6 de julio de 2005

Don Quijote que vuelve del Sur (I)

Según la Tradición de Ricardo Palma Sobre el Quijote en América, a escasos meses de su publicación en España, la edición príncipe se coló en valijas y equipajes para empezar su recorrido por el Nuevo Mundo.

Referencias de los archivos de Indias señalan que, en efecto, el galeón Espíritu Santo, trajo en Abril de 1605, con destino a un tal Clemente Valdés, de México, 262 ejemplares del libro. Otros fueron enviados en la misma carga a Juan Zaragoza, de Cartagena de Indias.

Ante los aduaneros Juan Ruiz de Gallardo, viajero del galeón Nuestra Señora de los Remedios admitió haberse distraído a bordo con la lectura de un ejemplar del Quijote. Otro tanto declaró Alonso López de Arúe, sevillano de 25 años, ambos a mediados de 1605.

La llegada precoz del Quijote a este “refugio y amparo de los desheredados de España” (como calificó a las Indias el propio Cervantes), obró en favor de la acogida al punto de que en Pausa, pequeño pueblo minero de los Andes peruanos, se hizo una representación teatral en 1607.

Esas razones podrían permitirnos decir que el desembarco del Grupo de Teatro La Candelaria de Bogotá para adelantar una gira de presentaciones de El Quijote en varias ciudades de España, representa una vuelta al origen telúrica, de una hechura sudamericana que también cumple, o está por hacerlo, cuatro siglos.

La Candelaria abrió su segunda gira con El Quijote el pasado 24 de junio, en Alcalá de Henares. Entre el 8 y el 11 de julio hará funciones en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Luego estará en Almagro (15 y 16 de julio) y cierra el 19 en Aguijes, Islas Canarias, antes de regresar a su sede bogotana para seguir a Lima.

Una dramaturgia propia

En 1966 inició labores la Casa de la Cultura: un proyecto de intelectuales, actores, músicos, escritores, cineastas y pintores interesados en propugnar la modernización del arte y la cultura en Colombia.

Dos años después, de allí salieron unos cuantos a fundar, en una casa colonial del barrio La Candelaria, el grupo que continúa funcionando en la misma sede del corazón histórico de Bogotá.

Una dramaturgia sui generis, basada en la investigación y la experimentación permanentes, le ha merecido a La Candelaria amplio reconocimiento en más de 25 países visitados en 56 giras.

Su concepción de la creación colectiva, se constata en un método propio: sobre una idea definida por asamblea, todos los integrantes exploran matices y temas, proponen elementos y elaboran improvisaciones que se condensan en el montaje final.

En 1999 el colectivo resolvió acometer un montaje que arrojara luces a una sociedad confundida entre las postrimerías del siglo y las sombras de un futuro incierto.

Optaron por la figura endeble del Quijote para ilustrar la difícil situación del país que, a semejanza del Grupo, se debatía entre las carencias materiales y las ansías de realizar sueños mejores.

El texto de partida, redactado por Santiago García, no remeda, resume o parafrasea el texto cervantino. Es una guía evocadora de voces quedadas en nuestra memoria desde hace quién sabe cuánto.

En él, García (recitador de parajes de la Orestiada en griego, de la Divina Comedia en dialecto toscano, de versos muiscas, cantos quechuas y coplas infantiles), funde palabras del romancero viejo y resonancias del Siglo de Oro, con acentos de prosapia popular americana.

Por eso y así, este Quijote de La Candelaria significa, para el público de la España actual, un canto honesto, no ceñido por correas adustas, que fluye y palpita y une -por encima de las distancias físicas, económicas y políticas- a estos pueblos, pretendidos sucesores del Hidalgo Manchego.





cgcuevas@divertinajes.com
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