|
20 de marzo de 2007
Gracias por los favores de la risa En el reciente viaje de George W. Bush por algunos países sudamericanos salió a relucir de nuevo un estudio según el cual el coeficiente del presidente estadounidense es menor, inclusive, que el de su padre, quien detentaba el récord en los últimos 70 años. La mencionada investigación, supuestamente realizada por el Instituto Lovenstein de Scranton, Pennsylvania, ha circulado de modo intermitente durante los últimos años. La mención que hizo de ella el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, en las manifestaciones de protesta por la gira de Bush por Brasil, Uruguay, Colombia, Guatemala y México, la llevó a las primeras planas de la prensa internacional incluidos la Agencia Efe y El País de España.
Falta de seriedad Casi a la par vinieron los desmentidos, la mayoría producto de anónimos defensores de Bush y de voceros oficiales: que el estudio es falso pues no se puede medir el IQ sino a través de pruebas directas, que se trata de una patraña urdida por el comunismo internacional y sus 2 adalides sudamericanos y en la que colaboran Al Quaeda, los palestinos, la mafia colombo-rusa, las redes de tratantes de negras, mulatas y mestizas, las Hermanitas Desencantadas de Ratzinguer y los aparceros izquierdistas de Idaho y Oregón. En resumen: que es inadmisible incurrir en esa falta de seriedad para intentar zaherir al hombre más poderoso del planeta (como lo denominan, con insistencia rayana en el indignidad, las declaraciones de los gobiernos amigos y la prensa que los sigue), cuando hay de por medio temas de tanta gravedad como la Paz Mundial, El Orden Económico Internacional, la Globalización Comercial, la Sostenibilidad Ambiental y la Estabilidad Democrática en Mayúsculas. Sagaces investigadores pudieron establecer que el mencionado Instituto no existe. Apenas un portal de Internet con un lema indiscutible: “Nuestras vidas comienzan a terminar el día que hacemos silenciosos sobre las cosas que importan” y secciones dedicadas a cosas tan importantes como satirizar las actuaciones de Bush. Gracias por algo tan especial
Son evidentes, naturalmente, las diferentes formas de interpretar lo ‘especial’ de Bush entre sus validos y sus contrarios: para los primeros (entre los que se cuentan varios colegas presidentes, primeros ministros, monarcas, jeques, caciques, directores, etc.) se trata de un Ser Providencial, Ungido por el Altísimo para Salvar el Mundo de la Hecatombe Mayúscula que Viene con el Fin de Los Tiempos. En cambio para otros Bush es sólo un idiota con poder, con poder suficiente como para ordenar la invasión de países enteros e intentar apoderarse del mundo (igual que algunos personajes de caricaturas, pero de verdad) y de orientarlo según su real gana y criterio. Ante la imposibilidad de realizar acciones políticas correctas en oposición a Bush (aparte de manifestar en las calles donde y cuando se puede), quienes optamos por el camino de la burla (ya que no cuesta, volvámoslo fiesta), debemos dar las gracias al Instituto Lovestein por su magistral investigación, que si se aparta de los cánones ortodoxos no importa (nunca la ciencia oficial producirá buen humor y, mucho menos, conocimientos relevantes). También debemos nuestras gracias a Fidel Castro (de quien se creía que, junto con la vitalidad, estaba perdiendo su capacidad histriónica), pero que ha demostrado tener la perspicacia de enviar la nota adecuada en el momento oportuno al individuo indicado para hacer lo necesario. Imagino al anciano socarrón disfrutando los resultados de su pilatuna. El simpático Hugo Chávez ya había dado muestras de su gusto por la picardía cuando en la sede de las Naciones Unidas se santiguó al denunciar el olor de azufre del Diablo que había estado en el mismo lugar el día anterior. Quedan para la historia esas anécdotas que permitirán contar en el futuro “hubo un presidente de los Estados Unidos tan bruto, no recuerdo el nombre, que…”
|