19 de noviembre de 2004

Palmera o caimán de modo impredecible

Desde que el mundo tropezó, por casualidad, con esta provincia repleta de ríos tormentosos y selvas y montañas que no terminan nunca, casi todo es -entre aquí y allá-, borroso.

Primero se nos confundió con Catay. Vaya pifia en la que cayó el genovés por querer emular, a pie juntillas, a Marco Polo. Luego, con la Atlántida, con las Antípodas, con la India, con cuanto reino ilusorio se le ocurriera al cronista de turno, debajo del candil, corrigiendo mapas o escribiendo -sobre el pergamino que cruzaría de vuelta el océano- la noticia, presuntamente verídica pero casi siempre inexacta, de su asombro

Quien zanja las disyuntivas

El Albur es la herramienta apropiada para desenmarañar los vientos y las siembras en este planeta de ardientes inviernos e infinitas primaveras lluviosas, a veces.

Cae, por estas condiciones, el fruto seco a la playa y, en vez de pudrirse, se convierte en palmera. Pero, si se hunde un par de pasos más allá, evoluciona hacia caimán de modo impredecible.

¿Quién puede así resolver qué es el qué y cómo el cómo? El Azar, en ocasiones asume el riesgo. Pero no siempre acierta. Incurre en falta inclusive cuando la Convicción lo acompaña a zanjar algunas disyuntivas.

Canecas de roble

De aquí para adelante todo está trastornado: el eco de los que mueren, por montones, de hambre, apaga el sonido de las frutas que crecen y, sin embargo, siguen los mestizos y los mulatos de todos los colores bailando al son de unos tambores y de gaitas criollas.

Los políticos, disfrazados de estadistas, ordenan el asesinato de sus contradictores con un pie en el avión que los lleva a las conferencias de derechos humanos y el otro en el burdel donde madrugó una fiesta familiar de despedida.

Los dueños de la tierra (descendientes de los viajeros que habían creído colonizar un Nuevo Mundo), raras veces visitan sus haciendas inundadas de vacas y fantasmas. Aquí las reses engordan con mucho más que miradas del amo, rozagantes y plenas.

El petróleo, que abunda en unas partes tanto como en Arabia, se embarrila en canecas de roble con perfiles de sándalo aunque en el mercado local vale menos que un ron seco de los cañaduzales o que un tequila destilado en un desierto sonoro.

Botánica incompleta

Al mirar hacia el norte desde la altura de Machu-Picchu, más allá del cañón serpenteante del Urubamba se alcanzan a divisar las hondas llanuras del Amazonas: un gran océano verde cruzado por serpientes doradas y jaguares insomnes.

Detrás de ese telón está el otro cuadro, el humano, el urbano de América entintado con sangre, plagado de contradicciones sembradas en la historia y que cuelga de nada.

¡Entre. Observe este portento! ¡Goce del espectáculo nunca antes visto! Un continente con su botánica algo incompleta pero aún caudalosa. El zoológico repleto de especies novedosas y un folclor que ni para que decirlo: variado, amplio, para el gusto de todos.

¡Disfrútelo! Pero no trate de comprenderlo. Como de nada sirve, no se esfuerce en establecer la causa de sus dichas, la raíz de sus pesares o el rumbo de sus aves





cgcuevas@divertinajes.com
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