23 de enero de 2004

¡Qué sorpresa!

No hace mucho, un compañero me comentó que le había sorprendido encontrarse con Murcia en mi sección; si el motivo de su sorpresa es el que pienso, volverá a sorprenderse una y cien veces. Por ejemplo, hoy: nos vamos a Huesca.

Estuve en Huesca en dos ocasiones: una, allá por los años 80, cuando exploraba terrenos cercanos; otra, la semana pasada, con motivo del 5º Congreso Nacional de Periodismo Digital. Permitidme un pequeño paréntesis para homenajear en negrita a Fernando García Mongay, padre y director del evento, y a María José Fueyo, madre y coordinadora del asunto. Sé que no es para sorprenderse, pero me sorprendo. A pesar del tema (periodismo digital) y del lugar (Huesca), el poder de convocatoria y la organización del Congreso resultan, año tras año, y van por el quinto, excelentes.

Dice María José (que en la vida civil es profesora en la escuela de Turismo y Hostelería de la capital oscense) que Huesca se visita en 2 horas, y que en ese tiempo, los guías relatan a los visitantes un sinfín de leyendas, deteniéndose especialmente en la de La Campana, representada por Casado del Alisal en un cuadro que puede verse en el Ayuntamiento.

Con guía o sin él, es cierto que no te llevará demasiado tiempo visitar San Pedro el viejo y los claustros, admirar el retablo en alabastro de la Catedral, que puede recordarte al de la Basílica del Pilar ya que ambos son obra de Damián Forment, y recorrer los museos diocesano y provincial. Pero necesitarás más, mucho más, para perderte por las empinadas callejuelas del casco viejo y disfrutar de su buen comercio.

En pocos sitios quedan ya tiendas de ultramarinos como la que luce la Plaza de López Allúe, La Confianza, un canto a la abundancia hecho de madera y cristal para exhibir muchos pocos de conservas y botellas (especialmente de vinos del Somontano).

Y si dejo para el final lo que en Huesca, y fuera de ella, han dado en llamar la Ruta dulce, no es porque crea que puede hacerse del tirón, y mucho menos que deba dejarse para el final. Es una ruta para conocer bien y saborear mejor, y sobre todo para intercalar durante toda la estancia. No te puedes ir de Huesca sin probar, además de las colinetas y las castañas de mazapán, el pastel ruso de Ascao ni el Richelieu de Vilas, las cocas de hojaldre de Tricas, las tejas de almendra de Soler, las glorias de Huesca de Ortiz, ni la trenza de Almudevar de Tolosana.

Me imagino que ya estarás buscando un hueco en tu agenda para acercarte a Huesca, pero si aún te quedan dudas y piensas que lo que te cuento te lo cuento por contar, te diré que yo ya he reservado mesa en el Lillas Pastia para mi próxima cena oscense.

Por cierto, el Patronato de Turismo del Ayuntamiento de Huesca ha restaurado y puesto en marcha un automovil de la casa Hispano-Suiza con motor Mercedes Benz identificado con la matrícula HU-48 para que podamos conocer los alrededores a bordo del primer autobús que circuló por Huesca.






sgutierrez@divertinajes.com
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