13 de septiembre de 2005

Lo que regala Hispañita

Nada faltó. Hasta las niñas y niños de la escuela que patrocina la Fundación Hispañita Internacional (FIH), salieron a recibir a los presidentes y personalidades presentes en tan magno evento: la apertura de la filial Hispañita aquí, en esta tierra tan necesitada de inversión y respaldo de los países hermanos y, en particular, de la Madre Patria.

A los lados de la calle de honor guardada por soldados de la Guardia Metropolitana, los pequeños favorecidos por las donaciones, agitaban con entusiasmo banderas de papel y vivaban el paso de las autoridades nacionales y provinciales, de los ejecutivos y los representantes del Clero, las Fuerzas Militares, los Gremios y demás Fuerzas Vivas.

Frente al Despacho de la Secretaría de Asuntos Económicos y Exteriores los presidentes, de la República y de Hispañita Internacional, concedieron breves declaraciones a los periodistas. Luego pasaron al almuerzo de gala ofrecida con motivo de tan feliz acontecimiento.

No era para menos si se tiene en cuenta que desde hace ocho años, cuando se dieron los primeros contactos, hemos invertido enormes esfuerzos en lograr un acuerdo conveniente para ambas partes o, mejor dicho, para todas las partes incluida, en primer, lugar la Dulce Compañía cuyo Comité de Dirección se propuso lograr una alianza con la poderosa Hispañita.

Luego de una exhaustiva revisión de la normativa sobre inversión extranjera, de estudios minuciosos sobre el potencial del mercado y las posibilidades de inversión los ejecutivos de Hispañita decidieron que no había condiciones suficientes para abrir una sucursal aquí.

De inmediato, la Dulce Compañía ejecutó un complejo plan tendiente a modernizar la legislación conforme las recomendaciones surgidas en la primera fase.

Mientras tanto, se creó la Fundación que patrocina la escuela y otras obras sociales y se constituyó una pequeña compañía, Sudañita, encargada de administrar las inversiones en empresas colaterales y en relaciones públicas.

Cerca de cinco años a la sombra. Discretas aproximaciones a los funcionarios del nuevo gobierno y persistentes diligencias a cargo de la Dulce Compañía dieron, finalmente, resultados.

“Gratamente hemos conocido, dijo el Primer Mandatario en su Informe Anual de diciembre pasado, el interés de importantes firmas internacionales por establecer una filial aquí. La delicadeza me impide dar el nombre de los interesados. Pero tengo la convicción de que pronto tendremos excelentes noticias al respecto”, concluyó.

Los periodistas, acuciosos y agudos, anunciaron una puja entre Alemdorf, Grinc e Hispañita por hacerse a la concesión. Puja que, manejada con la sagacidad gubernamental, habría de elevar las ofertas más allá de los cálculos más optimistas.

Por razones que no son del dominio público los dos competidores de Hispañita nunca presentaron ofertas concretas. Hay quienes aseguran que su desconocimiento del terreno les impidió evaluar los riesgos propios de este tipo de operaciones y prefirieron no insistir.

Hispañita, en cambio, hábilmente asesorada por la Dulce Compañía y más capacitada para ver las oportunidades donde los otros sólo encontraron tropiezos, siguió adelante, forcejeó para conseguir las condiciones que requería y…aquí está ahora.

Mientras los altos dignatarios sonríen, chocan las copas de fino cristal y brindan por el éxito que se ve venir raudo en el horizonte, las tropas de la Guardia Metropolitana reiteran las vallas y despejan la plaza de curiosos reunidos a la hora del almuerzo.

Las maestras congregan a los niños y les piden que devuelvan las banderas de papel. Unos chicos se resisten a entregarlas y a coro cantan una trova recién inventada:

Hispañita, ñita, ñita,
lo que se regala, no se quita”

Sus voces no alcanzan al salón del fondo desde donde, luego de los postres, los presidentes se dirigen al despacho a suscribir al Acta de Compromiso que señala la apertura oficial de la sucursal de Hispañita cuyo manejo estará a cargo de Sudañita la que, a su vez, se fusiona con la Dulce Compañía.

Toda una operación de altos vuelos para asegurar que ahora sí avanzaremos por las sendas del progreso y el bienestar común que siempre han animado las relaciones recíprocas entre nuestros pueblos hermanados por la Historia, con mayúscula, tal como lo dictamina el pasado y el futuro que se proyecta luminoso y fértil.

Amén, dice el Cardenal después de un leve, casi imperceptible, eructo detrás del embajador plenipotenciario y de la ministra del ramo y otros asuntos.



cgcuevas@divertinajes.com
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