8 de mayo de 2006

El baile de las mejores cosas

“Cuando las cosas mejoran, la fiesta se pone más buena”, según el aforismo irrevocable de los bohemios que –desde la Dársena Sur del Buenos Aires de fines del siglo 19, hasta Baton Rouge pasando por Bahía de Todos los Santos, las alamedas limeñas y hasta el mismo Malecón de La Habana-, caminan con meneo de yo-no-fui detrás de un destino que acaba por florecer en las muchachas levantiscas.

Lo que las lindas y sus galanes llaman “las cosas”, son los sucesos corrientes de la vida que nunca –ni aún en medio de las peores adversidades-, alcanzan a ser tragedia. Pero tampoco se da el caso de que las cosas sean perfectas: flotan entre la zozobra y la esperanza, entre la ebriedad y el desvelo, como una canoa de alas sepias y vibrantes.

Las cosas mejoran cuando alguien se aparece con una botella inesperada, una nueva canción o un tambor olvidado. Pero eso no significa que antes la fiesta estuviese mala. Ahora, simplemente, gana impulsos, renueva los bríos.

A lo largo del Foro Social Mundial que se reunió en Caracas entre el 24 y el 29 de enero de 2006 predominó una atmosfera de cosas en constante mejoramiento por el lado sudaca y, por consiguiente, de fiesta que cada día se pone más buena.

Las arrugas curtidas de viejos luchadores sociales se distendían frente a los escenarios de chicas cantando raps y rocks con letras revolucionarias, vestidas de lentejuelas sobre la boina del Ché.

En pocos minutos, los veteranos descruzaban los brazos de las chaquetas de verde olivo oxidado por el sol y las derrotas de cuarenta años para acompasar la estridencia de las minifaldas sobre botas de infantería.

Abuelas de mayo y todos los meses entonando canciones de amor como si en vez de un debate estuviesen en una serenata. Hackers y softwaristas libertarios y tecnócratas con gorros jamaiquinos ritmando con el teclado las notas de La Internacional aunque con especial énfasis aquello de que “…nosotros mismos haremos nuestra propia redención”. Click.

Hermosas princesas wuayuu del desierto guajiro, autoridades quechuas orgullas pero sencillos después de haber dado posesión a Evo. Delegados quechua y activistas de derechos humanos que siguen en silencio los pasos de Ollanta Humala. Morochos del Caribe con oscilaciones de beisbolistas al turno.

Todos llegan con algo para aportar al convite. Discursos, quejas, anhelos. Canciones y poemas. Sombreros y tejidos. Collares y camisas rojas. Más discursos. Algunos sindicalistas gritan como si el proletariado fuese la única clase con clase para ser vanguardia. Los desempleados asociados escuchan con envidia el argumento bien nutrido.

Maestros beneméritos reclaman la presencia de Simón Rodríguez, el formador de Bolívar. Dirigentes lesbianas exigen sus derechos de pelo corto e ideas ídem. Los ambientalistas ponen la nota verde al colorido panorama de una avenida guarnecida por las tanquetas del ejército venezolano que, según parece, ahora está más confortable de este lado: por lo menos es lo que se deduce de la frescura con que los soldados posan ante las cámaras de las matronas nórdicas, tan abundantes en todo evento alternativo.

Ellas sortean con elegancia oceánica las ventas tiradas sobre los andenes. Eluden las ofertas de café, joyas de hojalata, pañuelos, boinas rojas y arepas para sentarse orondas debajo de una palmera a saborear un emparedado que podría suponerse de salmón noruego y lechuga de la huerta casera: sano, económico y, lo más importante, seguro.

Las discusiones debajo de mil carpas dispersas en la amplia planicie caraqueña cierran, conforma llega la noche, con bostezos. Se necesita algo de comer y mucho de beber antes, después, con, sin, sobre, tras, según el baile.

Las latinas, mucho más que los latinos, de todos los colores desde el blanco azul celeste de argentinas y uruguayas hasta el negro también azul de las holandesas de Tobago y Trinidad y Belice y Bahamas pasando por las rubicundas estudiantes andinas, las cobrizas, mulatas, mestizas…todas unidas a un mandato inapelable cocean el piso afirmando que si es social el asunto debe de ser colectivo y si de foro se trata no hay como los debates corporales y para esto no hay nada mejor que el lenguaje mundial, universal, del baile.

Las cosas, todo lo indica, están mejorando. La ocasión es favorable, pues, para elevar los sones, quitarse los zapatos y airear las ideas tal como lo marcan joropos, sambas, vallenatos, mapalés, cuecas, tangos, cumbias, bosanovas, reggaes.

Desde lo alto del ventanal de su pent house, un empresario pide disculpas a sus convidados por no tener en cuenta el evento de abajo, que terminó coincidiendo con la reunión anual de accionistas de la Dulce Compañía. La cosa, así, se pone mala.



cgcuevas@divertinajes.com
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