14 de mayo de 2004

Las alegres pandillas de la cultura

Las cifras dan cuenta de sus dimensiones y pretenden explicar el objetivo del Fórum Universal de las Culturas o Fórum 2004.

Durará 143 días. Se efectuará en una superficie de 252 kilómetros cuadrados y 127,52 metros lineales cubre la información hasta ahora publicada en el portal e impresa en hojas tamaño carta una detrás de otra: más que suficientes para cruzar la Rambla y llegar al Mercat de la Boquería desde el Museo Erótico de Barcelona, la ciudad sede.

El latinajo Fórum le da un toque clásico —al tiempo que cosmopolita— y quizá por eso lo prefirieron a la designación de feria o festival, más precisos pero con resonancias comerciales que desencantarían a los interesados en asistir a este nuevo acontecimiento multitudinario y de alcance internacional, como lo califica la proclama oficial.

Multitudinario sí. Además de superficial (con esas extensiones ¿para qué pedir profundidad? Es evidente la preocupación por lo superlativo, por la cantidad y la poca o ninguna atención que le ponen los organizadores a asuntos de algún calado). De alcance internacional, no se duda. Pero tal vez inocuo y falso.

El Fórum 2004 se convoca con la finalidad de “promover el estudio, la reflexión, la investigación de la innovación (sic) a través del diálogo entre todos los actores y todas las culturas que componen una cultura de la paz (sic otra vez)”.

Esa jerigonza, propia de antropólogo en ciernes o, peor aún, de organización filantrópica metida por fuerza del aburrimiento en la promoción de eventos culturales en alguna barriada pobre de cualquier ciudad del mundo, no dice nada nuevo, lo dice mal y con ningún fundamento conceptual.

Supongamos que lo que se quiere decir es que el Fórum 2004 tiene como propósito promover el estudio, la reflexión y la investigación de algo que vaya uno a saber qué cosa es.

Loable, desde todo punto de vista. Cualquier invitación al estudio, la reflexión o la investigación de cualquier tema, en un mundo gobernado por la estulticia y la brutalidad, debe ser recibida con beneplácito.

Más aún cuando en método se hace explícito de entrada: mediante el diálogo de todos (aunque faltó la perspectiva de género: “de todas y de todos, las actrices y los actores” hubiese sido más… como decirlo, ¿chic? ¡¡¡guauuu!!!).

La idea de humanismo en el trasfondo y, al lado, el mar inmóvil que mece un paisaje pletórico para que las diferencias se encuentren sin confrontarse y la armonía derrote a la dialéctica con elogios mutuos.

Sobre terrenos recuperados (talvez mediante esa proeza que se llama especulación inmobiliaria), emulando a l’Eixample que proyectó y construyó Cerdà a fines del siglo 19 en la misma capital y con la advertencia, implícita, de guardar la debida compostura no sea que se levanten voces disonantes, en la fiesta tendrán cabida expresiones artístico-musicales, artesanales y gastronómicas de quienes quieran (y puedan) asistir.

Compositores e intérpretes de todas las escuelas. Teatro, desde luego, sobre todo el de tendencia circense y callejera que tanto se presta para la animación pública. Muestra de proyectos ecológicos, velas e incienso, tejidos hindúes, krisnas (esos sí que son expertos en asuntos culturales de paz), un par de lamas tibetanos (resueltas antes sus disputas teosóficas), clubes de blondage y prácticas SM suaves (no a la violencia física), madres y abuelas de Mayo con sus pañoletas blancas y franjas azules cual teresas de Calcuta trasladadas por la muerte y la ignominia a Buenos Aires, comerciantes otavalos del Ecuador (vestidos de indios venden mejor, pero de blanco van al banco), conjuntos de música andina armados a la charanga por estudiantes en París (o en la misma Barcelona, para no ir más lejos), árabes ofrecen golosinas de leche y miel y nueces para tratar de limpiar la mala fama y sudacas dignos merecedores del título.

Toda la fauna de Lovely Parade, el Carnaval de Río y el de Barranquilla junta y sumada a violinistas eslavos, gruesas propietarias de galerías de arte en Arizona y Ontario, sacerdotes de las 547 iglesias reconocidas, funcionarios de Naciones Unidas en mangas de camisa con sus novias pálidas y pecosas de Islandia, alegres pandillas del tercer, el cuarto y el quinto sexo en un solo clamor de hermandad refrescando el coleto con Coca Cola, Nestlé (oferta en la Vía Láctea) o Damm patrocinadores oficiales cuya ubicación determinará la asesoría piadosa de Indra.

Un campeonato mundial de fútbol pero sin futbolistas y con hooligans del arte, la ecología y sus banderas inocuas haciendo turismo de nuevo tipo:

—¿De dónde vienes?
—Del Fórum Universal de la Cultura, en Barcelona.
—Ah ¿y qué tal?
—Fue divertido… aunque los precios.

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