3 de octubre de 2003

Basílica del Pilar

Aprovechando que aún guardo los apuntes que tomamos cuando trabajábamos en la guía a la que antes hacía referencia, os describiré la Basílica exhaustivamente (con referencias al plano entre paréntesis).

Nada más entrar, hay que mirar hacia arriba, la cúpula (1) que se encuentra sobre nuestra cabeza es la Regina Patriarcharum, pintada en 1781 por Ramón Bayeu. En la capilla situada a la derecha (2), de San Juan Bautista, destacan el retablo barroco (siglo XVIII), las pinturas murales de Raviella y el Cristo crucificado, obra del siglo XVII realizada por la escuela granadina. Las banderas que se encuentran a ambos lados del pasillo (3) representan a distintas repúblicas hispanoamericanas; no hay que olvidar que la Virgen del Pilar es la "Madre de la Hispanidad".

Los proyectiles que se exhiben (4) en los muros de la Basílica son dos bombas lanzadas contra el templo el 3 de agosto de 1936 y que no llegaron a hacer explosión.

Las pinturas de la bóveda (5) Regina Sanctorum Omnium, fueron relizadas por Francisco Bayeu, hermano de Ramón, entre 1772 y 1780. A la derecha, el Coreto de la Virgen (6), con sillería de José Ramírez y estatuillas en la balaustrada de Carlos Salas. Para poder contemplar el techo, pintado por Francisco de Goya en 1772, antes había que introducir una moneda de cien pesetas en el cajetín, que para tal fin, estaba instalado a la derecha, me imagino que lo habrán traducido a euros y tan contentos.

Girando sobre nosotros mismos nos encontraremos frente a la Santa Capilla o Capilla de la Virgen (7). Ésta es la zona de la Basílica más concurrida y emblemática, muchos son los zaragozanos que visitan a diario a su patrona. El templete que la realza, de mármol, jaspe y bronce dorado, es obra de Ventura Rodríguez (1765) y está calado en su parte alta para que el visitante pueda admirar la cúpula superior, cuya decoración al fresco, recientemente restaurada, es obra de Antonio González Velázquez. Mirando al frente, y de izquierda a derecha, se observan tres conjuntos bien diferenciados: el grupo escultórico realizado por José Ramírez en mármol de Carrara y que nos muestra a los Siete Convertidos y a Santiago (8); la representación de la Venida de la Virgen (9), obra del mismo escultor; y, el Camarín de la Virgen (10), que cobija la Sagrada Imagen, una talla de madera dorada de 38 centímetros que data de mediados del siglo XV, y el Santo Pilar, una columna de 1,80 metros de altura y 24 centímetros de diámetro forrada de plata. El fondo del Camarín es de mármol de Tynos y está tachonado con 77 estrellas de oro y pedrería.

Continuando por el pasillo, alcanzamos otra cúpula (11) magistralmente pintada por Ramón Bayeu en 1781, Regina Virginum. A la derecha, la Capilla de Santiago, también llamada del Santísimo Sacramento (12), en la que bajo baldaquino está colocada la imagen del apóstol Santiago y en cuyos cuatro ángulos aparecen representados los santos Valero (patrón de Zaragoza), Braulio, Lorenzo y Vicente; todas estas tallas son del siglo XIX y se las debemos a Palau.

La bóveda que nos cubrirá a continuación (13) exhibe la Regina Apostolorum realizada por Francisco Bayeu en 1781. A la derecha se abre la Sacristía de la Virgen (14), con pinturas de Joaquín Inza y tallas de madera policromada de José Ramírez. A la izquierda (15), la pequeña sacristía por la que pasan los niños para besar el manto de la Virgen.

De nuevo una cúpula que podemos iluminar, previa introducción de una moneda, antes de cien pesetas, en el cajetín colocado para tal fin (a la derecha) pasada la verja de la capilla; el “óbolo” permite admirar durante unos diez minutos la Regina Martyrum, representación de la Virgen María con los santos Mártires Aragoneses pintada al fresco por Francisco de Goya en 1781 (16). A la izquierda, por detrás del Camarín de la Virgen, queda al descubierto, para ser besado por los fieles, un trozo del Pilar rodeado por un cerquillo de oro (17). La bóveda que cubre ese espacio central (18) está decorada con una Regina Angelorum obra de Francisco Bayeu.

Siguiendo por el pasillo lateral, a la derecha está la entrada al Museo Pilarista (19), una sala en la que, además de pinturas y bocetos de los artistas que participaron en la decoración de la Basílica, se expone una espléndida selección de joyas y mantos de los siglos XVI-XX donados a la Virgen y numerosos objetos de gran valor, entre ellos un cáliz donado por San Juan de la Cruz.

Al fondo de este pasillo lateral, está ubicada la capilla de San Agustín (20), que hace las veces de iglesia parroquial del Pilar; el retablo, barroco, es de madera dorada y en el intercolumnio de la derecha se expone una imagen de San Judas Tadeo. A la derecha, el ascensor a la torre (21), desde donde se contempla una magnífica vista panorámica de la ciudad.

Volviendo sobre nuestros pasos y girando a la derecha nos situaremos frente al Coro Mayor (22). La reja es obra de Tomás de Celma (1579). La sillería, compuesta por 127 asientos de madera de roble de Flandes y estilo plateresco, reproduce escenas de la vida del Señor, de la Virgen y del Antiguo Testamento; tres fueron los artistas que participaron en su elaboración: el navarro-francés Esteban de Obra y, el zaragozano Nicolás Lobato y el florentino Juan Moreto. El órgano (tallado por Moreto, Ropic y Guillermo Lupe) ha sido ampliado y reformado en numerosas ocasiones desde la fecha de su factura original, en el siglo XVI. En la actualidad consta de cuatro teclados, un pedalero, 80 juegos de registros y 6.500 tubos, algunos de ellos originales. El facistol tiene planta hexagonal y se apoya sobre cabezas de leones. En la bóveda, Ramón Stolz Viciano pintó en 1952 su Alegoría de la Música.

Si pasamos a la otra nave lateral, al fondo, a la derecha, podremos admirar (23) el Ecce Homo, tabla de la escuela flamenca del siglo XVI atribuida a Rolan de Mois; en el ático, otra magnífica tabla flamenca representa la Visitación; y, a la izquierda, un óleo de la Sagrada Familia con la Santísima Virgen de la Esperanza, obra de Cortés de Vega (siglo XVII), a la que tenían gran devoción los mendigos y a la que Francisco de Goya se encomendaba cada mañana antes de subir al andamio para pintar.

Volviendo por ese pasillo hacia la puerta por la que hemos entrado, vereremos a la derecha la Capilla de San Braulio (24). En ella, a ambos lados del Obispo Braulio, se encuentran las imágenes de la Beata Pilar (mártir de 1936 en Guadalajara) y San Ignacio Delgado de Villafelice. A continuación, la Capilla de San Antonio (25), con una estatua del santo, obra de José Ramírez, flanqueada por Santa Rosa y San Guillermo.

Por fin, a la izquierda, el Altar Mayor (26). Su cúpula central, de altura imponente, 80 metros, está decorada con pinturas al fresco de Montañés, Abadías, Unceta, Pescador y Lana. Los púlpitos que se encuentran bajo esta cúpula son de madera de nogal y fueron realizados en 1871. Para poder contemplar el retablo en todo su esplendor, había que introducir quinientas pesetas en la urna correspondiente (a la derecha). Es dinero bien empleado, ya que el Retablo Mayor es una obra maestra realizada por alguien pródigo en piezas excepcionales: el maestro valenciano Damián Forment, quien labró también los magníficos retablos de la Iglesia de San Pablo, en Zaragoza; el de la Catedral de Huesca, que algunos consideran su mejor trabajo; el de la Colegiata de Gandía; y el de Santo Domingo de la Calzada, que dejó sin terminar. Forment trabajó en este retablo, policromado de mazonería gótica con esculturas y decoración renacentistas, entre 1509 y 1515; para su elaboración utilizó alabastro de las canteras de Escatrón (Zaragoza). En la predella aparecen siete composiciones y, en el cuerpo central, tres grandes escenas: la Purificación de la Virgen, la Asunción de la Virgen y la Natividad de Nuestra Señora. En la parte superior, se encuentra el óculo, habitual en los retablos aragoneses, tras el que se conservaba el Santísimo Sacramento. Bajo la mesa del altar hay un sepulcro con los restos de San Braulio, obispo de Zaragoza.

De nuevo en el pasillo lateral, llaman la atención las pinturas que decoran la pared de la Sacristía Mayor (27). Son representaciones del Milagro de Calanda, un hecho extraordinario que convulsionó a la España de finales del siglo XVII: mientras dormía en su casa de Calanda soñando hallarse en la capilla del Pilar entre las 10 y las 11 de la noche del 29 de marzo de 1640, Miguel Pellicer, de 23 años, recuperó súbitamente la pierna derecha que le habían amputado dos años y cinco meses antes, tiempo durante el cual había sido mendigo a las puertas del Pilar. Veinticinco testigos depusieron en el proceso incoado a instancias del Ayuntamiento de Zaragoza tras el cual el Arzobispo Apaolaza declaró milagrosa la curación en 1641. Tanta fue la trascendencia del hecho que Pellicer viajó a Madrid para ser recibido por Felipe IV ante la Corte y los Embajadores; el Papa Urbano IV fue informado de lo sucedido y la leyenda se difundió por el mundo en varias lenguas y se consideró un anticipo de la resurrección de la carne.

La pintura superior es mural, de Ramón Stolz, realizada como otras suyas en este templo el año 1952. La inferior, un óleo sobre lienzo realizado en 1654, pasa por ser la primera representación pictórica de dicho acontecimiento.

La cúpula que continúa el corredor fue pintada por Ramón Bayeu en 1781 (28), es la Regina Confessorum y cubre la entrada a la Capilla de San José (29), una de las reservadas en la Basílica para administrar el Sacramento de la Reconciliación. La siguiente bóveda está decorada con una pintura al fresco, Regina Prophetarum (30), realizada por Francisco Bayeu entre 1781 y 1782, y da paso a su vez a la Capilla de Santa Ana (31).




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