4 de junio de 2004

Motivos del retiro de la “Patrona”

Los hijos de León brincaron con la noticia el pasado viernes en la noche. Todo porque el fantasma, que nunca vieron en persona se va, por fin, de sus pesadillas. La jefa de papá renunció. “Motivos personales, adujo, aquí ya no hay suficiente adrenalina para mí”. Lo cierto es que, antes de que avanzara una investigación sobre acoso laboral, decidió emprender la retirada.

“Que se vaya, aunque le vaya bien”, dijo Berenice, la deslenguada encargada del café quien padeció, junto a los otros y durante poco más de un año, las ínfulas de la Directora del Departamento. “Ojalá consiga marido”, replicó Azucena, la secretaria. Ambas, pícaras cercanas a los cincuenta, conocidas por la invectiva de sus puyas, coinciden en suponer que la rispidez de la “Patrona” se alienta en sábanas sin mácula y adelgaza, hasta acabarlo, todo vaho parecido al afecto.

Típica dominadora de los subalternos y marrullera servil frente a los superiores (es un decir: en su período sólo ella, pomposa, regentaba a los colegas incluidos el Auditor Corporativo y la Gerente Administrativa. En cuanto al Jefe Máximo… ¿Quién podría afirmar que había complicidad sin conatos?), hasta el último momento mantuvo su condición de aparente orgullo que es, en el fondo, soberbia necedad, sin más nada.

Porque, valga advertirlo, era (y parece que seguirá siéndolo por el resto de su vida mezquina), más bruta que una rodilla (de ella), la ante-dicha Directora de Departamento: huesuda y seca, directa al hígado de los contrincantes y expedita para hincarse, sin sonreír, frente a las estatuas de sal de su soledad, tan mal cuidada.

Casi sin una lágrima ajena parte, pues, la Directora: el único sollozo, de dudosa procedencia, se lo dedicó la sempiterna sucesora: Marcelita, perdón, la licenciada Marcela Cano y Zúñiga. Lloriqueo de ocasión y que te vaya bien amiga nos veremos en el camino tenemos que encontrarnos, quizás más pronto en la peluquería entre tintes y chismes acerca del desbarajuste que comenzó, justo, con tu salida…

Por que la suposición inicua del respeto a los derechos y a los horarios de los demás está corriendo, hija, rumbo al despeñadero de las equidades soliviantando espíritus desordenados y causas anarquistas asómbrate que la Berenice ahora demanda salir de analfabeta y para más tribulaciones la Azucena esa sostiene, bruja, que no es más empleada de confianza si no se le conceden horas extras y subsidio, horror, para el transporte cuando antes se quedaba corrigiendo los informes que tú, antes, preparabas hasta altas horas de las madrugadas ¿Recuerdas?.

Afable León que, apenas trasladaba su angustia perseguida a sus hijos, recibía dibujos de soles verdes y ríos carmelitas en el maletín del trabajo.
- ¿Qué es esto?, preguntó una vez, a su pequeña Laura?
- “Un paisaje, papito. Llévaselo a tu “Patrona”. ¿Qué tal le guste y deje de molestarte?”

Lectora de Saramago y Shopenhauer, Cristina, auxiliar penúltimo nivel con agudos apuntes a flor de diente siempre florecientes en medio de las persecuciones de la “Patrona” puede ahora pensar en su Miguel e inquirir sobre la condición de la vida, entre cucharas y alfileres que ilustran las camisas.

No es victoria lo que quieren cantar. Ni reivindicaciones. Simplemente se liberan de órdenes absurdas, de mandatos perversos que acogotan el tiempo en aras de trabajos que pretendían ¿Qué es lo que pretendía la “Patrona” desde su puesto de mando?

Quizás nunca se sepa. Después de su retiro, la Directora del Departamento de Comunicaciones parece haber quedado muda. No comunica nada. Sí. Hay que ver la estrategia. Fantasmas invisibles que los niños derrotan con lápices carcomidos.



cgcuevas@divertinajes.com
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