|
Se hace muy difícil escribir sobre tecnología cuando todavía
resuenan los ecos del feroz atentado cometido por ETA (o
Al Qaeda, qué mas da) en la capital de España.
Hablar de la propuesta de Microsoft sobre el correo electrónico
de pago o de la postura del PSOE respecto al canon de
la SGAE, presentar novedades en el mundo de la informática
personal o comentar la oportunidad de instalar en Valencia el mayor ordenador
de Europa cuando en Madrid han muerto casi dos centenares de personas
por culpa del salvajismo escudado tras la falacia de una idea política
se hace casi insoportable.
Titulaba el día 11 nuestro compañero Manuel
G. Torre su columna sobre cocina Hora punta. Una
casualidad más. ETA (o Al Qaeda,
qué más da) decidió que la hora punta del acceso
a Madrid de cientos de miles de trabajadores era el momento idóneo
para asestar un mazazo en el corazón de todos los ciudadanos de
bien de nuestro país.
La tecnología, esta vez, servía para acercarnos, gracias
a la televisión, la radio e Internet hasta las cercanías
de la estación de Atocha. La tecnología nos fallaba cuando
más se la necesitaba (la red de telefonía móvil se
vio superada por el incesante tráfico de llamadas), al tiempo que
nos ofrecía vías alternativas (los SMS fueron el camino
alternativo hacia la tranquilidad). La tecnología (a través
de la televisión digital) nos permitió ver cómo en
el informativo de ETB se daba la noticia de la masacre
sin mencionar a la banda terrorista ETA hasta pasados
20 minutos.
Pero ninguna tecnología nos ofreció ninguna respuesta a
la pregunta que los niños hacían a sus padres en todo el
país: ¿por qué han matado a todas estas personas?
En esta sección hablamos todas las semanas de nuevos inventos,
de progreso, de avances. Pero el 11-M (una clave que quedará para
la historia como la del 11-S) descubrimos que el hombre, o al menos algunos
representantes de esta especie, ha avanzado muy poco desde la época
del Neandertal.
A media tarde del día 11, los telediarios abrían con las
informaciones sobre lo que estaba sucediendo en el pabellón 6 de
Ifema, el ferial de Madrid, reconvertido apresuradamente en un inmenso
depósito de cadáveres. Me cuesta mucho trabajo imaginarme
ese recinto, que tan bien conozco por haber disfrutado/sufrido de muchas
ediciones de SIMO, la feria informática, como
un gran tanatorio en el que las familia de los 182 asesinados se vieron
enfrentadas al horror en su más cruda expresión.
Llegó luego la contundente respuesta del pueblo español
expresada en una serena pero firme condena de los atentados (más
allá de la repulsiva polémica política sobre la autoría)
en forma de colosales manifestaciones en todo el país. Unas manifestaciones
que me hicieron reconciliarme con la especie, concluyendo que algo sí
se ha avanzado.
La tecnología, una vez más, estuvo presente, como lo está
en todos los órdenes de nuestra vida. Mensajes SMS aportando ideas,
correos electrónicos que se utilizan para comprobar que el grupo
de amigos se encuentra físicamente bien, los diarios digitales
y las versiones en la red de los tradicionales modificando sus portadas
para facilitar la lectura, …
Todo lo sucedido en los últimos dos días me ha dejado anonadado,
sobrecogido y me cuesta mucho escribir sobre tecnología. Por ello
permítanme que lo deje aquí, expresando un deseo que hoy
es un clamor en España: ¡basta ya!