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Leo en la Red, no sin una cierta sorpresa, que Microsoft
afirma que Windows
es más barato que Linux.
La sorpresa no viene por la afirmación en sí. Como en las
campañas políticas (y de esto nos vamos a hartar los próximos
dos meses), los contendientes en un mercado son libres de decir lo que
quieran para vender sus productos. ¿No hubo una campaña
publicitaria en la que se decía que es divertido conducir con un
mono con una ballesta en el asiento del copiloto?
Lo que me sorprende es el desparpajo con que Microsoft
realiza dicha afirmación. ¿Se acuerdan de su sistema operativo
MS-DOS? En el mercado había un producto mejor
y más barato llamado DR-DOS (luego Novell
DOS) que fue eliminado de la competición mediante una
serie de prácticas abusivas impedían a las empresas de hardware
suministrarlo con sus productos.
Llegó luego Windows, que también tenía
un competidor mejor, aunque quizá un poco más caro, el OS/2
de IBM
que se suponía que esta empresa desarrollaba conjuntamente con
los chicos de Bill
Gates. Murió de inanición por culpa del gran
genio del marketing, que no quería saber nada de él.
Una vez establecido su control sobre el sistema operativo que gestionaba
los PC de casi todo el mundo, le tocó el turno a las aplicaciones
(léase procesadores de texto, hojas de cálculo, bases de
datos, …). Al principio estas resultaron “baratas” para
los fabricantes. Si se comprometían a instalar DOS
y Windows en sus máquinas, los fabricantes de
ordenadores recibían gratuitamente un paquete de Word
y Excel para ofrecer a sus clientes. Luego, con el dominio
ya establecido la cosa cambió y lo gratis dejó de serlo.
Muchas empresas fueron absorbidas por la firma de Redmond o, sencillamente,
vieron como la colaboración con vistas a un acuerdo estratégico
se convirtió en el primer paso para ser despojadas de sus ideas
y tecnologías. Con ello, la competencia se limitó en gran
medida.
Vino más tarde el tema de Internet Explorer, que
se acabó incluyendo en el sistema operativo para dejar fuera del
mercado a empresas como Netscape
que pretendían hacerse con una parte de este ofreciendo a los usuarios
buenos productos.
En este momento, un porcentaje altísimo de los ordenadores personales
de todo el mundo trabaja con los productos de Microsoft,
pero William H. Gates III no está satisfecho.
Su compañía no ha alcanzado la cuota de mercado que él
desea, que no es otra que el 100 %.
Desde hace unos años, Gates tiene una espinita
clavada en el corazón (como Albert Hammond). Esta
espinita se llama Linux y es un sistema operativo libre
que se va desarrollando poco a poco combinando los esfuerzos de miles
de programadores de todo el mundo. Es decir, nadie tiene el control absoluto
de su evolución y se distribuye de forma gratuita. La idiosincrasia
de Gates, y por ende de su compañía, no
le permite dejar sin castigo la afrenta que supone para él la simple
existencia de Linux.
Para colmo de males, la idea de utilizar el software libre en administraciones,
empresas e instituciones educativas va cuajando poco a poco en todo el
mundo y su crecimiento hace que ya no sea un segmento marginal dentro
del mercado global. El impulso que empresas como IBM
están dando a estas soluciones aumenta la amenaza para la hegemonía
de Microsoft.
Por eso hay que desplegar las mejores armas de la compañía
para tratar de eliminar este nuevo reto. Y estas no son otras que las
acciones de marketing, un campo en el que Gates ha demostrado repetidas
veces ser el mejor del mundo. El primer paso ha sido afirmar que Linux
es más caro para las empresas que Windows.
La guerra continua y las batallas serán más cruentas cada
vez.
Dos cosas más relacionadas con el tema. La primera es la recomendación
de que lean el libro El informe Microsoft de Wendy Goldman
Rohm, publicado por Espasa;
aunque un poco confuso a veces resulta muy revelador sobre la forma de
trabajar de Gates. La segunda es que hagan una búsqueda
en Google
Imágenes sobre Bill Gates; los resultados
le divertirán.