21 de mayo de 2004

Y van dos

Con mi madre diciendo a cada paso que Valencia es una de las ciudades más guapas de España (aunque su debilidad sea Palma de Mallorca) y un primer novio formal que se estrena regalándome una caja de música con las notas de “Valenciaaaa es la tierra de las flores, las mujeres y el amorrrr. Valenciaaaa...” dispuestas para salir en cuanto la abres, es lógico que la ciudad del Turia sea uno de esos destinos que habitaron mi mente mucho antes de que yo pudiera alcanzarlos.

Fueron las Locas por el Fútbol de la Luna de Valencia, fundadoras de la primera peña exclusivamente femenina de España (y hoy, doblete mediante, la más felices), las causantes de mi primera visita (seguida de un montón de estancias más; todas ellas en el último lustro). Y siempre sentí lo mismo: que es, como mínimo, un lugar agradable para vivir. Por cierto, un buen amigo ha vuelto a sus orígenes para dedicarse a las exquisiteces gastronómicas; ya tengo motivo para volver, si es que motivo me faltaba.

De Valencia destacaría lo verde de su seca cuenca fluvial, lo moderno de sus institutciones culturales (Ciudad de las Artes y las Ciencias e IVAM) y de pensamiento (Observatorio de la Violencia), lo elegante de su casco antiguo, lo tranquilo de su alejada playa y... ¡el todo de sus arroces!

Webs para saber más de Valencia:

Ayuntamiento

Copa América. Valencia 2007

Las Fallas

Metro

Mostra de Valencia. Cinema del Mediterrani

Palau de la Música i Congressos

Zoo

En homenaje a Valencia, esta semana destino por mérito propio, nos regalo un doblete de curiosidades:

Bodorrios del antaño ruso

Ayer, hablando con un amigo ruso de bodas (cómo no) y tradiciones obsoletas (por supuesto), salieron a relucir las directrices que marcaban los bodorrios en la Rusia de los zares. No os imagináis hasta que punto nos alegramos de que sean cosas del pasado, superadas.

Os cuento:

El novio no podía anunciar su deseo de casarse, esa decisión correspondía a sus familiares. Normalmente los padres del novio le buscaban una esposa y se lo comunicaban estando el casamiento ya en preparación. Rara vez, eran los padres de la novia los que daban el primer paso.

Si la novia procedía de una familia pobre, el novio le pagaba el ajuar. Antes de la ceremonia religiosa, los invitados y los futuros esposos disfrutaban de un magnífico banquete.

La ceremonia era puramente religiosa, pero se hacía caso de muchas supersticiones.

De la iglesia todos se dirigían a la casa del novio, donde el padre recibía a la pareja con un icono y la madre con un pan especial y sal. El matrimonio mordía el pan de manera simultánea, para gozar de unidad, paz y amor. Al entrar en la casa, se les echaba trigo y semillas de lúpulo, para que vivieran en riqueza. Y repetían banquete.

El casamiento terminaba con la prueba de aptitudes domésticas de la joven esposa, y un simbólico azote propinado por el marido a la novia con una fusta regalo del padre de ésta, para que le quedara clara la identidad de su nuevo dueño.

Los festejos de la boda se prolongaban entre 3 días y un mes.

También sé por experiencia (asistí a un casamiento que quería resucitar el pasado), que los grandes señores procuraban tener un detalle con sus siervos. En la que yo estuve, servían vino caliente gratis y lanzaban monedas a los harapientos que hacían pasillo al cortejo nupcial. Patético. Claro que el novio era el ultranacionalista ruso Vladimir Zhirinovsky y el padrino el líder de la extrema derecha francesa Jean-Marie Le Pen.

Y hablando de bodas... así está Madrid

Ya que está voy y lo miro pero...




...espero que las altas esferas pongan tanto empeño en lograr y celebrar la paz (mas para todos, ¿eh?).




sgutierrez@divertinajes.com
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