26 de noviembre de 2005

Toda una hazaña

Es sencillamente impresionante. Que unos científicos (japoneses en este caso, pero humanos al fin y al cabo) sean capaces de colocar una nave espacial automática sobre la superficie de un pequeño asteroide que ha pasado a unos 280 millones de kilómetros de la Tierra es una hazaña de dimensiones colosales.

Estamos acostumbrados, mal acostumbrados, a ver que las misiones espaciales se resuelven exitosamente, o mejor dicho, creemos que son sencillas, que basta con apuntar, lanzar un cohete y dejar que la naturaleza haga el resto. Lo hemos visto en multitud de películas y hemos llegado a pensar que el aterrizaje en la Luna, por poner un ejemplo, es algo sencillo que nuestros técnicos deben conseguir son problemas.

Pero si analizamos someramente los hechos, veremos que lo que ha conseguido la agencia espacial japonesa, la JAXA, es mucho más difícil que hallar la tradicional aguja en el pajar.

El objetivo de la sonda, el asteroide Itokawa, es una roca con forma de patata de menos de 600 metros de largo y 300 de ancho que se mueve a una velocidad de, digamos, unos 50.000 kilómetros por hora. Eso obliga a definir el punto de encuentro con una precisión difícilmente imaginable, ya que cualquier pequeño error haría que la sonda pasase de largo de su objetivo por muchos kilómetros.

La agencia espacial japonesa lanzó la sonda Hayabusa en mayo de 2003 y a lo largo del mes de octubre ha permanecido a una distancia de unos 20 kilómetros de su objetivo, recopilando datos por medio de un sistema que combina las lecturas de emisiones de rayos X e infrarrojos. Después, aterrizó en la superficie del asteroide para recoger muestras físicas.

La sonda inició su aproximación final a la superficie del Itokawa desde una altura de aproximadamente un kilómetro. Para recorrer esta distancia invirtió más de 9 horas. Comenzó a descender a las 9:00 pm (hora de Japón) del 19 de noviembre. A las 4:33 am del 20, se ordenó desde la Tierra la última aproximación de descenso vertical, logrando un aterrizaje suave a unos 30 cm. del lugar designado.

Al comenzar el descenso la velocidad era de 12 cm. por segundo. A una altura de 54 metros se ordenó el corte del cable del marcador del blanco y a una altura de 40 metros la nave redujo su velocidad hasta 3 cm. por segundo para separarse del marcador que caía. El marcador cayó al sudoeste de una zona que se ha bautizado como el Mar de las Musas.

A unos 25 metros de la superficie, la Hayabusa detuvo su motor de descenso, para luego dejarse caer en caída libre maniobrando los controles de posición para adaptarse a la topografía de la superficie del asteroide.

Toda esta complicada maniobra tenía como objetivo la permanencia de la sonda en la superficie unos 30 minutos, tiempo que se iba a aprovechar para recoger muestras, pero finalmente no fue posible, por lo que todo el proceso se repitió el día 25 de noviembre, esta vez con resultados satisfactorios, aunque no se tendrá la certeza absoluta de que la recogida transcurrió con éxito hasta que el aparato regreso a nuestro planeta.

Tras la recogida de muestras, la nave se aleja ya del asteroide emprendiendo el camino de regreso a casa. Se prevé su aterrizaje en el desierto australiano para el año 2007, concretamente en el mes de junio.

Esta es la segunda vez que un aparato terrestre se posa sobre la superficie de un cuerpo de estas características y la Hayabusa será la primera nave en regresar a nuestro planeta con fragmentos de un asteroide, si todo marcha correctamente y se cumplen las previsiones de los científicos japoneses.

El Itokawa fue descubierto en 1998 por científicos del Instituto de Tecnología de Massachusetts (Estados Unidos), y nombrado así en honor de Hideo Itokawa, un pionero de la investigación espacial japonesa.


tribera@divertinajes.com
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