Aprovechando que aún guardo
los apuntes que tomamos cuando trabajábamos en la guía a la
que antes hacía referencia, os describiré la Basílica
exhaustivamente (con referencias al plano entre paréntesis).
Nada más entrar, hay que mirar hacia arriba, la cúpula (1)
que se encuentra sobre nuestra cabeza es la Regina Patriarcharum,
pintada en 1781 por Ramón Bayeu. En la capilla situada
a la derecha (2), de San Juan Bautista,
destacan el retablo barroco (siglo XVIII), las pinturas murales de Raviella
y el Cristo crucificado, obra del siglo XVII realizada
por la escuela granadina. Las banderas que se encuentran a ambos lados del
pasillo (3) representan a distintas repúblicas hispanoamericanas;
no hay que olvidar que la Virgen del Pilar es la "Madre
de la Hispanidad".
Los proyectiles que se exhiben (4) en los muros de la Basílica
son dos bombas lanzadas contra el templo el 3 de agosto de 1936 y que no
llegaron a hacer explosión.
Las pinturas de la bóveda (5) Regina Sanctorum
Omnium, fueron relizadas por Francisco Bayeu,
hermano de Ramón, entre 1772 y 1780. A la derecha,
el Coreto de la Virgen (6), con sillería
de José Ramírez y estatuillas en la balaustrada
de Carlos Salas. Para poder contemplar el techo, pintado
por Francisco de Goya en 1772, antes había que introducir
una moneda de cien pesetas en el cajetín, que para tal fin, estaba
instalado a la derecha, me imagino que lo habrán traducido a euros
y tan contentos.
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Girando sobre nosotros mismos nos encontraremos frente a la Santa
Capilla o Capilla de la Virgen (7).
Ésta es la zona de la Basílica más concurrida y emblemática,
muchos son los zaragozanos que visitan a diario a su patrona. El templete
que la realza, de mármol, jaspe y bronce dorado, es obra de Ventura
Rodríguez (1765) y está calado en su parte alta para
que el visitante pueda admirar la cúpula superior, cuya decoración
al fresco, recientemente restaurada, es obra de Antonio González
Velázquez. Mirando al frente, y de izquierda a derecha,
se observan tres conjuntos bien diferenciados: el grupo escultórico
realizado por José Ramírez en mármol
de Carrara y que nos muestra a los Siete Convertidos
y a Santiago (8); la representación
de la Venida de la Virgen (9), obra del
mismo escultor; y, el Camarín de la Virgen (10),
que cobija la Sagrada Imagen, una talla de madera dorada
de 38 centímetros que data de mediados del siglo XV, y el Santo
Pilar, una columna de 1,80 metros de altura y 24 centímetros
de diámetro forrada de plata. El fondo del Camarín
es de mármol de Tynos y está tachonado con
77 estrellas de oro y pedrería.
Continuando por el pasillo, alcanzamos otra cúpula (11)
magistralmente pintada por Ramón Bayeu en 1781, Regina Virginum.
A la derecha, la Capilla de Santiago, también llamada
del Santísimo Sacramento (12), en la que bajo baldaquino
está colocada la imagen del apóstol Santiago y en cuyos cuatro
ángulos aparecen representados los santos Valero (patrón de
Zaragoza), Braulio, Lorenzo y Vicente; todas estas tallas son del siglo
XIX y se las debemos a Palau.
La bóveda que nos cubrirá a continuación (13)
exhibe la Regina Apostolorum realizada por Francisco Bayeu
en 1781. A la derecha se abre la Sacristía de la Virgen
(14), con pinturas de Joaquín Inza y tallas de madera
policromada de José Ramírez. A la izquierda (15),
la pequeña sacristía por la que pasan los niños para
besar el manto de la Virgen.
De nuevo una cúpula que podemos iluminar, previa introducción
de una moneda, antes de cien pesetas, en el cajetín colocado para
tal fin (a la derecha) pasada la verja de la capilla; el “óbolo”
permite admirar durante unos diez minutos la Regina Martyrum, representación
de la Virgen María con los santos Mártires Aragoneses
pintada al fresco por Francisco de Goya en 1781 (16). A
la izquierda, por detrás del Camarín de la Virgen,
queda al descubierto, para ser besado por los fieles, un trozo del Pilar
rodeado por un cerquillo de oro (17). La bóveda
que cubre ese espacio central (18) está decorada
con una Regina Angelorum obra de Francisco Bayeu.
Siguiendo por el pasillo lateral, a la derecha está la entrada al
Museo Pilarista (19), una sala en la que,
además de pinturas y bocetos de los artistas que participaron en
la decoración de la Basílica, se expone una espléndida
selección de joyas y mantos de los siglos XVI-XX donados a la Virgen
y numerosos objetos de gran valor, entre ellos un cáliz donado por
San Juan de la Cruz.
Al fondo de este pasillo lateral, está ubicada la capilla de San
Agustín (20), que hace las veces de iglesia parroquial del
Pilar; el retablo, barroco, es de madera dorada y en el intercolumnio de
la derecha se expone una imagen de San Judas Tadeo. A la
derecha, el ascensor a la torre (21), desde donde se contempla
una magnífica vista panorámica de la ciudad.
Volviendo sobre nuestros pasos y girando a la derecha nos situaremos frente
al Coro Mayor (22). La reja es obra de Tomás
de Celma (1579). La sillería, compuesta por 127 asientos
de madera de roble de Flandes y estilo plateresco, reproduce
escenas de la vida del Señor, de la Virgen y del Antiguo
Testamento; tres fueron los artistas que participaron en su elaboración:
el navarro-francés Esteban de Obra y, el zaragozano
Nicolás Lobato y el florentino Juan Moreto.
El órgano (tallado por Moreto, Ropic y Guillermo
Lupe) ha sido ampliado y reformado en numerosas ocasiones desde
la fecha de su factura original, en el siglo XVI. En la actualidad consta
de cuatro teclados, un pedalero, 80 juegos de registros y 6.500 tubos, algunos
de ellos originales. El facistol tiene planta hexagonal y se apoya sobre
cabezas de leones. En la bóveda, Ramón Stolz Viciano
pintó en 1952 su Alegoría de la Música.
Si pasamos a la otra nave lateral, al fondo, a la derecha, podremos admirar
(23) el Ecce Homo, tabla de la escuela
flamenca del siglo XVI atribuida a Rolan de Mois; en el
ático, otra magnífica tabla flamenca representa la Visitación;
y, a la izquierda, un óleo de la Sagrada Familia
con la Santísima Virgen de la Esperanza, obra de
Cortés de Vega (siglo XVII), a la que tenían
gran devoción los mendigos y a la que Francisco de Goya se encomendaba
cada mañana antes de subir al andamio para pintar.
Volviendo por ese pasillo hacia la puerta por la que hemos entrado, vereremos
a la derecha la Capilla de San Braulio (24). En ella, a
ambos lados del Obispo Braulio, se encuentran las imágenes
de la Beata Pilar (mártir de 1936 en Guadalajara)
y San Ignacio Delgado de Villafelice. A continuación,
la Capilla de San Antonio (25), con una estatua del santo,
obra de José Ramírez, flanqueada por Santa
Rosa y San Guillermo.
Por fin, a la izquierda, el Altar Mayor (26). Su cúpula
central, de altura imponente, 80 metros, está decorada con pinturas
al fresco de Montañés, Abadías, Unceta, Pescador y
Lana. Los púlpitos que se encuentran bajo esta cúpula son
de madera de nogal y fueron realizados en 1871. Para poder contemplar el
retablo en todo su esplendor, había que introducir quinientas pesetas
en la urna correspondiente (a la derecha). Es dinero bien empleado, ya que
el Retablo Mayor es una obra maestra realizada por alguien
pródigo en piezas excepcionales: el maestro valenciano Damián
Forment, quien labró también los magníficos
retablos de la Iglesia de San Pablo, en Zaragoza; el de
la Catedral de Huesca, que algunos consideran su mejor
trabajo; el de la Colegiata de Gandía; y el de Santo
Domingo de la Calzada, que dejó sin terminar. Forment trabajó
en este retablo, policromado de mazonería gótica con esculturas
y decoración renacentistas, entre 1509 y 1515; para su elaboración
utilizó alabastro de las canteras de Escatrón
(Zaragoza). En la predella aparecen siete composiciones y, en el cuerpo
central, tres grandes escenas: la Purificación de la Virgen,
la Asunción de la Virgen y la Natividad
de Nuestra Señora. En la parte superior, se encuentra el
óculo, habitual en los retablos aragoneses, tras el que se conservaba
el Santísimo Sacramento. Bajo la mesa del altar hay un sepulcro con
los restos de San Braulio, obispo de Zaragoza.
De nuevo en el pasillo lateral, llaman la atención las pinturas que
decoran la pared de la Sacristía Mayor (27). Son
representaciones del Milagro de Calanda, un hecho extraordinario
que convulsionó a la España de finales del siglo XVII: mientras
dormía en su casa de Calanda soñando hallarse en la capilla
del Pilar entre las 10 y las 11 de la noche del 29 de marzo de 1640, Miguel
Pellicer, de 23 años, recuperó súbitamente
la pierna derecha que le habían amputado dos años y cinco
meses antes, tiempo durante el cual había sido mendigo a las puertas
del Pilar. Veinticinco testigos depusieron en el proceso incoado a instancias
del Ayuntamiento de Zaragoza tras el cual el Arzobispo Apaolaza
declaró milagrosa la curación en 1641. Tanta fue la trascendencia
del hecho que Pellicer viajó a Madrid para ser recibido por Felipe
IV ante la Corte y los Embajadores; el Papa Urbano IV
fue informado de lo sucedido y la leyenda se difundió por el mundo
en varias lenguas y se consideró un anticipo de la resurrección
de la carne.
La pintura superior es mural, de Ramón Stolz, realizada como otras
suyas en este templo el año 1952. La inferior, un óleo sobre
lienzo realizado en 1654, pasa por ser la primera representación
pictórica de dicho acontecimiento.
La cúpula que continúa el corredor fue pintada por Ramón
Bayeu en 1781 (28), es la Regina Confessorum
y cubre la entrada a la Capilla de San José (29),
una de las reservadas en la Basílica para administrar el Sacramento
de la Reconciliación. La siguiente bóveda está
decorada con una pintura al fresco, Regina Prophetarum (30),
realizada por Francisco Bayeu entre 1781 y 1782, y da paso a su vez a la
Capilla de Santa Ana (31).