25 de julio de 2003

Sobre el papel

Cuando a finales del verano de 1988 preparaba mi viaje a Rusia, recorrí todas las librerías de Oviedo y gran parte de las madrileñas buscando guías de viajes de la Unión Soviética; sólo encontré una: URSS, un librillo editado por Plaza & Janés Editores en 1988 que en sus 64 páginas tamaño X daba cuenta de medio centenar de localidades de las 14 repúblicas que formaban la Unión, y todo ello sin olvidarse de una breve introducción histórica y cultural, y algunos consejos prácticos. Me acompañó y guió de manera magistral por los miles de kilómetros que exploré durante los siete años que habité en aquellas tierras.

Fué mi primera y más querida guía turística, la que me enseñó lo útiles que pueden llegar a ser. Desde entonces, lo primero que hago cuando empiezo a soñar con un destino es comprarme la guía correspondiente.

Ahora lo complicado no suele ser encontrar guías sino escoger una (con los precios que llevan, dos a lo máximo), menos mal que ya empiezo a tener mis debilidades por unas u otras colecciones y suelo ir a tiro fijo.

Si lo que me espera es patearme una ciudad a fondo y toda prisa, nada como las Guías visuales de El País Aguilar. Con echar una ojeada al índice ya me hago una idea del tiempo mínimo que necesitaría para regresar a casa con la sensación de haber visto todo lo imprescindible. Los paseos recomendados suelen guiarte con una precisión asombrosa, indicándote incluso el sitio y momento más apropiados para tomarte un refrigerio o comprar regalos. Las informaciones de los monumentos y lugares de visita no son muy amplias pero sí preciosas con sus dibujos en tres dimensiones y llamadas de atención sobre los aspectos de máximo interés; en este punto, las guías Michelín o las publicaciones locales pueden ser un buen complemento. La información práctica es posiblemente el punto más débil de las Guías visuales, demasiado atractiva para lo poco fiable que puede llegar a ser; el complemento aquí es sin duda internet o las oficinas de turismo locales.

Si el objetivo es un país o una zona geográfica amplia, no lo dudo: para alojamientos y orientación en lo que a posibles desplazamientos en transporte público se refiere, la francesa guía del Routard, traducida en España por Salvat como Trotamundos, hay que tener la precaución de fijarse en la editorial, porque le han salido imitadores; para rutas en coche, las guías totales de Anaya; y en su defecto las Lonely Planet, demasiado anglosajonas para mi gusto y no siempre tan actualizadas como debieran. Cualquiera de las dos primeras, y en cierto modo la tercera, son una herramienta fiable para establecer recorridos. A este tipo de guías lo que les agradezco de corazón es que no me hagan ir a lugares comunes vendiéndomelos como si fueran el sumun de la creación.

Si el viaje es doméstico, y lo que necesito es un fin de semana glorioso a veces le echo un vistazo a una guía de hoteles con encanto, pero reconozco que ahí casi me fío más de las recomendaciones de amigos; si me siento cultureta y pretendo empaparme de un tipo de arte o ficción literaria, normalmente me dejo llevar por los indicadores de carretera de la zona pero otras sigo al pie de la letra alguna de esas guías documentales, aunque he de reconocer que mi mala experiencia con la edición de la guía del prerrománico asturiano (Ediciones Jaguar), de la que soy coautora, en la que hasta el título tiene errores, me ha hecho desconfiar de su consistencia. Cuando es la pasión gastronómica la que me arranca del sofa de mi casa, la guía Michelín nunca me ha defraudado.

Independientemente del destino y del tiempo del que dispongamos, internet es, como en casi todos los campos, la guía de guías en cuanto a volumen de información y actualidad de la misma, sólo tenemos que saber discernir y encontrar lo que necesitamos. A mí, para información general sobre los destinos, las que más confianza me ofrecen son las páginas oficiales de embajadas, ayuntamientos, oficinas de turismo y museos; también suelen ser de gran utilidad las páginas de líneas aéreas, autobuses y trenes; otra cosa son las de establecimientos privados ya sean hoteles, restaurantes u otros negocios de la zona que, como es normal, tienden a querer hacerte creer que no hay en el mundo otro pueblo tan maravilloso como el suyo.




sgutierrez@divertinajes.com
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