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8 de junio de 2007
Que se pongan las pilas Hay máximas inherentes al español medio, el mileurista con pantalla de plasma y DVD regrabador que no lee porque los libros están muy caros y cada vez sale menos porque las copas están muy caras. Al grano, hay máximas inherentes al español medio. De las mejores, que siempre gritamos a un extranjero cuando no entiende nuestro idioma. También está la que descubrí esta semana: todo puede haber pasado con el mando a distancia, todo menos que se hayan gastado las pilas.
En ese momento, como cuando le gritamos al extranjero, volvemos a pulsar un botón del mando. Del uno al dos, al tres, al rojo de encendido con el que siempre apagas. Nada. Entonces aprietas los números con todas tus fuerzas. El control remoto cruje. Ese control remoto del que presumías porque cambiaba de canal apuntando a la pared o con el cojín delante. Igual hay que ayudarlo. Hoy no paras de apuntar a la tele. Sorteas con la imaginación el florero de la mesa, elevas el brazo, buscas un ángulo mejor. Y nada. Ha llegado el momento de levantarse del sofá, pero no para pulsar los pocos botones que dejan los fabricantes bajo la pantalla, escondidos bajo una tapa de los demonios. No, nada de eso, que es lo evidente. Ponemos el mando justo delante de la tele para confirmar otra evidencia aún mayor: que el mando sin distancia tampoco va. Llega el momento de que el macho ejerza su poder, su instinto básico, y haga lo único que viene de serie con nosotros: golpear el mando, de menos a más, como le gritamos al extranjero. Ahí es posible que estemos consiguiendo lo que aún creemos que pasa, que el mando se ha estropeado. No, ni mucho menos. El mando, como cualquier pieza de electrodoméstico, tiene una vida útil. Cuando retiras la tapa compruebas que nunca fuiste a Carrefour y compraste unas pilas Philips, que ya debían venir con la tele, tele que tiene ocho años. Un aplauso para ese par de baterías, por favor, que han aguantado CASI UNA DÉCADA como unas campeonas. Me río yo de los audímetros.
Imagínense el mismo tiempo sin tele. Que hoy la encendiera por primera vez después de ocho años, como el polaco que despertó del coma hace una semana y media. Ni se despertaría con El Primer Café ni se acostaría con Crónicas Marcianas. Porque Fuentes sería Wyoming en CQC, qué cosas. Que ya no se dejaría los ojos viendo los viernes la porno codificada. Que hemos inventado GH, OT, etecé. Que no jugamos al euromillón, pero aún queremos ser millonarios con Sobera, que Ana Rosa ahora ya no lidera las tardes de Antena 3 o que la Campos ya ni está a tu lado. Uy, lo que ha dicho. ¿Cómo hemos cambiado? Si los programadores deciden cómo usamos el mando a distancia, creo que deberían ponerse las pilas.
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