11 de junio de 2004

Sin complejos

Ya están aquí las vacaciones, y yo me encuentro, aunque por circustancias diferentes, como hace un par de años: atrapada en una incertidumbre que me impide planificar nada. Cosa que no me importa si la improvisación a la que me veo abocada da resultados tan buenos como los que regogí en 2002. En esa ocasión me dejé llevar la sugerencia de un folleto de viajes: Avión + coche para recorrer Croacia. ¡Una elección de primera!

Volamos a Zagreb con dos reservas hechas (una noche de hotel y quince días de coche), un itinerario imaginado (es sencillo: salir a la costa para saltar de isla en isla, y regresar al aeropuerto por el interior) y una tienda de campaña.

Para unas nostálgicas veteranas de la Unión Soviética como mi compañera y yo misma, visitar tierras del antiguo bloque del Este siempre tiene un cierto sabor de vuelta a casa. En Croacia, ese regusto únicamente lo conserva la capital, lugar donde, por cierto, se inventó la pluma estilográfica.

Urbanísticamente, no así circulatoriamente, Zagreb está perfectamente definida en dos zonas que a su vez se dividen en otras dos: la ciudad alta (Gradec y Kaptol; fortaleza laica y reserva religiosa) y la baja (Donji y Novi Zagreb; zona moderna y barrios periféricos).

Hospedadas en un hotel sito en los aledaños de la zona moderna —la que cuenta con el Museo Arqueológico, el Archivo de la Academia, el Teatro Nacional de Ópera y Ballet, el Museo de Arte y Artesanía, la Biblioteca Universitaria Nacional... y la animada Plaza del Mariscal Tito, entre otras—, caminamos hasta el pie del funicular, y en él subimos a la avenida que sigue la antigua muralla de la ciudad (en algunos tramos convertida en muro de palacete). Diminutas en la despejada plazoleta de San Marko, solitarias entre Palacios e Iglesias, perdidas entre Museos (imprescindible el de Arte Naïf, para los amantes de semejante estilo) e Instituciones, recobramos la perspectiva en cuanto atravesamos la Puerta de piedra (la única que se conserva de las cuatro que en el siglo XIII se abrían en la muralla medieval) y caímos en la encantadora calle Tkalciceva. ¿O la más atractiva era la Radiceva? ¿O la Opaticka? ¿O la Demetrova? ¿O...? ¿O...? Os aseguro que podréis olvidar los nombres pero no los rincones. Cuando volváis de Zagreb me lo contáis.

Por cierto, he visto pocas ciudades que cuenten con una red virtual de información turística tan completa.





sgutierrez@divertinajes.com
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