todo. ¿Os comenté que acompañan las viandas con una salsa roja similar al ají chileno de la que me traje un montón de tarros para regalar? ¿Y que hay puestos de fruta a montones en la orilla de la carretera?







sgutierrez@divertinajes.com
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