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12 de junio de 2004
La ciencia del futuro
Pero resulta que la ciencia-ficción se ha revelado en muchísimas ocasiones como precursora del avance científico y técnico de la Humanidad. Es inevitable mencionar los libros de Julio Verne, Arthur Clarke, Isaac Asimov o H.G. Wells en los que se proponían dispositivos y tecnologías que si en el momento de publicarse parecían descabellados, hoy son realidades comunes. Llegar a la luna, aunque sólo 12 personas en toda la historia se hallan paseado por su superficie, es un logro a nuestro alcance. Vivir en un edificio de 50 plantas es posible –incluso mas que eso, es habitual-, disponemos de una red de satélites de comunicaciones que nos permite hablar en tiempo real con cualquier lugar del mundo, existen vehículos que se desplazan por sí mismos sin intervención humana,… Podríamos citar cientos de ejemplos de ingenios que fueron presentados por primera vez en una novela de ciencia-ficción y que hoy encontramos comunes (¡qué decir de los robots, bautizados por Karen Capek en 1920 en su obra Los robots universales?). ¿Y a qué viene todo esto?, se preguntará usted, querido lector. Pues sencillamente a que el futuro está aquí. O al menos está en las mentes de algunos visionarios que trabajan en el NIAC (NASA Institute for Advanced Concepts). Esta agencia, que cuenta con un presupuesto anual de unos 4 millones de dólares, se dedica al estudio de nuevas tecnologías que, aunque pudieran finalmente no resultar operativas, un día estarían entre nosotros aportando nuevos medios para aumentar los recursos de los científicos o, sencillamente, mejorar nuestro nivel de vida. Los investigadores del NIAC están libres de la presión de tiempo. Sus proyectos no darán frutos hasta dentro de algunas décadas e incluso pueden que nunca se lleven a la práctica. Eso no evita que trabajen con energía en ideas tan dispares como el control del clima, la creación de una línea espacial de defensa contra meteoritos o sondas interestelares propulsadas por antimateria. En el sistema de trabajo de este instituto, una idea puede estar madurándose durante cuarenta años y luego pasar a una fase de desarrollo que la convierta en algo práctico. Técnicamente, el NIAC no es parte de la agencia espacial norteamericana, sino que forma parte de la Universities Space Research Association (USRA), una serie de instituciones dedicadas al estudio de tecnologías y desarrollos más allá de lo que se conoce como estado del arte. A través de esta asociación, algunos organismos reciben subvenciones de agencias como la NASA. Este es el casi del NIAC. Gracias a estos apoyos financieros, en los centros de estudios avanzados es posible trabajar sobre soluciones para, por ejemplo, se puedan predecir los huracanes por procedimientos como el bombardeo de zonas concretas de un haz de microondas que provocaría el aumento de la temperatura en uno o dos grados, lo suficiente para modificar el comportamiento de los vientos y las tormentas, de modo que estas se diluyan sin causar problemas. Como hemos dicho, el NIAC no es el único centro dedicado a estos estudios en la frontera entre la ciencia y la fantasía. El listado de los organismos adscritos a la USRA es impresionante y los proyectos a los que se dedican son extremadamente interesantes, aunque en principio pudieran parecer absurdos. Pero esta ciencia fronteriza es, probablemente, el vivero de los desarrollos futuros y, por eso mismo, resulta muy entretenido echar un vistazo a aquello que se está estudiando. Si los escritores mencionados u otros visionarios, como el inefable Leonardo Da Vinci quisieran ampliar sus horizontes, no tendrían más que repasar la lista de los proyectos en curso. A buen seguro serían capaces de mostrarnos un mundo en el que lo que hoy es imaginación desbocada sería la base de una sociedad futura.
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