22 de mayo de 2005

La medida del éxito

Sencilla, sin alegorías, nos llegó la instrucción de la gerencia de cartera. De inmediato se pusieron las demandas civiles de cobro a los clientes morosos. El éxito fue rotundo: en medio año teníamos suficientes predios recuperados, como para montar una gran inmobiliaria.

Nada detuvo nuestro escuadrón de recaudadores. Ni disculpas, propuesta de más plazos, nada.

—Pero, ahora ¿Qué hacemos con todo esto? —preguntó el director de la sucursal.

—Esperar, jefe. La Central sabrá por qué tomó la medida y seguramente tienen algo en la cabeza. De pronto los sacan a remate y nos dan la oportunidad de adquirir algo. ¿No le parece?

—Sí. Ojalá. Pero no creo que nos vayan a dar condiciones especiales.

—¿Quién sabe?

—¿Será que ahora a los dueños les dio por meterse al negocio de finca raíz?

—Pues, si así es, debemos prepararnos. Por lo pronto hay que garantizar que ningún inmueble se deteriore.

Especulación en soledad

Efectivamente el doctor Marito, vicepresidente financiero, fue el inspirador de la severa decisión de reducir los índices de mora en la cartera de la Dulce Compañía mediante el cobro judicial de los atrasos. Bueno, tanto como “el inspirador” no. El ejecutor.

La idea le vino a la cabeza en una cena con banqueros e inversionistas, a propósito del juicio ligero de algún asistente que profetizó un rápido incremento de los precios del suelo en el futuro inmediato.

Al día siguiente el doctor Marito pidió un estudio detallado de los deudores y las garantías.

Las conclusiones le alumbraron una salida elemental: reducir el peso de la deuda aliviaba el balance contable al trasladarla a bienes inmuebles. Luego, con la anunciada bonanza los vendería a buen precio y amén. Sólo habría que dejar pasar el tiempo, especulaba en la soledad de su despacho.

Además no tendría que consultar la medida a la Junta Directiva. Tampoco al Presidente Ejecutivo (próximo a contraer matrimonio, sus ocupaciones eran de otro tenor. Bien dicho, si se recuerda la afición del Alto Ejecutivo por el canto. Pero indelicada expresión, según quienes conocen las aficiones ocultas de la prometida).

Para animar a la gente

Los detalles de la operación los efectuó, como suele decirse, al ojo. Nada de cálculos enredados, costes de oportunidad, análisis de mercado y demás perendengues.

Como de costumbre, su propia intuición le bastó, aunque sin descuidar la posibilidad de interponer la mano en dos o tres tratos, para obtener lo suyo y animar a su gente.

Tan fácil como dos X tres. Quizás el único inconveniente, la rapidez de los juicios de recuperación civil de las deudas, se lo resolvería la sobrina del licenciado Malagón con su reciente designación como Magistrada General de Tribunales.

Con que los dos primeros procesos fueran contundentes y sus resultados fueses conocidos por los demás morosos, todo andaría sobre ruedas. El miedo, bien lo sabía el doctor Marito, es un eficiente divulgador. Con el añadido de un pequeño señuelo (quien concilie la entrega de un inmueble, obtendrá una rebaja en los intereses), las ruedas girarían al ritmo que él quisiese.

Nadie sensato cierra los oídos

—No era mi obligación —se consolaba después el doctor Marito ante el comité de investigaciones de la contraloría interna—, predecir el errático comportamiento del mercado inmobiliario. En todo caso, en vez de números de papel tenemos tierra y edificaciones que, en algún momento, podemos vender para recuperar lo nuestro.

—Sin embargo perdimos una buena cantidad de clientes. Ninguno quiere volver a hacer negocios con nosotros. Están transando con la competencia y no quieren oír nada de la Dulce Compañía.

—Mi responsabilidad es manejar las finanzas de la empresa, reducir los costos, mantener las deudas a raya y conseguir rentabilidad anual. Los clientes son asunto de la vicepresidencia comercial. Que diseñen una estrategia de recuperación de clientes, ofertas, qué se yo. Nadie sensato cierra los oídos a una buena oferta.

Una auténtica parodia. El Auditor General fue subalterno, en otra compañía, ahora desmantelada, del actual vicepresidente financiero de la Dulce Compañía, el doctor Marito.

El informe final del comité de investigaciones concluyó que la medida de cobro fue, en realidad, un éxito. Superó las metas inicialmente propuestas. La culpa, si acaso hay alguna, es de los clientes por haberse retrasado en los pagos.

En todo caso, para prevenir futuros errores, se propuso crear la gerencia de inmuebles. Están buscando candidato para el cargo y el doctor Marito está pensando en sugerir un par de nombres.



cgcuevas@divertinajes.com
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