27 de junio de 2003

Con lo justo

Viajar con lo justo, ¡qué más quisiera!

Siempre me faltan o me sobran mil cosas -por decir una cantidad- y siempre, ceremoniosamente, me prometo que el próximo equipaje será perfecto. Pero no debe ser tarea fácil, porque aunque lo intento con fruición, confieso que aún no lo he conseguido. Tengo un conocido que no entiende mi problema: “no sé –me dice con asombro-, yo llevo la visa y ya está, no necesito nada más”. Ni nada menos. Me da que su crédito es algo más amplio que el mío pero... ¿para qué explicarselo? me temo que tampoco lo entendería (sinceramente a mí también me sorprende. Es más, no me parece justo).

En fin, esto de carretear cosas sin necesidad o de gastar de más para solventar olvidos se va a acabar. Pensemos... Tampoco puede ser tan complicado, al fin y al cabo, hacer bien el equipaje será un arte, pero tiene su ciencia, y a ella nos vamos a agarrar.

Antes de empezar a sacar cosas de los armarios, hay que tener claro cuál es nuestro destino, en qué época del año nos pilla, cómo nos desplazaremos, dónde nos alojaremos, cuánto tiempo estaremos de viaje y con qué presupuesto contamos (ya sabéis, si es ilimitado... ¿para que romperse la cabeza? ¡ni la espalda!). Una vez sentadas estas bases, elaborar una lista con todos y cada uno de los elementos del equipaje será fundamental. Un par de puntualizaciones al respecto: tendremos que dedicarle varios días y hacerla exhaustiva; y, por supuesto, nada de esperar al último momento para comprobar que tenemos todo lo que queremos llevarnos.

¿Maleta, bolsa o mochila?
Una mochila pequeña viene bien siempre, es como la bicicleta que se lleva colgada en la autocaravana. En los desplazamientos, para llevar la documentación y los dineros (cuanto más pegados al cuerpo más felices viajan), la cámara de fotos, algún libro, pañuelos de papel, una libreta, un lápiz y las manías de cada uno; en destino, se sumarán una prenda de por si acaso, pequeñas compras, etc. Otro cantar es elegir el gran recipiente, aunque yo algunas cosas las tengo bastante claras: si voy a llevármelo por caminos no asfaltados, nada como una gran mochila; si me desplazo en coche de camping en camping, las bolsas de viaje pueden ser una buena solución; en el resto de los casos, sin dudarlo, una maleta vertical con ruedas.

Cada cosa en su sitio y un sitio para cada cosa

Siempre que la situación se me antoja inmensa e inabarcable la abordo por sus puntos más concretos y fáciles, es una estrategia como otra cualquiera: a mí suele darme buen resultado. Así, en lo que al equipaje se refiere, empezaré por lo más obvio: el neceser. Los que más me gustan son los compartimentados que al colgarse se despliegan. No hace falta que os cuente lo que pongo dentro, pero si os diré que incluso entre viajes lo tengo preparado y bien surtido.

Lo mismo hago con el botiquín, al que dependiendo del destino añado o quito algunas cosas.

La ropa interior también me gusta llevarla en un estuche, el mismo en el que a veces meto los calcetines y la ropa para dormir.

Y, por fin, lo más difícil de decidir: la ropa de calle y el calzado. Dependerá del destino, del tiempo, de las actividades que nos propongamos realizar...

Con la vestimenta me organizo en plan cebolla: el modelo de capas todavía no me ha fallado nunca. De la camiseta al anorak, me dejo abrigar por camisa, chaleco, jersey y/o forro polar y chubasquero; y de cintura para abajo pantalones desmontables, cuyo efecto térmico e impermeable refuerzo con leotardos y sobrepantalón de agua respectivamente. Todo ello de campo, todo ello lucible en un restaurante medianamente coqueto. Intento que sean de colores y estilos combinables entre sí, y de telas que no se arruguen demasiado y se sequen con rapidez, pero no siempre lo logro. Sólo en los viajes de negocios, en los cruceros o en aquellos que me espera una cena de compromiso, me permito transportar un modelo con mayúsculas. Ese, el modelito, a veces me obliga a sacar el portatrajes. Por lo demás, lleve lo que lleve, lo meto en bolsas de tela para conservar, en la medida de lo posible, el orden y la limpieza, objetivo especialmente duro en los viajes largos y movidos. Hay quien recomienda enrollar las prendas elaborando con ellas compactos cilindros, dicen que así ocupan menos espacio y no se arrugan. Será cuestión de probar.

Con el calzado, aunque me cuesta, procuro seguir la regla del mínimo común denominador: suele ser lo que más pesa y ocupa, así que no queda más remedio que ajustarse al menor número de pares posible. Que suelen ser un par de botas semirígidas de media caña o sandalias para caminar, unas chanclas para múltiples usos –entre ellos descansar- y un par para fardar. De todas maneras, no olvidemos que los zapatos y similares nos ofrecen espacios estupendos para colocar objetos delicados de pequeño tamaño, calcetines, fármacos, excedentes del neceser o incluso ropa interior. Y, por supuesto, pieza por pieza o a pares, siempre en fundas, mejor plastificadas que de tela.

De las espirales antimosquitos a las sábanas saco, pasando por el estuche de costura, la plancha, el despertador o la linterna, determinado lo básico podemos completar el equipaje con cuantos elementos más o menos necesarios nos apetezca. Pero hay que colocarlo todo correctamente: el calzado en la parte inferior (teniendo en cuenta la posición de transporte); los objetos frágiles (generalmente regalos, pero también secador de pelo por ejemplo) entre la ropa; los libros y revistas, las compresas y pañales, en los bolsos exteriores para reforzar la protección; el neceser, el estuche de ropa interior y el botiquín, en los laterales; el resto de cosas en todos los huecos posibles, siempre contribuyendo a compactar el equipaje.

Me encanta ver la maleta, la mochila o lo que sea que me vaya a llevar por el mundo, forrada de plástico a punto de ser colocada en la panza del avión, autocar o barco que nos transportará. Podéis pagar porque os la protejan (con plástico y seguro) pero tambien podéis forrarla en casa o en el hotel con film transparente, de ese que viene en rollos y se utiliza para proteger los alimentos.

¡Buen viaje!




sgutierrez@divertinajes.com
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