13 de febrero de 2007

Los móviles de la huelga y la utopía

Merecía respaldo total e incondicional la huelga de móviles contra el aumento de las tarifas acordado por las compañías operarias del servicio. Que en España cueste más un minuto de comunicación que en la mayoría de los países con un mercado similar es inconcebible.

También es muy grave que el alza -que comenzará a regir a partir del 1 de marzo- se dé como reacción a la ley que prohíbe el ‘redondeo’ según el cual toda fracción de minuto se cobraba como si fuese uno completo.

Por eso, para asegurar el éxito de esta justa causa, es preciso mantener el impulso hasta las últimas consecuencias. En otras palabras: hay que aguantar lo que sea menester y más allá.

  • Deshágase del instrumento. Sí, se trata de una decisión extrema. Los más radicales pueden optar por botar el móvil en una canea de basura o dejarlo en la barra del bar pero, indispensable, sin pilas y sin la tarjeta SIM, para no entregarle armas ni municiones al enemigo. Otros simplemente lo olvidan en algún bolsillo, no lo recargan o lo desconectan por tiempo indefinido.
  • Venza la nostalgia. Desenamórese del modelito, sentirá la falta de los ringtones con valses austriacos, del directorio telefónico y del mundo al alcance literal de su mano. Pero recuerde que toda lucha exige sacrificios sentimentales, y de los otros, en aras del bien supremo.
  • Cuidado con las alternativas. La utilización de Internet y los recados de voz y mensajes escritos están permitidos sin restricciones. Se recomienda mucha prudencia si piensa en comunicarse por teléfono fijo: puede suceder que lo que se trata de reducir por un lado, se aumente por otro. Fijos y móviles están tramados como un solo e invisible adversario.
  • Recuerde la causa. El respaldo enfático a la huelga no significa, ni mucho menos, una oposición irracional a la comunicación. Todo lo contrario: apoyar la huelga es apoyar las comunicaciones móviles accesibles, con tarifas bajas y buen servicio. Esta lucha se libra, precisamente, contra quienes quieren impedir que disfrutemos del progreso que representa el móvil.
  • Busque sustitutos. La lucha puede ser larga para que sea victoriosa. Por eso es necesario buscar sustitutos: un llavero de peso similar al móvil contribuye a aliviar la liviandad que se siente por no portar el teléfono. Mascar chicle o tabaco y eventualmente, fumar, sirven de paliativo a la falta de conversación.
  • En estas circunstancias es provechoso frecuentar sitios donde está prohibido el uso de móvil para reducir la ansiedad aunque resulta más alentador imaginar todo lo que puede hacer con el dinero ahorrado en llamadas: esto no sólo lo animará a persistir en el combate, sino multiplica las posibilidades de triunfo. Y triunfo, recuerde, significa tarifas más bajas y menos gasto para ocupar ese dinero en cosas más provechosas que llenar las arcas de las grandes compañías.

    No menos importante es la propaganda que hagan los compañeros entre sus allegados.

    Previa explicación de la injusticia de los precios actuales (para esto las comparaciones vienen como anillo al dedo. Use una que es clave: en España se paga el doble de lo que pagan los daneses, holandeses y noruegos por el minuto de llamada móvil. Y eso que allí son menos y hablan menos que acá), idee con cada uno las formas de eludir el uso de ese aparato sin perderse por días o semanas enteras.

    Si la otra persona no tiene Internet es posible que tampoco sea usuario habitual de telefonía móvil en cuyo caso quizás preferirá intercambiar esquelas, mandar recados con un tercero o palomas mensajeras.

    Es recomendable organizar citas colectivas de antemano. “Todos los jueves en el Café La Cumbre” funciona siempre que los contertulios no confirmen ni se disculpen –en caso de inasistencia- con una llamada. El que llegó, llegó y punto.

    La meta es lograr que disminuya sustancialmente el uso del móvil en España, por lo menos entre la fecha de la huelga y el 1 de marzo. Así es posible que ese día los ejecutivos de las compañías se pongan las manos en el corazón y decidan no aplicar las alzas.

    Con convicción y firmeza todo es posible, pero ¿es posible, inclusive, que los susodichos tengan corazón, lo sientan palpitar, sigan sus dictámenes y resuelvan dejar de percibir 780 millones de euros más que el año pasado por cuenta de las benditas alzas?

    La huelga se anima más, cuando es utópica.



    cgcuevas@divertinajes.com
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