20 de septiembre de 2005

No hay como el roce internacional

Desde hace más de ocho años lo advertí: lo que nos falta para competir con probabilidades de éxito, en un medio tan reñido como el actual es, nada más y nada menos, que conocimiento. Puro y simple conocimiento y como ese no viene embotellado hay que conseguirlo a como dé lugar.

Por eso, desde el mismo momento en que acepté la Presidencia ejecutiva me propuse formar un equipo de altura, integrado por ejecutivos jóvenes, ambiciosos y dispuestos a convertirse en la vanguardia de la nueva generación.

El primer acierto lo tuve cuando logré la incorporación de Ponchito: aún recuerdo, cómo no hacerlo, la primera vez que lo vi, tímido pero atento, escuchando las instrucciones con interés las instrucciones iniciales que le trasmití en nombre del Padrino, quien trasmitía por mi intermedio sus saludos a Ponchito, su recomendado, apenas egresado de la universidad y ya con un prestigio bien cimentado de secretario hábil y discreto.

El mismo trajo a sus antiguos condiscípulos: Cesarino, un economista grandote y mal encarado, leal como pocos, gran aficionado al golf (de hecho, Cesarino nos indujo a practicarlo como deporte del equipo); Genarito White, Gonzaga el abogado con aspecto de ejecutivo de Wall Street que ya suena para ministro, Elías Barvo el hábil auditor de cuentas.

En fin, una auténtica pléyade de ejecutivos que si bien no sabía nada al comienzo ahora, gracias a su ambición y ganas de aprender pero también a una diestra dirección, avanza en este mundo, tan complicado y lleno de peligros.

Pues, aunque en efecto, se me señala como maestro de esa pléyade, en lo personal, prefiero sentirme primo entre los pares pues, soy el primero en reconocerlo, tampoco yo tenía mucha experiencia cuando acometí la formidable tarea de re-orientar la Compañía y de señalarle nuevos y amplios rumbos en su trayectoria hacia el futuro.

Por eso, junto con los muchachos, nos dimos a la tarea de recorrer el mundo, de avizorar otros horizontes haciéndonos presentes en cuánta reunión congreso, seminario, cónclave de expertos, etc., se realice en el medio.

Así fuimos aprendiendo los detalles del negocio, a refinar el olfato y conocer quién es quién. Siempre lo he sostenido: el roce, no hay como el roce internacional para aprender estos temas que, como no vienen en botella, ni tampoco se encuentran en libros o textos, a lo mejor sí se obtienen mediante contactos de alto nivel, aprendiendo de los que sí saben y por eso están arriba. Como debe ser.

Por que, la verdad sea dicha, lo que uno gana con ese esfuerzo pedagógico son relaciones. Y de éstas que sólo se aprende en la práctica concreta. Una buena conversación con un jefe vale más que mil libros (en el supuesto de que los nuestros asuntos fuesen de llevar notas). Y no tanto por lo que él exponga (que, con frecuencia, es poco. Un buen jefe suele ser corto de palabras aunque largo de entendederas), sino por la imagen que se proyecta ante los demás que, igual que uno, ya quisieran ser vistos como confidentes del Supremo.

Estas ocasiones –casi siempre en el exterior pues el medio nacional es escaso en ofertas de calidad aceptable-, tienen otras ventajas adicionales: mujeres bellas, buenos hoteles, excelentes restaurantes, almacenes, contactos claves, tiempo para conversar, qué es lo que más se necesita para conseguir un buen aprendizaje.

Sé que de mí se dice que he logrado conformar un equipo envidiable. Yo sólo admito, con convicción absoluta, que lo mejor de la anunciada próxima alianza con Hispañita, son los valiosos conocimientos que nos aportará para poder competir con probabilidades de éxito, en un medio tan reñido como el actual. Lo vengo diciendo desde hace más de ocho años. Y a eso he dedicado mis mejores esfuerzos. Como se verá.



cgcuevas@divertinajes.com
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