19 de diciembre de 2003

Pastores de Belén

En estas fechas en las que muchos de vosotros estaréis atareados montando el Belén, quiero recordar la ciudad de la que, casi seguro, proceden algunas piezas, sino todas, de vuestros Nacimientos: Murcia.

Y al recordarla, reconoceré el desorden de mis pecados y la enmienda de mis propósitos encaminándoos, por no encontrar las fotos que allí hice, a las páginas que atesoran las mejores imágenes de la ciudad.


         Situación de los monumentos                     Situación de los museos
No podréis evitar pasear por el Malecón, admirando la huerta y sintiendo controladas a vuestros pies las aguas del Segura, y sin embargo, si os ocurre como a mí, las estampas que se asentarán en los recovecos de vuestras memorias serán de piedra y madera trabajadas. No puedo olvidar la ecléctica fachada de la Catedral ni las tallas de Salzillo.

De la Catedral, que como tantas creció sobre una mezquita, me seduce especialmente, sin dejar de reconocer que el interior también es sorprendente, la Torre-campanario, no tanto por sus 92 metros de altura, ni por sus cinco cuerpos de distintas anchuras, como por los nombres de sus campanas (Águeda-martillo, Catalana, Segundilla, Fuensanta, Concepción...), es más, por el hecho de que las campanas tengan nombres y sean conocidas por ellos. En las proximidades se alza el Palacio Episcopal, y no es casualidad: se dice que el Obispo Mateo impulsó su construcción para disfrutar tranquilamente contemplando el Templo. Y no lejos, el almacén construido en el siglo XV para guardar los cereales recaudados como diezmos y que se conoce como Pósito del grano o Almudí. ¿Por qué Almudí? Porque esa es la medida de capacidad de áridos equivalente a seis cahices. ¿Por qué merece la pena acercarse hoy hasta él? Porque en su fachada luce un medallón en relieve en el que una matrona (Murcia) amamanta a un niño al lado del suyo, de la hospitalidad de las gentes de esta tierra no os diré nada más. ¿De los cahices? Que cada uno es equivalente a doce fanegas o, lo que es lo mismo, a unos 666 litros.

Esa ciudad callada, de la que tan poco se habla, parece que mucho labora, o laboraba, y que festeja tanto como festejaba; vivió una intensa actividad gremial como muestran aún, por ejemplo, sus calles de la Platería y la Trapería, y a esta última se abren las puertas del Casino, símbolo de la burguesía provinciana donde los haya, unas puertas que merecen ser franqueadas, ya que tras ellas se oculta una interesante pieza arquitectónica con elementos museísticos tanto escultóricos como pictóricos. Al hilo del provincianismo, que tan bien conozco, haré mención especial del Teatro Romea, un destacado del circuito nacional que homenajea con su nombre al ilustre actor murciano Julián Romea.

Un buen lugar para impregnarse de dos de las tradiciones más sentidas de Murcia, la elaboración de belenes y la procesión de la mañana del Viernes Santo, es el Museo Salzillo.
En él se conservan importantes obras del que es sin duda una de las figuras más importantes de la imaginería europea, Francisco Salzillo, resultando particularmente interesantes los pasos (con figuras de tamaño natural) de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús y el Belén (compuesto por 556 figuras de barro de unos 30 cm. de altura).

¿Otros monumentos? Sobre todo iglesias barrocas: la de la Merced, la de San Miguel, la de Santa Ana, la de Las Claras, la de Santo Domingo, la de Santa Eulalia, la de San Juan de Dios... ¿Otros museos? El Arqueológico, el de Bellas Artes, el de los Molinos harineros, el de la Ciencia y el agua, el de la Ciudad...

...mientras planeáis vuestro viaje a Murcia, yo voy a seguir rememorando el mío con la ayuda de una buena parrillada de verduras.





sgutierrez@divertinajes.com
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