17 de septiembre de 2004

Quien hace tantas cosas

No basta con abrir los ojos en la mañana. Eso se hace automáticamente. Aunque no se quiera. Si bien a veces nos vemos obligados a retirar con suavidad el abrazo, que intenta mantenernos cobijados, para afrontar tareas menos gratas.

Además hay que trabajar. Después de recoger la noticia matutina de nuestra pobreza, al lado de África, darle la cara al sol desde el auto nuevo. Cruzar los campos arrasados por la luna. Esquivar los volcanes. Bordear las lagunas sembradas de esmeraldas y anacondas para llegar temprano a la oficina.

Por acá las cotizaciones en bolsa suelen ir por lo bajo, pero el oro se levanta, cuando quiere y puede y lo permiten los dulces huracanes. Huele a café y dinero.
Empieza la jornada.

Revisión, otra vez, de las columnas. Medir su derechura calculando, como ordena el ministro, la ganancia privada que toda matemática del poder, oculta. Luego hay que revisar correspondencia: negar, por desafuero descalificador, toda solicitud que no provenga de un voto en favor del lema de gobierno: así es como funciona, no hay otra manera, la pobre democracia restringida.

Charlar con los amigos: intercambio de chistes y consejas. Rumores sobre precios. Jugarretas al fisco. Contrabando de dólares. Despachos y casinos. Reunión en el Congreso. Hora de almuerzo.

¡Cómo se pasa el tiempo! No da ya ni siquiera, para una buena siesta. Y pensar que esta noche hay agasajo diplomático en la Casa de Italia: prosciutto y buenos quesos. Graciosos vinos. Generosas damas de cara compañía. ¡Qué sacrificio!

En el balance del regreso quedan nueve citas políticas. Dos y media promesas de desfalco. Rasguñaduras a las normas que yo mismo he suscrito. Ni un pecado de recitar el domingo en la iglesia, la sinagoga, el sauna o el club de golf. Por el contrario. Para la exhibición. Con el orgullo de una inteligencia bien usada.

Merecido descanso en la familia. Los niños hace rato duermen sus sueños de Miami y Fórmula Uno. De Disc Jockey famoso y hembras a la lata. La nena aún no ha llegado. Salió con las amigas al centro comercial, por si algo se le ocurre.

Ver la televisión. Estar bien informado. Seguir al tanto de la evolución de los acontecimientos mundiales como dijo el embajador de Hungría ¿O era Polonia? En cualquier caso era de esos lados. ¿Venía de Budapest? ¿Dijo de Praga? No recuerdo. Poco importa.

La jornada de ella, igualmente fecunda, es detectable en los bostezos. La mirada de uva prendida a las cortinas. Repasar una uña y calcular colores a los nuevos vestidos. Coincide el juicio de la presentadora con el titular de la revista: cambio de temporada. Ella, también actualizada, deduce profundas, muy profundas, decisiones.

Así están poniéndose las cosas en Bagdad. Repunta el terrorismo. ¿Qué se hicieron los zapatistas en México? Pobres indios. Ábranse las fronteras del libre comercio. ¿Tú que opinas? Pues, que se quiebre Cuba. Sin remedio. ¿En qué anda Chávez? A mí ni me menciones a ese mestizo detestable.

Mira, qué interesante. Subieron mis acciones tres puntos y tres cuartos. El Congreso dio paso a un decreto con amplias exenciones a los inversionistas, por los riesgos. Hora de los deportes. Volvió a ganar mi equipo. El Abierto de Tenis cerró con no buen saldo para mi patrocinio. Sube el sueldo de Beckam. ¡Cuánto lo envidio! Paso a los comerciales. Las notas de farándula. Mejor voy a dormir. Que tengas dulces sueños.

Pero, antes de caer profundo, le acomete una mesnada de sombras: quién le tendió la sabana. Quién detrás de las cámaras, llevando quién las notas. Quién coloca las vallas, inventa los anuncios. Archiva documentos, redacta los decretos para que otros los firmen felices por los flash que no se quién dispara.

Y quién calcula costos en toscas oficinas. Quién tramita, aconseja, da pautas, analiza, corrige, verifica. Quién diseña, corta papel y telas. Mide, traza, troza, desnuda, quién guarda los alfileres en su boca. Pinta labios, recomienda, entrega zapatos, se pone de rodillas.

Quién imprime, diagrama, hace fotos, titula, subtitula, averigua, sirve copas, pasa rondas, se viste de pingüino para atender borrachos, abre puertas, prepara bocadillos, saluda, hace venias, incita, discreta acompañante, quién le abre las piernas.



cgcuevas@divertinajes.com
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