13 de marzo de 2004

Barbarie

Se hace muy difícil escribir sobre tecnología cuando todavía resuenan los ecos del feroz atentado cometido por ETA (o Al Qaeda, qué mas da) en la capital de España. Hablar de la propuesta de Microsoft sobre el correo electrónico de pago o de la postura del PSOE respecto al canon de la SGAE, presentar novedades en el mundo de la informática personal o comentar la oportunidad de instalar en Valencia el mayor ordenador de Europa cuando en Madrid han muerto casi dos centenares de personas por culpa del salvajismo escudado tras la falacia de una idea política se hace casi insoportable.

Titulaba el día 11 nuestro compañero Manuel G. Torre su columna sobre cocina Hora punta. Una casualidad más. ETA (o Al Qaeda, qué más da) decidió que la hora punta del acceso a Madrid de cientos de miles de trabajadores era el momento idóneo para asestar un mazazo en el corazón de todos los ciudadanos de bien de nuestro país.

La tecnología, esta vez, servía para acercarnos, gracias a la televisión, la radio e Internet hasta las cercanías de la estación de Atocha. La tecnología nos fallaba cuando más se la necesitaba (la red de telefonía móvil se vio superada por el incesante tráfico de llamadas), al tiempo que nos ofrecía vías alternativas (los SMS fueron el camino alternativo hacia la tranquilidad). La tecnología (a través de la televisión digital) nos permitió ver cómo en el informativo de ETB se daba la noticia de la masacre sin mencionar a la banda terrorista ETA hasta pasados 20 minutos.

Pero ninguna tecnología nos ofreció ninguna respuesta a la pregunta que los niños hacían a sus padres en todo el país: ¿por qué han matado a todas estas personas?

En esta sección hablamos todas las semanas de nuevos inventos, de progreso, de avances. Pero el 11-M (una clave que quedará para la historia como la del 11-S) descubrimos que el hombre, o al menos algunos representantes de esta especie, ha avanzado muy poco desde la época del Neandertal.

A media tarde del día 11, los telediarios abrían con las informaciones sobre lo que estaba sucediendo en el pabellón 6 de Ifema, el ferial de Madrid, reconvertido apresuradamente en un inmenso depósito de cadáveres. Me cuesta mucho trabajo imaginarme ese recinto, que tan bien conozco por haber disfrutado/sufrido de muchas ediciones de SIMO, la feria informática, como un gran tanatorio en el que las familia de los 182 asesinados se vieron enfrentadas al horror en su más cruda expresión.

Llegó luego la contundente respuesta del pueblo español expresada en una serena pero firme condena de los atentados (más allá de la repulsiva polémica política sobre la autoría) en forma de colosales manifestaciones en todo el país. Unas manifestaciones que me hicieron reconciliarme con la especie, concluyendo que algo sí se ha avanzado.

La tecnología, una vez más, estuvo presente, como lo está en todos los órdenes de nuestra vida. Mensajes SMS aportando ideas, correos electrónicos que se utilizan para comprobar que el grupo de amigos se encuentra físicamente bien, los diarios digitales y las versiones en la red de los tradicionales modificando sus portadas para facilitar la lectura, …

Todo lo sucedido en los últimos dos días me ha dejado anonadado, sobrecogido y me cuesta mucho escribir sobre tecnología. Por ello permítanme que lo deje aquí, expresando un deseo que hoy es un clamor en España: ¡basta ya!

tribera@divertinajes.com
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