5 de diciembre de 2003

Dulce Bagdad

Era nuestro último día en la ciudad así que tras ascender hasta lo más alto de la torre de Sadam para disfrutar de una visión panorámica de la vastísima ciudad, hacer algunas, pocas, compras, y comer, a la hora del té, en un restaurante popular, nos fuimos al teatro Al Ribat, donde nuestras compañeras de viaje pondrían el broche final a nuestra expedición.

Del emocionante concierto que allí vivímos, destacaré hoy la intervención de Dulce: de negro con un único toque de color, el de sus enormes pendientes verdes, saludó “Salam Irak, Salam Bagdad, Salam Alekum!”, Paz para Irak, paz para Bagdad, paz para todos. La respuesta fue un caluroso aplauso sobre el cual Dulce, en tono suave, con su marcado acento extremeño, recitó el poema que había acabado de escribir esa misma mañana: El cerco.

Mirarás hacia atrás
un dedo te señala
pero no podrás verlo
Mirarás
buscando a un hombre
el monstruo afila
sus garras
Extenderás las manos
a tientas buscarás
aire
y darás la vuelta
Lágrimas y palmeras contra el cielo
repiten tu nombre
Una y otra vez darás la vuelta
con las manos extendidas
aire
buscando a un hombre
Pero no podrás verlo
El monstruo se ha pintado en la cara
una bandera
El hombre se ha pintado en la cara
una bandera
Palpas
aire
creyendo en tu ceguera
vuelves a palpar
buscando a un hombre
pero no podrás verlo
Aire
Música
y todo instrumento repite:
Bagdad
Bagdad
Girarás
a derecha y a izquierda
a izquierda y a derecha girarás
flamean las banderas
la paz lleva en la cara colores de guerra
Ay de ti, Bagdad
ya son dos y tres y ciento
las garras afiliadas de mástiles
Girarás
buscando a un hombre
Pero no podrás verlo
no
Aire
y un lamento
Aire
Aire
y la luna tumbada
y un rumor de leyenda
y Sherezade
repiten:
Bagdad
Bagdad.






sgutierrez@divertinajes.com
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