12 de noviembre de 2004

Los caminos del éxito*


Las musas inquietantes
de Chirico
El naufragio de un batallón entero de musas corroboró la sospecha de que no basta la persistencia para llegar a la Tierra Firme del Éxito. Tampoco fue suficiente el talento en la proa, dado que el hundimiento ocurrió, precisamente, en un piélago de sudores.

Quien quiera regocijarse en las Playas del Triunfo necesita, pues, agregar otros ingredientes a la simple fórmula de “mitad inspiración y mitad transpiración”, que muchos siguen todavía.

Ante todo conviene, según la experta opinión de los expertos (quienes ya han alcanzado el fin), escudriñar de antemano el horizonte: no es lo mismo el Éxito en las llamadas bellas artes que en las liberales, en los negocios que en los juegos, en los campos sibilinos que en los francos, en los públicos que en los privados.

Algo habrá que dar, por su puesto

Siguiendo el orden lógico (no el paradójico, ni el antológico), para obtener la Ansiada Perfección se requiere, entre otros materiales, mecenazgo que puede conducir a lugares trillados, es cierto. Pero, siendo hermosa la meta ¿Tiene además que ser gratuita?

Como en todo, las opiniones se dividen entre quienes sostienen que para llegar a la irregularidad de la tortilla antes hay que desgajar la exactitud del huevo y los que opinan en contrario.

Así se justifican los boteros obesos detrás de los osarios con restos de poetas muertos de hambre. El albedrío, a veces, se viste de billetes.


Las musas ferroviarias
de Sagarduy
No todo lo que brilla es brillante

Si su propósito es acumular riqueza (en el sentido angosto, vale decir, en el bancario), no olvide que ahora acostumbran perder valor los cúmulos de lingotes en la caja fuerte si un guiño del ministro de hacienda los grava y, además, las cámaras los graban. Se necesitan suerte y luz.

Indague por paraísos fiscales, desiertos con palmeras. Órdenes rufianescas vestidas de etiqueta. Buen champagne y comitivas sin blindaje. De traje oscuro y de corbata blanca. Alta costura, alta cocina: por impuestos que no muerdan el erario.

No ceda ante lo obvio, pues no cuesta. El oro no es dorado si se aprende a seguir las lecciones de los armadores: armamento, oro negro, calcetines.

A campo abierto

La tierra cuesta más que el aire pero menos que el agua en su conjunto: mire usted, por ejemplo, esos campos de golf sin golondrinas, pero aténgase a las piscinas con calefacción bien confeccionadas.

El ingreso le exige un dineral, un huevo sin romper, un sueño sólido, una acción ascendente: su atributo de disparos con pelota blanca para caer al hoyo, 19, sin nostalgia.

Son forzosos tino, pulso, certeza para salvar los árboles rendidos, las rampas, las trampas de arena, no miradas que obstaculicen la precisión de nada.

Audacia que profetice su punto, sin embustes. Elegancia y gorra escocesa al centímetro cuadrado, conforme ordenan los cánones que mandan el retozo de los hierros, traviesos e indomables. Siga entrenando. Persista sin excluir el clima y pronto llegará a obtener el puntaje anhelado. Se supone.

Otros ingredientes

Los sacramentos de la victoria indican que hay que persistir en el enigma: dedicación y mañas para alcanzar su causa, noble.

¿Un trocito de estrellas? Mejor acaudalados que respalden su brío con cifras superiores a fuerzas de mercado. Una buena estrategia sirve menos que un padrino dispuesto a financiar letras de cambio.

Siga las enseñanzas de la historia. Medir las consecuencias no se refleja en balances positivos. Olvídese de las utopías decentes pero que son improductivas.

No haga caso de las advertencias de los libros. Robe. Asesine. Deje de lado las secuencias del pan y las del trigo. Mate el maíz, las arepas, los principios.

Reniegue del esfuerzo y de la sabiduría. Las musas se ahogaron en los mares del ensueño. No se atenga a otras consecuencias. No ambicione más elucubraciones.

Demuestran los ejemplos pertinaces que la obstinación de nada sirve. Lo corroboran los titulares de la prensa, los anuncios televisivos. En polvo se convierten sus anhelos, cuando no los financia con la filantropía de los descuentos por pronto pago.

Abandone esa moral frustrante. Amplifique, a la sombra, los designios del fracaso que flota en el jardín de los olvidos.

* A la princesa Juliana, que cumple 14 años y se burla, inteligente, del éxito difícil.



cgcuevas@divertinajes.com
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