9 de julio de 2004

Todo bajo control

s Como en toda organización moderna que se respete, aquí tenemos un excelente programa de control interno. Digo excelente sin temor de caer en exageraciones y con absoluta objetividad dado que yo soy, Ingeniero Marcos Cuadrado para servirles, el director del citado programa.

Mi designación en cargo de tal alta responsabilidad no fue cuestión de casualidad. Mi vasta experiencia en las materias de la organización, no en vano llevo más de 15 años vinculado a esta empresa, mi intachable hoja de servicios y mi indeclinable compromiso con la corrección, la ética y el estricto cumplimiento fueron razones que pesaron, finalmente, en la decisión del Consejo de Dirección.

Ingeniero Cuadrado —recuerdo que me dijo el Presidente Ejecutivo (hoy retirado por decisión de la Asamblea de Accionistas)—, tiene Usted en sus manos, de ahora en adelante, el control.

—Agradezco su confianza y prometo no defraudarlo —respondí.

—Con que no defraude las finanzas de la compañía es más que suficiente —dijo con su acostumbrado humor la Gerente de Relaciones Laborales: primera demostración de mi ingreso a la alta esfera directiva.

Hace tres años. Como si hubiese sido ayer. Los informes presentados al Consejo de Dirección y ratificados en la Asamblea Anual de accionistas, dan cuenta minuciosa de mis logros, valga aclarar, conseguidos con la colaboración insobornable del equipo a mi mando.

Al respecto permítanme señalar un factor de transparencia meridiana: ninguno de los integrantes del equipo bajo mi dirección fue designado por mí. Bueno, designados sí. Pero nombrados previa recomendación del Consejo Directivo. Cada uno con su delegado, por así decirlo. Independencia de criterio asegurada, de entrada.

El acierto en la labor encomendada lo ratifica el hecho de que jamás hemos contado con el respaldo del sindicato de empleados y trabajadores. Por el contrario, son incontables los pronunciamientos en contra de nuestra actuación. ¿Qué más se podría esperar de individuos marcados por veleidades, digámoslo con franqueza, izquierdistas?

Porque, ¿de qué otra manera se puede calificar una posición, sesgada a mi juicio, permanente de reivindicaciones en la supuesta “defensa de los derechos de los trabajadores”?

Claramente lo dice el Reglamento, no yo, elaborado por nada menos que el Comité Empresarial de Reglamentación y Control. Para citar sólo algunos ejemplos: eméritos delegados del Consejo Reglamentario Provincial, reputados representantes de la Iglesia, los banqueros y la Judicatura; fueron consultados al momento de redactar el mencionado Reglamento. Yo soy apenas el encargado de garantizar su pleno acatamiento.

No he ahorrado esfuerzo en ello. Lo cual salta a la vista. ¿Cuántas sanciones se han emitido en este período contra la haraganería y la molicie? Repasen, por favor, los despidos efectuados con justa causa, las sanciones impuestas a indisciplinados remisos. Compárense con cifras de períodos anteriores y se verá cómo es posible frenar, con firmeza y orden, tendencias que amenazaban algo más que los tales “derechos de los trabajadores”: la existencia misma de la organización.

Frente a eso, de nada sirven las insidiosas afirmaciones de que la actual “crisis” de la empresa (que está por demostrarse: prudentemente yo prefiero hablar de dificultades transitorias en el flujo de caja provocada por factores macro-económicos y tendencias externas que afectan el sector y, por consiguiente, al país como todos sabemos), la actual situación obedecería a yerros en el Control Interno.

No señores: la fortaleza de los mecanismos de control, como quedó demostrado, no admite discusión. Lo que no debe soslayarse es que hemos actuado con sujeción a las normas. Sin sobrepasar los límites que la normatividad vigente impone.

¿Que los costos han crecido desmedidamente? Asunto por completo ajeno a nuestras funciones. Aún aceptando esa hipótesis, muchos de los gastos recientes eran indispensables: publicidad y relaciones públicas, por ejemplo, se requieren para consolidar la imagen corporativa. Viajes de los ejecutivos, ¿acaso no existe la necesidad de vincularnos a la corriente globalizadora?

Por lo demás, ¿quién ha dicho que los ejecutivos no merecen condiciones excepcionales de remuneración? Y ¿de dónde acá el Control Interno debe cuestionar esas sabias decisiones?

Como su nombre lo indica: “Interno”. Significa de adentro. Y las relaciones públicas, la publicidad, los viajes y demás aspectos no lo son.

Aún más: en períodos difíciles es cuando más se necesita mostrar buena cara. Como lo hago yo ahora.

Eso es lo que diré enseguida ante la comisión transitoria encargada de analizar mi conducta: frente en alto, convicción en los principios, reafirmación de los valores que juré defender. Nada tengo que ver con los desfalcos que ahora pretenden imputarme. Estoy tranquilo, todo bajo control, interno.



cgcuevas@divertinajes.com
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