25 de junio de 2004

Leyendas negras

Hace no mucho, en pleno invierno, hube de acercarme a la Península de Morrazo, en el corazón de las Rías Bajas, frente a Vigo, y una vez más pude comprobar eso que tanto nos gusta comprobar a los que somos del Norte: que el tiempo extraordinariamente bueno, más allí de habitual soleado, caluroso sin agobiar... ¡qué no será en verano! Pero sigan, sigan yéndose al Sur y a Levante, que esto hay que conservarlo (bastantes estragos urbanísticos se hicieron ya, ¿no hay manera de librarse de falta de cordura y la ambición desmesuradas?).

Desgraciadamente, por aquellos lares, hay otra certeza que te atrapa: la de las nefastas comunicaciones terrestres. Por si las características orográficas fueran insuficientes para contribuir al aislamiento (del que se alegran y benefician especialmente los acomodados refugiados fugados de la gran ciudad), la hechura y las indicaciones de las carreteras son de lo más abstrusas. Por eso os recomiendo ir sin prisas, con paciencia y ganas de disfrutar.

Reconforta ver que la marea negra no ha liquidado para siempre los criaderos de marisco y que las plataformas de cultivo siguen tapizando considerables porciones fluviales. Un goce que, tras pasar por las pescaderías y el mercado, se traduce en las cartas de los restaurante y las mesas de los hogares.



Volveremos a las Rías Bajas, volveremos a sus playas de fina arena blanca y sus calles de piedra, volveremos a mis dos debilidades en la zona: Islas Cíes y Baiona.





sgutierrez@divertinajes.com
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