20 de junio de 2005

Que no te despidan

No todos los jefes son mentecatos, aunque parezcan. Pero, en este caso no es sólo una apariencia. El Presidente de la Dulce Compañía resultó ser un auténtico majadero, de aquellos que rayan en la genialidad.

Sus antecedentes y títulos académicos lo acreditan como un académico, político aficionado, tocador de timbales y siempre trepador, con cursos en reputadas universidades y un currículo minucioso que abarca, entre otros puestos los de ex-viceministro, ex-senador, ex-catedrático, políglota, ex-izquierdista, ex-candidato y candidote con una nociva credibilidad que lo hace parecer un distinguido ejecutivo de altos aires.

A quienes se preguntan cómo alguien de un talante tan prolijo y mediocre ha ocupado esos cargos habría que recordarles por qué los Bush están donde están… ¡Claro! El petróleo, dirán.


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Pero nuestro idiota no es heredero de grandes fortunas. Por el contrario, lo poco que recibió de su padre lo dilapidó, es un decir, en viajes de estudio, furtivos acoplamientos y otros menesteres con visos de inversión a futuro y sin mayores riesgos.

Ser mediocre no es una desgracia inevitable, como lo demuestran las carreras exitosas que llevan muchos. Nuestro Presidente sabe administrar admirablemente su insuficiencia, con un estilo entre homérico y fatigado que confunde auditorios, admira a detractores y complace áulicos.

El desconcierto alcanza a alterar a algunos cuando deciden verificar la consistencia entre lo que dice que ha sido, o fue, y lo que representa ahora el Presidente. (En la actualidad está empecinado en que su título, para poner la Dulce Compañía a la altura de las mejores empresas, debe ser CEO).

Otros, con algo más de agudeza, juegan a encontrar divergencias entre lo que dice aquí y luego enuncia allá. Juego que, al cabo de unos cuantos lances, se vuelve aburrido, en particular para los aficionados a la retórica.

Forman parte de la colección de perlas, algunas de las que se incluyen en la siguiente (parcial), doble columna:

El presidente dijo El presidente hizo

“La Compañía será un ejemplo”

“Me acompañarán los más capaces”

“Iluminaré los caminos del futuro”

“Las cifras hablarán”

“Transparencia y productividad”

Un emporio de sandeces y manejos turbios

Una corte idónea para servirle de coro

Un oscuro tejido de trámites acompleja sus decisiones

Los resultados gritan el fracaso inminente

Manejos turbios y decadencia

La reducción del número de incrédulos obedece, entre otras razones, a los despidos con que se inauguró el período. A las sutiles campañas de propaganda que propagan, con insistencia, el Secretario General y la Auditora y las agencias de publicidad favorecidas con contratos de amaño y los columnistas invitados estratégicamente a las cenas y convites a los que, con menoscabo del rubro de relaciones públicas, concurren con frecuencia y apetito.

—Esa habilidad demuestra que están equivocados quienes juzgan como un idiota al Presidente.

—No. Ratifica que el individuo es un necio de talla mayor.

—¿Por qué?

—Sencillo, compañero. En vez de gastar tantos esfuerzos en divulgar esa imagen de hombre efectivo, debería esforzarse por la subsistencia de la empresa.

—¡La Compañía es eterna!

—Era. Está al borde de la quiebra. Por eso, estimular a dar un paso al frente es llevarla al abismo.

—Y, ¿dónde queda el frente?

El presidente entiende, a medias, que mientras sostenga el discurso rimbombante en pro de la grandeza de la Compañía y lo amplifique su caterva de subordinados, estará cumpliendo la misión encomendada.

En su afán de renovación y eficiencia, encargó hace poco, el Presidente una medición de capacidades del siguiente tenor a los profesionales de distintas áreas:

1. ¿Cómo pone Ud. una jirafa en una nevera?
Respuesta correcta: Abre la nevera, pone la jirafa y cierra la puerta.

Si respondió acertadamente, está haciendo las cosas simples de una manera complicada.

2. ¿Cómo pone un elefante en una nevera?
Respuesta correcta: Abre la nevera, saca la jirafa, pone el elefante y cierra la nevera.

Así se comprueba su capacidad de evaluar dificultades.

3. El León convoca una Reunión de todos los animales. ¿Cuál faltó?
Respuesta correcta: el elefante. ¡Está en la nevera!

Así se evalúa la capacidad de razonamiento comprensivo.

Finalmente, el acierto en tres respuestas demuestra quién es un buen profesional. Menos de tres de cuatro indican que hay que esforzarse. Sólo dos sugiere que piense en trabajar en algo que no requiera mucha concentración.

Pero, si no acertó ninguna, está despedido pues representa una amenaza para el propio Presidente.



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