10 de noviembre de 2007

El DNI-e y la madre que lo parió

El DNI electrónico o DNI-e para los amigos es ya una realidad en nuestro país. Y con él han llegado no las grandes ventajas y los enormes adelantos tecnológicos, sino la palpable demostración de que este es un país bastante raro.

Puede que hayan leído en la prensa que las comisarías se han convertido de la noche a la mañana en una especie de Jerusalenes o Mecas a las que los devotos acuden, llenos de fe y faltos de sueño, durante varios días con la esperanza de ser incluidos entre los mortales que podrán gozar de los beneficios del cielo de la Administración.

O sea, que las colas para su obtención son alucinantes.

Que yo sepa, a mi nadie me ha dado a elegir entre el chisme este del chip o el papelito plastificado que tenía antes. De hecho, no acabo de comprender por qué hay que renovarlo cada diez años. Pero es evidente que no somos los ciudadanos quienes decidimos estas cosas.

La cuestión es que la Seguridad Social se niega a hacer cualquier trámite si uno tiene el DNI caducado y en esa situación de ilegalidad me encontraba yo el lunes pasado. En realidad, estaba en esa situación desde hace un par de años, pero lo cierto es que nadie, ni notarios ni apoderados bancarios, ni cajeros de supermercado, tres de los grupos sociales que más DNI ven al cabo del día, nadie, digo, me había puesto ninguna pega.

Así que la SS manda y yo obedezco. Me acerco a una comisaría cercana con la intención de pedir los papeles necesarios para llevar a cabo el trámite y un policía uniformado me cuenta con aire cansado que el procedimiento consiste, en lo esencial, en conseguir un número y traer un par de fotografías. Cuando tenga ambas cosas podré hacerme el Documento Nacional de Identidad.

La pequeña trampa es que de esos números sólo dan en esa comisaría 35 por la mañana y 15 por la tarde.

- Y ¿a qué hora se dan esos números? – pregunto alegremente.

- A partir de las 8:30 por la mañana y a las 4:00 por la tarde, pero véngase antes por que cuando empieza el reparto ya hay gente esperando –me contesta el aburrido agente.

- Muchas gracias –digo, y me dirijo hacia mi coche aparcado en zona verde.

Un rato más tarde estoy frente a otro agente en otra comisaría que tengo para mi que es más ágil, pero la respuesta es similar, solo que en lugar de dar 35 números por la mañana se dan 50. El policía me dice, con un cierto cachondeo, que venga con mucho tiempo que las cola se forman mucho antes de abrir el turno de reparto.

Pues bien, al día siguiente, me levanto mucho antes de lo normal y me presento en la comisaría a eso de las 7:15 de la mañana, es decir, una hora y cuarto antes de que den los números. ¡Ay. Infeliz! El número de personas que se agrupa ante el establecimiento es muy superior al de los números que se van a repartir, de modo que sin apenas pararme, me voy a otra comisaría, donde constato que la afluencia también supera mis expectativas.

Un día perdido, ya que, además, me entero que para conseguir uno de los números vespertinos, es necesario ponerse a la cola a eso de las 11 de la mañana y uno no esta para perder el día de trabajo.

Al tercer día me levanto a las 4:30 de la madrugada y consigo llegar a la cola a las 5:30 (hay que decir que la comisaría más cercana a mi casa está a 34 kilómetros, lo que justifica esa hora). Cuando me acerco a la puerta de entrada veo que ya hay gente esperando. Me toca el número 15, más o menos, pero he de esperar, como todo hijo de vecino a que abran el chiringuito.

A oscuras, con frío, sin café y sin guantes, entablo conversación con algunos de los compañeros en la cola y entre todos hacemos cábalas sobre el tiempo que tardará en llenarse el cupo. Pronto lo sabemos, a las 6:30 ya se sabe que estamos todos los que seremos agraciados con el DNI electrónico. ¡Dos horas antes de que siquiera se abran las puertas!

Mi cola es bastante tranquila. La gente esta resignada y no tiene muchas ganas de despotricar, pero no falta quien dice, con toda razón que parece mentira que eso suceda en un país civilizado en el que las citas telefónicas son habituales en otros entornos. También nos damos cuenta, al poner en común nuestras experiencias, que sólo la administración pública (en especial la Seguridad Social y el INEM) exigen el DNI en vigor y que casi todos estaríamos durmiendo si no fuera por que tenemos que llevar a cabo trámites urgentes que exigen este documento actualizado.

Hay quien lleva ya cuatro visitas a la comisaría, pero por lo general todos pensamos más en el frío que hace y en que vamos a acabar la mañana con el flamante e-DNI, o DNI-e que no se cómo lo llaman, en nuestras manos.

Tras conseguir el numerito en cuestión después de tres horas moqueando, averiguo que me tocará el turno a eso de las 10 de la mañana, pero como no me fío demasiado, a las 9:15 entro en la comisaría y me dirijo a la sala de espera. Allí hay media docena de personas ya esperando, algunas de las cuales ya conozco por haber hablado con ellas en la vigilia nocturna.

En las dependencias habilitadas para la emisión de los carnets no ha sistema de aviso de turno, sino que es la gente la que se organiza.

- ¿Por qué número van? ¿Tú cuál tienes?

Así los ilusionados ciudadanos nos ponemos en orden y hacemos cábalas sobre el tiempo que aún nos queda. Van por el 4, pero delante de mí sólo están el 8, el 9 y el 11, de modo que es posible que salga antes de lo previsto. Milagrosamente, las previsiones se cumplen y me siento ante una versión amable de Mª Teresa Fernández de la Vega a eso de las 9:45.

Hablando con ella me entero de que sólo dos de las seis personas que atienden al público son funcionarios civiles, el resto son policías que han sido destinados a ese puesto por falta de personal. También me entero de los problemas que existen con el cambio o con las maquinitas. Todo porque durante unos 10 minutos no se puede hacer otra cosa que hablar con quien te atiende mientras esperas que se imprima la tarjeta y se graben los datos en le chip que lleva.

Ya amigo de la funcionaria que me atiende acabo por preguntar: ¿y para qué sirve esto del DNI electrónico? La verdad es que para nada, al menos ahora, me confiesa la mujer, aunque me ofrece un folleto publicitario del Ministerio del Interior en el que se glosan las ventajas del nuevo modelo de DNI.

Según el folleto, el DNI electrónico contiene la siguiente información:

- Certificados X509v3 de ciudadano (autenticación y firma) y claves privadas asociadas, que se generarán e insertarán durante el proceso de expedición del DNI electrónico:

- Certificado de autenticación. El Ciudadano podrá, a través de su Certificado de Autenticación, certificar su identidad frente a terceros, demostrando la posesión y el acceso a la clave privada asociada a dicho certificado y que acredita su identidad.

- Certificado de firma electrónica reconocida. Permitirá realizar y firmar acciones y asumir compromisos de forma electrónica, pudiéndose comprobar la integridad de los documentos firmados por el ciudadano haciendo uso de los instrumentos de firma incluidos en él.

O sea, nada que tenga mayor utilidad para mí.

Y encima es como una tarjeta de crédito, por lo que las posibilidades de que se rompa son muy altas, desde luego mucho más altas que cuento era un papel plastificado. Yo rompo unas cinco tarjetas al año sólo por llevarlas en la cartera, de modo que es prácticamente seguro que tendré que renovar el DNI electrónico antes de que expire su vigencia.

Sólo espero que para entonces las peregrinaciones sean ya cosa del pasado.


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