4 de julio de 2003

Primer destino: OVIEDO. Desde el Naranco

Si sóis amantes de las vistas y queréis haceros una idea de la ciudad antes de pasearla, podéis llegaros hasta el Santu, el Cristo con los brazos abiertos que se ve desde todas partes, o aprovechar la visita a los monumentos. Desde allí veréis todo Oviedo, y más.

El cuadrado verde del centro es el Campo San Francisco. Y aunque en los últimos años se han habilitado espacios verdes mucho más amplios y adecuados para el descanso (Parque de Purificación Tomás, Parque de Invierno, etc.), el de San Francisco sigue siendo el Parque de Oviedo. Ese donde los patos, las palomas y los pavos reales continúan haciendo las delicias de los niños; el mismo que, cada San Mateo y cada Martes de Campo, se convierte en una gran mesa de celebración sobre la que degustamos el bollu preñau y la botella de vino tradicionales.

La aguja tejida de piedra que se eleva a la izquierda, no hace falta que os diga que es la Catedral. Y la mole azul de la derecha, esa que sobresale como si fuera o fuese el ombligo de la ciudad, es el Nuevo Carlos Tartiere. El campo de fútbol que en buena hora estrenó el Real Oviedo hace tres temporadas (para los no futboleros: entonces estaba en primera, hoy en segunda B, y tal vez desaparezca). Sin comentarios. ¿Lo redondo del fondo? Sí, la Plaza de toros. El edificio azul y crema que tiene detrás, el Hospital; y a su derecha, las Facultades: la alta con el anexo circular es la mía, la de Medicina.




sgutierrez@divertinajes.com
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