25 de abril de 2005

¡Papá, yo soy el jefe ahora!

Aunque la idea no te guste, el Consejo Directivo ya aprobó mi designación. Desde luego, tú sigues siendo Presidente Consejero. Pero el Presidente Ejecutivo ahora soy yo, papá.

Todas las prerrogativas como fundador de la Dulce Compañía se mantienen, puedes hacer y deshacer a tu antojo. Pero, para bien de todos, es mejor que lo hagas a través mío. Basta con que me digas qué y cómo lo quieres y así se hará, papá.

Pero no se te ocurra desautorizarme, dar órdenes directas (que igual van a cumplir con diligencia y prontitud), o contrariar públicamente mis decisiones pues eso sólo irá en desmedro de mi condición de jefe. Todo, de ahora en adelante, lo que tengas que decir acerca de la empresa, los empleados, las actividades o cualquier otro tema relacionado con el negocio, manifiéstalo en privado y únicamente a mí, papá.

Otros perfumes

Recuerda, sé que la memoria aún te favorece, que las cosas han cambiado desde aquellos lejanos años en que obtuviste las fórmulas de nuestros elixires y fabricaste las primeras máquinas para producirlos y te lanzaste por el mundo, con tu labia culebrera, a venderlos, papá.

Hace mucho tiempo que, por tu propia inventiva y decisión, la Compañía se abrió a nuevas líneas. Deshiciste las plantas de producción e imprimiste un nuevo rumbo a los negocios. Todos reconocemos que fue un magnífico acierto, oportuno y vital. Otros perfumes aromatizan ahora nuestros ingresos y de nada sirve añorar el origen, papá.

Sabemos que te molesta no tener la libertad de otros tiempos para recorrer a tu antojo los dominios, te incomodan los escoltas y las medidas de seguridad te incordian. Aún así, tienes que acatarlas pues, aunque ya no seas el jefe, sigues siendo El Patrón.

El título es exclusivamente tuyo y me niego a usarlo teniendo por elemental prudencia: “el palo no está para cucharas ni el cucharero pa’cerlas”. Estamos rodeados de gente que quiere jodernos y no hay caso en darles ocasión de que lo hagan.

Arreglos de antemano

“Despacio y buena letra”, decías cuando tenías que enfrentar una situación delicada. Ahora hay que ir rápido y sin escribir nada. Todo en susurros y a la velocidad del rayo, pues el que no se despabile pierde el año.

Claro que puedes seguir teniendo tus recepciones privadas cuando quieras, pero me avisas para hacer los arreglos, viejo pillo. No hay problema si se trata de otros asuntos. Siempre hay que hacer arreglos de antemano. Tú lo sabes.

Los compromisos adquiridos se seguirán cumpliendo estrictamente. Sí. Los temas de fiscalía e impuestos están cubiertos y Saúl Femberg? se mantiene en el cargo. No. No lo vamos a jubilar todavía. Desde luego, cuando él quiera podrá visitarte en casa.

Firme en la negativa

No es un retiro en toda la línea. Ni más faltaba. Ya verás cómo, de Presidente Consejero, tendrás mucha actividad. Más adelante, quizás, podré delegarte un par de sucursales. Pero, por ahora, relájate, descansa, viaja, la vieja también quiere tenerte a su lado. Aguántala. Ella siempre ha sido así y no va a cambiar de la noche a la mañana, papá.

Me parece muy bien lo del crucero por las Antillas. La próxima semana. De paso te caes por la fiduciaria en Las Bahamas. El consultor allí no me dio buena espina. ¿Quién quieres que te acompañe? Se lo diré ahora mismo. No hay problema.

Prefiero que mi hermano se mantenga en lo suyo. Ya está muy grande para cambiar de oficio. Mientras sus dividendos lleguen cumplidamente no creo que tenga porqué venir aquí a meter las narices. La niña también está arreglada excepto que siga encaprichada con aquel individuo. Es mejor que te mantengas firme en tu negativa. No vayas a fallarme: no le cedas, papá, que no le cedas.



cgcuevas@divertinajes.com
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